Escribología

Mi Arte

mujer

 

Hay mucho de qué escribir, hay mucho de qué cantar, hay mucho de qué hablar, de qué pintar, de qué trazar, de qué interpretar, de qué dibujar, de qué inventar… El mundo de las artes se atasca de opciones; en lo personal mi arte,  el arte de ser mujer me gusta mucho pero me cuesta aún más. No se me da tan fácil, no soy seguidora de algún tutorial, y no creo en que deba existir un manual para serlo, por ejemplo el hecho de  levantarme y salir a la “selva de cemento” para sobrevivir y llevar una mueca disfrazada de sonrisa en la cara, la cual seria “mejor” si estuviera maquillada con el cabello intacto mientras que mis caderas se muevan a un ritmo provocado por tacones (¡auch!)

 Creo que deberíamos intentar ser la mejor versión de ser mujer y romper esos estatutos consumistas que establecen un modelo de mujer bonita o intentan definir la belleza tal cual les conviene, lo cual me da risa porque es un intento suicida alcanzar esas expectativas y prefiero reír, porque si no lloraría y eso “debe” darme miedo, puede que sea mi sensibilidad fluyendo ya que  “ser mujer es ser débil”  y las mujeres de esta época no se quiebran son “mamás luchonas, mujeres independientes, mujeres libres, mujeres infieles, mujeres con derechos, mujeres feministas” y cualquier otro adjetivo como “uñas de cevichera, gorda, mamona, facilona, interesada, feminazi, perra, cholera, shuma, mal hablada, dramática, hueca, fiestera, indecente o no apta para el matrimonio” que los medios usan como burla o cierto tipo de discriminación para pretender callarnos la boca pero estoy segura que muchas mujeres cabronas que  viven con la boca cerrada pero la mente abierta y alerta, saben que no vale la pena el esfuerzo porque algunos sectores estúpidos de nuestra  sociedad logren entender lo que somos y no somos porque lo demuestran con acciones que las hacen verdaderas agentes de cambio en la actualidad, saben lo que somos y no somos y  que eso siempre dependerá de lo que queremos y es que, sí sabemos lo que queremos y podemos definirlo muy bien. Aunque debo admitir que  algunas veces nos cuesta saber qué queremos, usualmente sabemos que no queremos, verbigracia: no quiero un novio que me haga sentir fea, no quiero un hombre que no sea huevudo para demostrarme que le importo y aceptar sus errores, que me haga sentir incompetente en la cama, que me diga que no sabe lo que quiere en vez de ser sincero y  decirme que no  soy lo que él quiere, que se enoje si percibo mejor salario que él,  no quiero un macho, no quiero un hombre que finja ser un caballero porque a veces no me comporto como una dama, no quiero a un hombre insensible que no esté dispuesto a caerse, levantarse y volverse a caer junto a mí,  no quiero a un ser que no viva y lo más importante que no me deje vivir. Tampoco quiero un jefe que me discrimine  o me promueva con un  interés que no sea profesional, no quiero un catedrático que intente salirse del margen “alumna – educador” no quiero un policía que quiera decirme y verme como si fuera una cosa que le pertenece, no quiero un amigo que me haga creer que soy mala solo por  no ofrecerle algo más que una amistad, no quiero un mundo que me diga cómo ser y qué no debo hacer, no quiero un papá que se crea mi dueño y viole sus deberes morales (en todas sus variaciones), no quiero un entrenador que quiera hacerme creer que me manda, no quiero un hermano que se ofenda al ver mis toallas sanitarias o mis manchas mensuales en la cama, no quiero un pastor o líder religioso que me prohíba vivir mi humanidad y ser perfectamente imperfecta bajo el imperio de mis sentidos y emociones, no quiero seguir viendo generaciones educadas bajo un régimen machista y conservador, no quiero ver niños trabajando,  no quiero niñas creyendo que ser princesa es lo mejor de la vida tampoco quiero  ver niñas cuidando a otras niñas intentando ser madres o lo que puedan ser, no quiero publicidad engañosa, no quiero marketing usando figuras femeninas, ni moda con etiquetas o bromas de mal gusto que algunas mujeres aceptan sin analizar el trasfondo, no quiero que crean que una mujer está hecha solo para procrear o para amar exclusivamente a los hombres, no quiero tener que caerle bien a la suegra, no quiero que me obliguen a ser buena en la cocina y en el hogar, no quiero que se ofendan si digo una palabra soez o uso una expresión inapropiada, no quiero que quieran hacerme creer que usar vestido o una talla me hacen bonita, no quiero que me digan qué puedo y qué no puedo estudiar.

En fin la lista es grande  y estoy segura que hay más cosas que añadir. El caso es que el arte de ser mujer es, en ocasiones complejo pero es un deleite, una virtud, algo que definitivamente volvería a elegir. Estoy aprendiendo a amarme para poder amar, tal vez no amar mucho pero amar bien. Soy parte de una lucha innata por romper paradigmas sociales de mal gusto y ser la protagonista verdadera de mi vida siendo la fiel seguidora de mis creencias e ideologías.

Te invito a ser el y la autora de tu vida, a vivir sin recetas, correr riesgos y tomar decisiones que al final se conviertan en lecciones de vida. Eso sin duda, nos dará un mejor presente y probablemente un futuro “de a huevo” en el que el recordar el pasado sea bonito.

Gracias por leerme y dejarme estar con vos un tiempo por medio de lo que escribo. Gracias por compartir mi arte.

 

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