Escribología

Buen viaje… (relato)

Y si se ha llegado la hora, no me despidas aún,
solo escucha lo que tengo para decirte…

Te deseo el mejor amor del mundo, porque vos lo sos,
deseo que aquella gacela te ame cada día… y noche…
Que te ame más el alma que a tu propia piel,
que te la abrace y te la sepa curar…
que cuando despiertes, su piel huela a café recién hecho,
y que sonrías porque has escogido a la indicada…
corre a sus brazos cada que puedas, bésala y llórala también…
Se vale.

Quiérela, enójate con ella, pero jamás la odies, jamás la golpees,
ni siquiera con tus palabras, entiéndela, amala.
Cuando quiera llorar, déjala, se tú su hombro, su pañuelo, su consuelo.
Cuando quiera gritar, déjala, se tú esa presencia que tanto necesita,
aun si no hay nada que decirle, quédate allí, con ella y sostén su mano.

Cuando sientas que puedes dejar de quererla, vuélvela a ver,
ve su sonrisa, esa sonrisa que provocas en ella, llega ahí, a su felicidad,
a su amor, a su todo, porque al final tú formas parte de su todo.

Yo… yo sabré que irme ha sido lo mejor que he hecho.
Al final, no hubo lazo que me detuviese a tu lado.
Siempre supe que la amaste a ella…
Es por eso que debo de despedirme, pero no me despidas aún…

Escucha…

Llévale flores, margaritas tal vez, rosas blancas, no lo sé,
tú la conoces mejor que yo…
Pero llévale…
Invítala a cenar, se valen las tortillas de harina también,
no importa que sea, lo importante es que estés con ella.
Bésale la frente, la mano, no solo sus placeres.
Sé respetuoso también, contrólate, todo en su momento.

Prepárale la cena de vez en cuando, tal vez un domingo,
tal vez un sábado, tal vez en una noche de viernes,
donde todos quieren estar acompañados por montón,
llévatela a un rinconcito donde los dos sean mayoría.

No la celes, por favor, no la celes, déjala ser admirada,
sonríe, porque otros al final desearían tener lo que
solo tú puedes tener…
Dale el beso de las buenas noches y el de los buenos días,
que cada mañana y anochecer ese sea tu buen hacer.

Y cuando ambos hayan recorrido
la mayoría de la orilla del mar,
ámala aún más, con todas tus fuerzas, con todas tus ganas.
Y cuando notes sus canas, dile que se ve hermosa,
y sé feliz, en plenitud, porque la has tenido por siglos de felicidad
convertidos en años mortales.

Ahora sí, ya, despídeme, porque el tren está en abordaje.
Solo prométeme que…

Que…

Solo dame un abrazo mejor (la abrazó), adiós.

Él la vio y solo supo decir:

Buen viaje.

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