Escribología

Transición

Eso de escribir no se le da a todos, soy uno de esos todos… de vez en cuando el ambiente, la canción, la luz, la hora, el sentimiento, el lugar y elementos como esos se vuelven cómplices para forzarme a tomar la computadora y sentarme a teclear… algunas veces sin sentido… otras veces con locura… otras simplemente tecleo signos que deforman y ofenden a la gramática, lingüística y todas esas ciencias y disciplinas que rigen la expresión… y es que algunas veces le suelto la cadena a aquel ser interno que quiere salir a expresar cuanta sandez se le ocurre.

 

Creo que soy de aquellos tipos que gustan la soledad y la música que entristece. En el silencio escucho mejor mis pensamientos. En la soledad valoro aquello que me acompaña. En la sombra intentar interpretar la calidez de la luz al atravesar la ventana y que llega no solo a una de las paredes que componen esa habitación en la que se fabrican alegrías, tristezas, emociones de todo tipo, llega ese mal llamado rayo de luz que simplemente explica que la sombra necesita de la luz para existir, que el amor necesita del odio para sentir, que la mente necesita escucharse para hablar, que para escribir se debe vivir, que para vivir se debe sufrir, se debe correr hasta jadear de cansancio, se debe sentir el viento acariciar nuestro rostro, se debe crujir los dientes, se debe sentir el latir del corazón en las venas que corren desde nuestro cuello hasta la cabeza, se debe sentir el recorrer de las lágrimas sobre nuestro rostro, se debe escuchar nuestro llanto a viva voz, se debe apreciar la noche, el frío, el calor, el café, los errores, se debe apretar las manos hasta marcar nuestras uñas sobre la piel, se debe llorar sin sentido y sin límite, se debe comer escaso, se debe comer abundante, se debe sentir la acidez de un limón, la dulzura de un algodón de azúcar, el estruendo interno de un jalón del cuero cabelludo, se debe recordar el crujir del jalón de oreja que te dio tu mamá y entonces recorrer desde tu presente hasta el pasado más difícil de recordar y luego regresar en un santiamén a tu asiento pensando que la vida es hermosa y que seguro habrá más en el futuro o simplemente todo terminará al cerrar los ojos… Para escribir no se necesita nada… y se necesita todo… si, todo el valor para reventar la neurona y dejar que el corazón salga del cajón, dejarlo que diga lo que quiere, y que se apodere de esas pinches reglas de escritura intentando decir algo aunque en realidad no quisiera ser entendido, ni leído simplemente aprovechar la única manera de expresarse al mundo exterior que es a través de un papel electrónico, de eso que vemos y no entendemos, inventos que les llaman… perdiendo aquella magia de escribir e imprimir a la vez… del ruido melódico de las teclas de una máquina de escribir… y así me voy divagando entre tanto signo y simplemente dejé que los dedos teclearan… que se pierda todo, menos las ganas de escribir…

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