Escribología

Dos treinta a.m.

Esto pasa cuando no tengo sueño… 

2:30 a.m.

Luego de dormir toda la tarde, ver 2 películas, pintarme las uñas, sentir como respiraba mi perrita, ver instagram, llamarte y no contestarme, hacer dos gotas de pipi, me puse a reflexionar:

¿Por qué escribo? Y una más profunda ¿Y por qué no escribir?…

Me ha resultado muy práctico decir que no tengo tiempo, no hay inspiración o que hay cosas más importantes que hacer, también he metido el “tengo miedo de que no les guste”. Entonces ¿escribo por necesidad?, ¿a quién quiero complacer? , ¿en donde quedó que lo haría por mi estado político y por la gana de expandir mi perspectiva?.

Eso me da vueltas en la cabeza. Digo, tengo el espacio, tengo, tengo, tengo; ¿qué tengo?. Si tengo el espacio, lo bueno es que no tengo que pagar (en teoría sólo tener acceso a internet) creo que no hablo (bueno en este caso escribo) muladas, por ahí tengo dos cabezas que me leen, tengo una vida que podría compartir,  ¿con eso es suficiente?…

Podría escribir de: (estoy pensando…) (¡ya sé!) Sexo (ja ja ja ja ja hay mucha mara (gente ps)) que sabe que hablo de eso) sí, de sexo, del que se hace, habla, defiende, es diverso y rico, podría hablar de mi llanto en las calles al ver perritxs huérfanxs (es que eso sería muy triste) ¡qué triste!, a lo mejor hablo de mis experiencias en las clases (no en donde me enamoro de los lic’s, me refiero a cuando me sacan de la clase, me dicen extremista o me tiran casaca mientras me venden libros) y cómo a lo largo de los años he ido aprendiendo mucho (esta es pura casaca) quizá hable de mis miedos (a ponerme vieja (soy una exagerada) a perder mis zapatos, a lo que se mueve), quizá de mis miedos no, esto de escribir no es terapia psicológica (pero, entonces, me contradigo, yo he dicho que esta onda sana),  mejor sí, escribiré de mis miedos.

Puedo escribir de mis viajes (en el último visite un campo de amapola), de mis recorridos buscando la Luna, incluiría un poco de comida, si escribir de que amo comer (y que no puedo cocinar), además, escribiría de que soy irresponsable en la limpieza de mi casa (odio, odio, odio lavar trastos) ja ja ja eso es bien profundo.

Entonces…

¿Por qué escribo? 

¿Y por qué no escribir? 

Para mí, es un acto político, históricamente a las mujeres nos han “otorgado” papeles que responden al espacio privado (esto ya lo he dicho antes), a estar en una casa, cuidar a lxs hijxs, ser la número dos, y sí es una queja, cuando yo estudiaba preferían que participaran los niños, antes que las niñas, en fútbol y luego así en todo, hasta en dibujo y poesía, no los odio, a los hombres, ¡aclaro!, amo a la humanidad, aunque nos estemos matando, hay cosas que no soporto, esto por ejemplo, que las mujeres estemos limitadas a escribir, no se trata de culpa o de valentía, se trata de una lucha patriarcal en la literatura, letra y artes, y que se piense que las mujeres sólo podemos escribir de amor y de un amor sufrido y abnegado (espero no hacerles bolas), hay grandes ejemplos de mujeres que con sus letras han aportado a la academia, ciencia, política, a la vida, al amor y que están repartiendo poder y lucha (en este espacio (Escribología) conozco a un par (están locas)) me refiero a que por eso escribo, aún no descifro si es necesidad, pienso que lo hago como un ejercicio de derecho, para mí es una lucha, me cuesta mucho ordenar mis ideas, plasmarlo de una forma amena y que pueda dejar algo en las cabezas, siempre pienso que si al leer no les gusta o les incomoda, voy por buen camino, la gente no tiene que estar de acuerdo con todo lo que se dice, de ahí es que hoy somos revolucionarias, eso sí, que pueda proponer algo, verdades absolutas no tengo.

Hablo (escribo pues), de mí existir en este plano, por lo menos intentaré, he aceptado el reto, aprendí de una mujer “intento de raPERRA” (Gaby, quien es genial y se auto denomina así), que nos pronunciamos de la rabia y el amor, justamente eso intento; ¿por qué escribo?, mi respuesta corta es: «porque tengo derecho» y quiero hacerlo, me da la gana; ¿y por qué no escribir?, quiero pensar que puedo aportar algo desde mi trinchera, abrir perspectiva y chingar la lectura de alguien con mis disparates.

La neta que mejor me voy a dormir, al rato sigo escribiendo, si quiere leame, si no quiere, mire que hace con su vida… 

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Te digo adiós, pero te amo

Sí, esto es una carta de amor de despedida. No puedo sino escribírtela porque decirte adiós me es imposible. No podría volver a mirarte porque me perdería en el color de tus ojos, no podría volver a hablarte porque me quedaría atrapada entre tus labios, por eso te dejo todo mi amor en esta carta.

No me voy con las manos vacías. Perdona si me llevo tus besos, tus caricias y tus abrazos. Perdona si me llevo las risas y las confidencias. Meto también en la maleta el olor de tu cabello, el sabor de tu piel y el sonido de tu voz. Todo eso me llevo para guardarlo como el tesoro más preciado.

Te digo adiós, pero no me arrepiento de nada…

¿Sabes? Cuando se pierde a alguien o te “desconectas” de una persona, se torna en tu interior un vacío inaguantable, eso me pasa contigo.

Me quedo con tantos quisiera, con tantas cosas por hacer, tantas cosas sin decirte. Pero es que cuando te tengo delante de mí se me hace un nudo en la garganta y las palabras juegan a esconderse, perdóname por no poder continuar, cuánto quisiera poder seguir a tu lado y hacer juntos el viaje por la vida.

Tal parece que mi parada se ha adelantado…

No me arrepiento de nada de lo que hemos hecho, ni de lo dicho ni de lo sentido. Contigo he vivido momentos únicos, he sentido cosas extraordinarias y hemos hecho juntos cosas irrepetibles.

Te digo adiós, pero te doy gracias…

Nunca nadie me había amado de la forma en que tú lo haces. Nunca nadie me había enseñado que el amor, así como llega también se construye y que lo más importante de la vida es entregarte a aquello que haces, rendirte a la evidencia de los hechos y fluir con ellos.

Una vez más quiero agradecerte tu compañía, todo lo que me has enseñado, lo que hemos aprendido y descubierto juntos.

Si de algo estoy segura, es que tú me has hecho mejor persona. Me refiero a que gracias a ti comencé a descubrirme y a contactar de otra manera conmigo misma, y eso tiene un valor incalculable, quizás eso nunca te lo dije.

Las cosas que nunca te dije son esas que ni siquiera yo puedo explicar con palabras. Las cosas de los sentimientos, las cosas del amor, el cariño y la nostalgia, esas que se sienten desde lo más adentro.

Te recuerdo y te digo todo aquello que tal vez no dije con palabras pero que en algún momento te hice sentir con miradas, abrazos, besos y caricias.

No ha habido día en el que no agradezca el haberte encontrado en mi camino y poder compartir un pedacito de mi vida contigo. Porque aunque dejemos de existir uno en la vida del otro, eres la persona más importante que he conocido.

Te digo adiós, aunque sigas formando parte de mí…

Tu y yo recorrimos caminos secretos y otros muy transitados, pero que hicimos nuestros con el caminar de nuestros sentimientos. Aprendimos que el amor más que un sentimiento puede llegar a ser algo inexplicable, algo que se siente como una explosión interna que te lleva a descubrir la esencia de la persona que sabe mirarte a los ojos y hablarte con ellos a través del silencio.

También quiero pedirte que sigas siendo como eres, desde los pies hasta tus sentimientos. Que ames con esa sencillez que te caracteriza, tan pura.

Yo estaré ahí, te lo prometo; de otra manera sí, de la manera que tú y mis sentimientos me lo permitan, no pienso olvidarte. Formas parte de mí. De mi historia, de mi vida y de mi persona. En mi hay un pedacito de ti y supongo que en ti, otro poquito de mí.

Puede que no sigamos el camino juntos, pero ha sido todo tan auténtico y sincero que serás siempre mi punto de inflexión.

Aunque esta sea una carta de despedida, no lo considero así, porque no quiero hacerlo y porque creo que decirte adiós para mi es algo imposible. Seguirás ahí, aquí dentro y de otras muchas formas, porque cuando conoces a alguien que te deja entrar en su vida, a pesar de todo, es imposible borrar su rastro.

Cuánto amor me llevo, cuánto amor me has dado. Cuánto amor envuelto dentro de estas letras.

Te digo adiós, pero te amo…

 

“Quizás te diga un día que dejé de quererte,

Aunque siga queriéndote más allá de la muerte;

Y acaso no comprendas, en esa despedida,

Que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.”

-José Ángel Buesa-

 

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El mes que sigue

Quiero y escribo…

Quise que en la primera oración de este texto existiera un verbo en tiempo presente para que ni tú ni yo olvidemos que siempre es hoy.

Porque cada hoy me haces falta… quise escribirte en Mayo pero me suena a cliché… de pronto pensé que no podía dejar pasar el mes sin decirte lo que siento por ti. Tal vez porque te me vas en Junio… y concluyo: te extraño en Mayo y te me vas en Junio; que bueno que el 7 jugó a mi favor y para entonces aún te puedo abrazar antes del adiós y el suspiro.

Y es que eres una de las personas que se me cruza entre extrañarles, suspiros y dolores de pecho. No por tristeza o al menos no le quiero llamar así… simplemente no están. Una sonrisa me basta para que mi corazón endurecido aguante una estación más para escucharles o extrañarles menos.

Por un tiempo.

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Lluvia

Lluvia, lluvia que decides acariciar con tus suaves pero persistentes gotas la piel de la tierra.  Saborearte me trae a la memoria una década atrás.  Me sabe a mi infancia.  Me sabe a mis seis años… Aún los recuerdo.

Escucharte lluvia es recordar aquella casa donde mamá me tuvo en sus brazos para amamantarme y velar por mi crecimiento.  Verte lluvia es recordar a mis hermanos de patojos y chorreados, pero chispudos.  Olerte lluvia es recordar aquellas tardes de sábado donde mamá sacaba su venta de atol y tostadas en la banqueta de la casa.  Una década atrás y tal vez un poquito más, donde crecí, me recuerdo de la primera vez que le dije a mamá que no quería ir a estudiar porque un niño me molestaba.  Aquella casa aún guarda mi primer y único amor canino, ese amor canino que supo de una u otra forma transformar la ausencia de aquel ser amado en presencia confortadora.

Lluvia, tu que me traes a la memoria aquellas subidas al cerro trasero de mi casa, colgar un lazo del árbol más cercano al borde para poder escalar más fácil cuando yo quisiera subir a él.  Lluvia que haces que el cuerpo se divague por un segundo hecho horas recordando aquellos sábados, donde muy ansiosa esperaba a las ocho de la mañana mis dos franceses con picado de verdura y carne, me encantaba que mamá le echara queso seco.  Esos sábados donde mis hermanos y yo al final de la venta esperábamos que le sobrará algo a ella para poder comer surtido para la cena y ver a mis hermanos correr hacia la tienda para compartir aquellas tostadas con una coca cola.  Sábados que después de una buena cena corríamos para ver los partidos de fútbol del parque que estaba a dos cuadras de mi casa.

El sonar de aquellas gotas acariciando la tierra hacen que el corazón de niña me vuelva a nacer.  Me hace más frágil.  Me hace más humana.

Tal vez en algún momento la lluvia no fue mi estación favorita del año, pero hoy se ha convertido en el diario de mi inocencia.  Recordar que los domingos siempre escogía mis mejores vestidos para ir a la iglesia.  Recuerdo el que tenía dos rodajas de sandía en las dos bolsitas inferiores, bañado mi vestidito de color azul marino con blanco.  Como aquel vestido con el que me creía una princesa, solo por tener como ocho capas (siempre las contaba).  Recordarme de aquel vestido que tenía girasoles y me hacía sentir un sol.  Y así unos cuantos más.

Hoy lluvia te vuelves en mi confidente, en esa memoria que hoy agradezco guardar y conservar en el corazón.  A veces y solo a veces quisiera volver allá, donde por algún motivo quisiera que “cosas” estuvieran aún presentes.  Como quisiera regresar aquella casa y abrazar fuerte aquellos dos amigos fieles que cuando llorábamos con mis hermanos, ellos hacían que dentro del llanto hubiera una sonrisa por lamernos las lágrimas.  Aún no los supero.  Cómo superar aquel tipo de amor que a veces los humanos no entienden.  Un amor canino.

Hoy, tengo 19 años y la lluvia sigue sabiendo “casi igual”.  Sigue sabiendo a dulzura mezclada con nostalgia.  Pero así te quiero lluvia, lluvia que amaba cuando por las tardes prefería jugar bajo de ella a hacer mis tareas.  Siempre terminaba algo resfriada, pero siempre valía la pena.

Hoy lluvia me sabes a recuerdos, me sabes a familia, me sabes a infancia, me sabes a amor, me sabes a libertad y tal vez en alguna ocasión me supiste a tristeza.  Todo se vale, todo es moderado. Lluvia de mi corazón, lluvia que me haces sentir de nuevo, que haces que no quiera dejar de escribir.  Gracias por caer con toda majestuosidad.  Gracias por recordarme de nuevo, mi corazón de niña.

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Tú, yo

Tú eres la prueba de que se puede querer
en estado de ausencia.
Tú eres mi estrella favorita
de las  tres dilatas y pintadas en tu cielo,
tu cielo decorado con tus recuerdos,
recuerdos que se han vuelto mi tesoro.
El tesoro de mi caja fuerte
sepultada y jamás encontrada en mi corazón.

¿Casualidad de conocerte? Mmm… no lo creo.
Propósito.
Mi encuentro contigo fue como la frase:
“No andaba buscando a nadie y entonces te vi”
Escuchar tu nombre y no saber que era el tuyo,
para luego luchar contra mi propia mente
para recordarlo.  ¿Daniel? ¿Gabriel? No.
¿Cuál era? JAJA. ¡Ah, ya! Miguel.
Estaba cerca.  Pero de tus dos nombres,
me quedo con el segundo o con ambos o contigo.

Saber que tu corazón estaba
navegando solo por las aguas de la vida,
me daba consuelo, alegría y sonrisas.
Hablar contigo era como mi premio
al final de todos los días.
Porque al final terminamos descubriéndonos
el corazón, miedos, pasiones, pero sobre todo fortalezas.
Tus chistes, aunque no los mejores,
ni los que daban risa, para mí, los más graciosos.

Tú y tus niveles de confianza.
Tú y tus frases tan cortantes.
Tú y tu signo de exclamación.
Tú y tu guerras de stickers.
Tú y tus secretos tan misteriosos pero tiernos.

Yo y mi apodo por tu personalidad.
Tú y tu apodo por mis acciones.
Yo y mis ganas de molestarte todas las noches.
Tú y tu “no te preocupes, tengo tiempo”.
Yo y mi sonrisa no fingida por saber que existías.

Yo, la fan de tus fotografías,
de tu paciencia y amor al enseñarle a los niñxs,
eso llegó justo aquí, a mi corazón;
compartir la misma pasión, nos unió más.
Yo, tu fan;
por ser valiente en los caminos de la vida.

La vida nos unió con un propósito;
de ver la vida con ojos de candor
de aprender a querer en ausencia
y apreciar sobre todo, la esencia.

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