Escribología

Le tengo miedo

Nunca le había tenido tanto miedo a la muerte como hoy.

Siempre he pensado que es parte del ciclo de la vida, ese que te dice que el ser humano nace, crece, se reproduce y muere, el que está normalizado como “se muere en la vejez”.

Pero he comenzado a morir desde la juventud, ya nada me emociona, ya nada me llena, siento que algo me falta y todo me sobra.

Es una carga que muchos le llaman “estar loco” o “ahogarse en un vaso de agua” pero nadie se imagina esa guerra interna con la que luchas todos los días, con la que peleas en las noches para borrar esos pensamientos de quererte morir y duele, duele que por todo el amor del mundo uno no piense en lo afortunado que es tener a personas tan increíbles a tu lado.

Hoy estaba reflexionando sobre qué sería la muerte, pues ha sido para mí un pensamiento frecuente en las madrugadas que no logro dormir, pero cuando enfrié mi mente y me puse a meditar si quería morir de verdad, wow, me impresioné de lo mucho que me da miedo morir.

Y sé que después de eso, tu cuerpo queda inerte, tus órganos desfallecen, poco a poco te desintegras y todos se olvidan de ti o lo que fuiste en vida, pero no quisiera morir y ver como la vida se me apaga y que postrad@ en una cama me reclame por todas aquellas que dejé de vivir y de sonreír, porque tenía mucho trabajo, porque mi casa me ahogaba, porque mi miedo era más grande que mi valentía.

Qué forma más terrible de morir, saber que ya nada puedes hacer y que solo queda esperar ese momento en que un último suspiro salga de tu alma y el corazón se detenga.

No quiero morir con dolor, no quiero morir por violencia, pero estoy muriendo cada día por depresión, ansiedad, ausencia, trabajo, desdicha y la falta de tiempo que se me está yendo de las manos.

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Donde empiezo yo

Como te explico que sobrepasaste mi límite.

Como te explico que me perdí en ti.

Como te explico que deje de vivir mi vida para cubrir los errores de la tuya.

Como te explico que explote y no me pude contener más, porque perdimos la noción de los límites de la otra y en ese punto el ser humano es capaz de cualquier cosa.

No se donde empiezo yo e inicias tu.

No se como nos convertimos en el dolor de la otra.

No se si nos recuperaremos, no se si esta separación nos conducirá por lugares muy oscuros, no se si nuestro para siempre llego a su fin, pero si se que aquí empiezo yo.

Porque no he sabido vivir sin ti pero hoy lo descubriré

Porque no he descubierto que es la soledad pero hoy la viviré

Porque me ha tocado decidir entre tu y yo, y me he elegido.

Aquí empiezo yo.

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Nadie ve

Nadie ve todo lo roto de un corazón.

Nadie ve todo el dolor de un alma.

Nadie ve la realidad humana.

Quizá por que la liviandad grita en cada horizonte, buscando callar todos los destellos de profundidad que puedan surgir en el corazón humano.

La profundidad se encuentra en la cotidianidad.

en las conversaciones sin apariencias

en la vulnerabilidad de los sentimientos.

Nadie ve lo doloroso que es vivir en la superficialidad.

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Búsqueda implacable

Todo ser humano se encuentra en la búsqueda implacable de la libertad.

Parece que todo intento de felicidad se traduce en la libertad completa del ser.

En este punto es importante plantearse que se estima como libertad. Por que existen dos tipos de personas ante la libertad:

la primera goza de todos los beneficios de los bienes materiales, a quienes les atribuye su felicidad, y percibe cierta libertad para decidir sobre ellos como mejor le parezca. Sin embargo, no puede atribuirle esa misma libertad a sus pensamientos, porque estos las persiguen a tal punto de convertir a su espíritu en cautivo. Entonces, si la libertad depende de un bien material, no es libertad es dependencia. Porque la libertad es un atributo del alma que no puede ser medido por el exterior.

la segunda puede estar encadenada en el calabozo y tener el ánimo libre e inquebrantable. Porque su libertad no depende del constante cambio del exterior sino de la simple reflexión que el espíritu lleva a cabo para replantear la temporalidad de los sucesos que condenan al cuerpo a la cautividad.

Vale la pena idear la cuestión real de esta búsqueda ¿Que tipo de libertad esta en mi búsqueda ?

La libertad atada al cambio del exterior o

La libertad del ánimo capaz atribuir paz y tranquilidad aunque el cuerpo este amedrentado.

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Volver a empezar

Que miedo supone volver a empezar
Volver a abrir las puertas
Que con tanto afán dejaste cerradas

Quitar el polvo
Y quizá también las telarañas
El tedio, la desconfianza

Ver si hay algo útil
Que aún pueda rescatarse
O si siempre sí tendrás que botar todo
Y volver a empezar de nuevo

Cambia las cortinas
(No todo puede ser tan malo)

Abrir las ventanas
(Que el aire fresco recorra todas las estancias)

Barrer los pisos
(Desempolvar el alma)

Respira

Vuelve a empezar
Deja todo
Vuela de nuevo

Renueva las ganas

Vuelve a empezar

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Bailando

Era una de tantas noches en que el sueño no llegaba
Los relámpagos anunciaban una tempestad
Una tormenta se avecinaba
Podía sentirla, casi podía abrazarla
Una noche de esas, una noche más

Abrí una botella de vino
Me puse mi sudadera favorita
Puse música a todo volumen
Y abrazada a tu recuerdo
Me encontré bailando con la soledad

Dimos unas cuantas vueltas
Me susurró palabras al oído
Sus brazos se aferraban a mí
Y yo no quería soltarla
Bailamos al compás de una balada
Lenta, romántica

Me recosté en su hombro
Me dispuse a llorar
Nadie daba tanta paz
Nada reconfortaba tanto
Como bailar, en esas noches oscuras
Con mi soledad…

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Para nosotros solo es un número más

Desde hace unos meses Ares y yo hemos comprometido más nuestra complicidad, y ahora evolucionamos a un nivel más profundo de nuestro vínculo, en donde nos topamos con que nuestras edades son solo un número más que desaparece cuando las pieles se fusionan y somos uno solo.

Con él he pasado a olvidar una gran parte de la noción del tiempo, pero también he aprendido a sanar cada una de esas heridas.

Él besa mis labios, mi rostro, mi cuerpo y con cada beso suyo siento que las cicatrices van desapareciendo como arte de magia o como una irreverencia ante dolor.

Lo veo y me parece increíble que no piense en las diferencias que nos caracterizan y etiqueta sino en el amor profundo que nos declaramos juntos, a la distancia, desde aquí y el allá.

Por rebeldía al que dirán, hoy he decidido amarte, Ares.

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Quien juzga

Quien juzga debe tener un claro entendimiento de la diferencia entre el bien y mal. Si no reconoce la diferencia puede llevar a la humanidad a la decadencia moral , porque decreta muerte para el inocente y libertad para el culpable. Pero ¿cómo se determina la decadencia moral? si por naturaleza el ser humano es engañoso y puede llamar a lo bueno: malo y a lo malo: bueno. La repuesta a tal conflicto descansa en la insensibilidad del ser humano al no reconocer a su prójimo como igual.

A pesar, de que quien juzga puede poseer un “estatus” mayor a los ojos del resto, es indispensable dejar claro que por ningún motivo se debe dar cavidad a la creación de dicho estatus. Porque, no se conocería la igualdad entre individuos.

Quien juzga y quien es juzgado; son individuos iguales al punto de reconocer ante la sociedad que los papeles pueden ser invertidos cuando se deje de reconocer la igualdad.

Sin embargo, es necesario que aclarar que la igualdad que se plantea para evitar la decadencia moral ; reconoce la diferencias entre individuos, al brindar espacios para expresar la oposición de ideas y condenar la perpetuidad de un mismo discurso que persiga la libertad de quienes se oponen a él.

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Nuestro mirador

En el mirador, donde por primera vez compartimos ese silencio que nos unió y la ciudad se peinaba para impresionarnos, regresamos el segundo día de algún mes de este año extraño. 11 años después, pero regresamos.

Encendió un cigarro tal y como la primera noche que sin querer nombramos ese lugar nuestro. Me preguntó si me incomodaba; con la cabeza respondí que no y al instante nos perdimos entre el anaranjado que brillaba en medio de una sábana oscura y llena de estrellas que se desplegó en nuestro horizonte.

El reloj se acercaba a la medianoche y la ciudad de nuevo se alegró de vernos volver. En silencio fijamos los ojos en aquel espectáculo que la luna nos regaló por regresar a ese mirador que nos vio callar y amar, a ese sitio que hicimos nuestro.

Gracias mi querido amigo por hacerme volver.

-Amarela-

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