Escribología

Capítulo 1. Doce/veinticuatro años «Menstruación»

Narrar con gracia e ironía las horas, suele ser más complejo que decidir de qué color pinto mi habitación, y más difícil aún, es terminar de dar vida a lo que inicie mientras la rabia me quita la energía. 

Me consideré la típica adolescente, con familia “perfecta”, más de dos pares de zapatos, promedio bastante bueno en la escuela, la voz escuchada por lxs 40 a mi alrededor, flaca por regalo de mis progenitorxs, escasa de maldad y chiches (esta es una realidad que no ha cambiado tanto; las chiches).

Y me detengo a parafrasear lo poco que recuerdo, he cambiado tan sólo lo necesario para alterar y provocar algo en mi pupila, la indignación llegó hasta el hueso, que me vi obligada a no ser la uniformada que repite una lista de deseos para considerarme alguien especial en este mundo. 

A mis 12 años, mientras las niñas de mi colonia jugaban muñecas, yo decidí hablar de sexo; y me vino la menstruación, no digo que odiaba las muñecas; sólo que no encontraba diversión en cuidar a alguien de plástico y dejar de pensar en mí. Obviamente no fue magia “sexo y menstruación” fue, le digo yo: “un golpe de la vida”.

Un golpe oportuno que determinó parte de mí existencia y mi quehacer por los siguientes años. 

A esa edad, si no mal recuerdo y si la cabeza y la memoria no me traicionan… Pasó. Pasó. Pasó…

Me corrió sangre por las piernas y labios, aún lo recuerdo entre turbulencia y olores a sudor, ocurrió entre regaños y teatro. 

La correlación entre sexo y menstruación, fue la cuerda floja para todas mis aventuras, ambas comprobaron que era “mujer” y este es sólo el inicio del oleaje de un inmenso mar. 

Pero, quiero contarles exactamente lo que pasó; ya lo he pronunciando en otros textos y momentos, ante varios capítulos de esta vida/historia, este definitivamente me marcó para toda la vida.

Ya sabía de su existencia, me refiero a la menstruación, ya la había escuchado meses atrás, soy la hermana del medio; por lo que no me pasó primero y esto de alguna forma ayudé a que el golpe no fuera tan drástico. 

Diré que fue un golpe, porque a está edad aún la menstruación tenía la carga social, política e ideológica que la sitúa al margen del patriarcado. 

Continuó… recuerdo que en el colegio se programó una visita al teatro y desde luego que asistiría; ya que era una de las organizadoras. A días de ir, ocurrió un evento ajeno en donde me vi involucrada, que me sucumbió y alteró la existencia.

Vi, sin exagerar, con estos ojos bizcos: un pene… 

Tranquilxs, ahora lo cuento y verán la relación que tiene con la menstruación, en mi historia.

¡Ufffffff! (estoy respirando pausado)…

Kevin, ese muchacho blanco y de voz aguda, le gustaba molestar a las niñas, esa vez nos dejó atrapadas en una bodega al fondo de la clase, la condición para salir era tocarle “su cosa” (sí, su pene), (claro que para ese entonces no le decía «pene» le decía su paloma/pájaro) 

¡Qué barbaridad!

¿Qué pensarán de mí?

Estás son cosas que suceden, según la gente, parecerán juegos de adolescentes, la calentura de la edad, para otros de seguro será un pecado, inclusive me pueden considerar una puta por escribirlo.

A esa edad pensaba que era lo que tenía que hacer, no me refiero a tocar su pene, me refiero a vivir esas cosas de adolescentes, pensaba que por ser mis amigxs no lo hacían por maldad. 

Diez años después, pienso en dos cosas.

La primera, pensar que lxs adolescentes no viven una sexualidad, es irreal, la viven y puede pasar en diversos escenarios, se vive como las sociedades van construyendo y atribuyendo roles, características, etiquetas.

La segunda, eso fue violencia, si usted que lee puede darse cuenta al igual que yo, que eso violentó mi integridad y mi espacio íntimo del cuerpo/mente/sentimientos, estamos en la misma línea, por lo que podemos reconocer que la violencia se ha naturalizado y se presenta en varias formas llegando a ser “invisibles”.

¿Qué tiene que ver esto con mi menstruación? ¡mucho!

Resulta, que me negué a tocarlo, a todo esto la maestra se enteró y la directora mandó a llamar a mi mamá para resumirle mi comportamiento. 

-¿Qué pasó?, Esteffanía-

-¡Quiero la verdad!, tu papá se va a enojar si ya no te dejan ir al teatro, ya no van a devolver el dinero.-

Esa mañana esperando a la directora, le dije a mi mamá…:

-No paso nada, estábamos jugando y la maestra entendió mal.-

Minutos después, antes de salir al teatro, la directora y mi mamá entablaron la conversación más larga y preocupada, la situación recaía en que debían como padres: ponerme más atención, aducía la directora que las niñas que hablamos de sexo son las más propensas a experimentar y hay que tenerlas más observadas para que no “jueguen la vuelta”.

En ese instante, cuando se debatía sobre mi realidad…

Pasó. Pasó. Pasó… 

No tuve tiempo de interrumpir a la directora y a mi mamá y decirle: ¡me vino la menstruación!, Todo se dio por su propio peso, tuve que callar, buscar entre mis amigas que “ya habían desarrollado”, una toalla sanitaria. Corrí a buscar a mi hermana grande.

¿Qué me esta pasando? ¡Ayuda! 

¿Será este un castigo por haber visto un pene?…

¡Si esto les pasa a las mujeres, no quiero ser una!…

Mil cosa pasaron por mi cabeza y músculo, apenas me dio tiempo de acomodar la toalla en mis calzones, debía apurarme porque me dejaba el bus para ir al teatro. No imagine que aunque me dejara el bus, en ese momento iniciaba una etapa en mi vida.

Esa mañana me sentí ajena a mi cuerpo, podía comprender lo que biologicamente me ocurría, no sabía responderme: ¿por qué esto solo le sucede a las mujeres?, no lograba sentarme en comodidad, sentía la vista de todo el colegio en la espalda y piernas, esperando a que me manchara la falda y burlarse. Añoraba regresar a casa y bañarme.

     ¿”Me bajó”? (pensé) porque ya me tocaba, porque me puse nerviosa, mi mamá va a pensar que alguien me toco muy duro, este es un castigo.

Doce años después, me encuentro en tensión. Me pregunto: ¿cómo vivimos la menstruación las mujeres?. Se me hace un nudo en la garganta y se me moja la vagina. ¡No!, de esto no nos hablan en la cena, en la escuela, menos en la iglesia (aquí se considera una maldición para la mujer por su desobediencia).

Crecí y menstrué pensando que esto era “solo algo que pasaba”…

Crecí y menstrué entre toallas gigantes, con alas y olor a manzanilla…

Crecí y menstrué evitando las manchas en la ropa y el aguacate…

Crecí y menstrué tomando pastillas para aliviar el dolor y olor…

Ahora, la lengua me fluye y el animo se me desenfrena para hablar de MENSTRUACIÓN, como ese acto místico ancestral que me llena de energía, desmiento con fuerza que esa sangre es sucia y dolorosa a nuestros huesos, es energía, es la porción que al concluir un ciclo se deposita en nuestro endometrio y llena de vida mis labios, mi vagina, recordándome la vida y sobre vida de las mujeres de mi vida.  

He ido afrontando lo despectivo y machista que socialmente se le atribuye a la menstruación y a las mujeres, la industria de toallas sanitarias envueltas en papel periódico para que no se enteren de lo que sucede, la riña entre toallas con alas y/o sin alas. 

El avance científico en la búsqueda de la eliminación del dolor «cólicos» para recuperar la vida, como si fuera una carrera para anularla, odiarla y marginarla. 

Y el aspecto patriarcal, la iniciación que cultural e históricamente pasamos, esa transición entre niña a mujer, la bandera que dicta que ya estamos preparadas para ser mamás, esposas, mujeres ganosas. La reducción y condición humana a la que se nos relega. ¡No es así!. 

Hay más cosas, esas son apenas unas cuantas de las que vivimos, ahora puedo decir que disfruto de mi ciclo, espero mi menstruación. Me he atrevido a hablar de ella, doy pasos para reconstruirme y emanciparme de esa figura occidental impuesta sobre el cuerpo y la sexualidad. 

De doce años a veinticuatro sin duda se aprende y desaprende, recobre mi derecho a menstruar, hice el amor/sexo con ella, llenando de sangre a mi amante, durante horas, me perdí en el aroma de mi ciclo, deje de decirle Andrés, marea roja y me atreví a nombrarla

La última reconexión, fue hace unas semanas entre mis dedos, papel, dando un sentido abstracto, artístico y liberador.

No tiene que estar de acuerdo con mis letras, hechos o locuras, sólo, si puedo pedir algo, anímese a ver otras perspectivas, lea de menstruación, vea este capítulo…

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