Escribología

Catarsis revés

Ahí estaba yo, frente a frente, arrojando saliva con toda la fuerza, como perro en plena contienda, con emoción desembocada, con el corazón hinchado y la memoria exprimida, con el dolor en las manos empuñadas, con las letras frente a mi, borrosas y de mal gusto.

El odio recorría las venas, y el alivio se apropiaba, con rostros ajenos preguntando la raíz de todos los motivos, de esos desconocidos, de esos que se encuentran en donde uno menos pensaba tenerlos guardados.

Sin aire, casi sin voz y las piernas extasiadas, con el brinco pequeño e incesante, con la mirada perdida, con las fuerzas al límite y su escasez en la puerta, con la mente arrebatada, con las lágrimas en la ventana, con el desfallecer latente, lento y sentenciado.

Allí en el momento cuando el tiempo se detiene y toda la vida pasa frente, con tal orgullo, contoneándose, dándose el lujo de estancar los segundos en una eternidad y pintar murales de toda una existencia, acelerando el coraje y crujir de dientes, dando menudo golpe a la amnesia.

Recuerdos entonces, un santiamén hecho un lustro, con el mismo peso de su intervalo, de la nada a un todo, de su inexistencia a la realidad, descubriendo la herida, rasgando telas, rompiendo paradigmas, tumbando barreras y reventando arterias mentales.

Turno del grito desenfrenado, odiandose a si mismo, rompiendo letras, tirando papeles, saltando en el cuadrilátero, dándose a golpes, permutando de veterano a aprendiz, dejando al viejo y adoptando al nuevo…

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