Escribología

108, 1.54

Acaricio el aire con el cuerpo dispuesto a la libertad.
Desnudo el alma para que la fragancia de la vida me inunde.
Sonrío con labios abiertos.
Descalzo los pies para sentir la fertilidad de la tierra.
Me despojo del suéter en invierno para sentir la llovizna, mi nana.
Abro los brazos para recibir la felicidad y aferrarme a la seguridad.
Hoy suelto al corazón para que vaya a donde el crea conveniente, para que ame sin restricción y egoísmo.
Piernas corran, caminen, gateen, arrástrense… avancemos.

Chau miedo, pasarás de propietario a visitante, de esos que casi no se aparecen.
El cuerpo ha exigido lo que es suyo.

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