Escribología

Capítulo 2: Políticamente “Pechos”

Parada frente al espejo observé detenidamente mi cuerpo, llevé mis manos a mis pezones y los acaricié, ya lo hacía desde antes, solo que hasta ahora me surgió la necesidad de escribir, dejar que ellas, mis pechos hablaran.

Les cuento: son suaves y rudas, sonará absurdo, pero, son dos, dos bellas composiciones y herencias de mis ancestrxs, tengo un pezón más grande que otro y en ello he encontrado placer en la lengua e imaginación de quien he permitido acompañar. En mi recorrido a ellas me percaté que tienen vida, para esta sociedad son pequeñas y “destinadas a dar leche”; sin embargo, a través de los años he dado otro sentido a su existencia.

Resistir

Políticamente “pechos” 

Quiero iniciar abriendo el debate sobre el hecho de nombrarlas, para mí fue difícil. Les dije “chiches” que es la forma coloquial de nombrarlas; “hay me pica la chiche”, “me están creciendo las chiches”, “tengo las chiches caídas”. Luego pensé en decirles “bubis”, que digamos es menos vulgar y más sexy; “mírame las bubis” (me las agarró y aprieto), “mis bubis”, “qué ricas bubis”. Pase a decirles “mamas” por que como mujer estaría destinada a dar leche a lxs futurxs hijxs que tendré. Existe “tetas” que Rebeca Lane nombra en sus rolas, “Senos” palabra que fue y es popularizada y aceptada tras la novela colombiana “Sin senos si/no hay paraíso”. Termine por decir “pechos” la forma políticamente correcta para nombrarlos por la poca carga moral que conlleva.

Este ejercicio me hizo pensar: nombramos a partir del proceso de construcción de esta sociedad, entre chiches, bubis, mamas, tetas, senos, pechos y todas las que se les ocurre, existe una normalización a los pechos (para mi escrito usaré “pechos); cada una lleva implícita una carga ideológica, política y moral que hace referencia a los pechos de las mujeres, en este sentido los pechos de hombres pasarían a un segundo plano (si cree que estoy equivocada, comente) porque los cuerpos de las mujeres están sexualizados y se cosifican, esta sociedad que nos niega el derecho a una sexualidad plena y placentera.

Y usted, vos, tú ¿Cómo les nombras? …

Pechos en la pubertad

Luego de este pequeño debate, ejercite mi cerebro tratando de recordar en que época de mi vida los pechos recobraron tanta importancia. Quizá fue cuando iniciaron a doler y cada roce o contacto con el mundo exterior era agonizante.  Paralelo a la menstruación, los pechos iniciaron a florecer, esa etapa de cambios hormonales apareció entre duchas y olor a axilas sudadas. Es aquí en donde el reconocimiento del cuerpo es imprescindible; sin embargo, difícilmente nos tocamos o exploramos, se nos ha dicho “no se toca” anulando cualquier oportunidad de conocernos y descubrirnos. Este proceso se relega a un cambio netamente biológico, el cual sólo nos restringe, culpabiliza y anula el placer y erotismo.

No es lo mismo hablar de pechos de mujeres y pechos de hombres, es en la pubertad en donde la moral y los diferentes canales de aprendizaje juegan un papel importante. El ejemplo más claro que tengo es que Eva si debía cubrir sus pechos, Adán no ¿A qué se debe? Si existe una diferencia biológica, los pechos de las mujeres se desarrollan con glándulas mamarias; sin embargo, socialmente son otras las atribuciones a los cuerpos, sino recordemos el conflicto de pechos de hace meses en Argentina, esto se escapa de lo biológico, es un problema patriarcal que no se quiere reconocer.

Fue hasta años después que reconocí la existencia de mis pechos en mi cuerpo, fue hasta después que mis pechos reconocieron y reivindicaron su actuar político en esta sociedad.

Pechos y el rollo de papel

Deseaba que fueran grandes, las mujeres que veía como referencia (las mujeres de novelas, periódicos y anuncios publicitarios) las tenían grandes y yo las quería así. Para mi valentía, no fueron grandes, fueron y son perfectas, tan perfectas y con lunar. Esta idea ha ido madurando; ya que es complejo desligarse del estereotipo y construcción de la mujer desde el machismo y capitalismo.

A los quince años cuando me debatía en el “paso de ser niña a mujer” en la sociedad mierda en que habitamos, me sentí obligada a tenerlas grandes, lo que hice fue meter papel higiénico para aumentarla, parece gracioso, quizás la mayoría de mujeres lo han hecho. El problema de esto fue tener que ir a las piscinas y que el papel higiénico se desintegrara, no podía mentir sobre el tamaño de mis pechos. Y si me dejan decirles algo, si, ¡fue pisado!, recibir comentarios que te discriminan por no tener pechos grandes o no ser atractiva a la gente, que más de alguna persona te hiciera el comentario que ahorrarás dinero para operarte o lo peor, que mis hijxs serían pobres y morirían de hambre porque no tendría suficiente leche. ¡Qué estupidez!…, esto no me da risa. Sin embargo, si funciona para el sistema que oprime.

Díez años después a ese episodio, me abrazo y reconozco que es difícil aceptar el cuerpo. Insisto, crecí con la idea que los cuerpos en especial el de mujer debe ser de una sola forma, 90, 60, 90. Ahora en mi proceso de emancipación; recuperar el cuerpo y dar a conocer la diversidad de cuerpos en color, forma y tamaños es una tarea compleja, y también una tarea bonita y liberadora.

Puedo decir con libertad que mis pechos no tienen miedo a esta sociedad, poco a poco han tomado espacio y reconstruido esas miradas y bocas que quieren regir todo por antojo o interés. Si son grandes o pequeños (que esto es dicotómico) no es solo clavo mío, es de la sociedad y de todos esos sectores que han hablado sobre los pechos de mujer sin siquiera consultarles a ellas como se sienten.

Pechos y brasieres

Ya escribí que me cuestioné el cómo nombrarles, les comenté que de adolescente la construcción de la mujer desde el patriarcado me pasó factura. A raíz de esto he ido reconfigurando mi estancia en esta vida y ha sido y es una construcción que me permite liberarme, amarme y vivir una sexualidad integral plena.

Respecto a los pechos con brasieres tengo que decir: ¡qué dolor!.

Eso de sujetarse los pechos para que queden perfectos es complejo, digamos que existe una diversidad de sujetadores que a mi parecer solo oprimen y restringen la libertad del cuerpo. La primer vez que tuve un brasier fue regalo de mi mamá, fue como un tipo de ritual en donde me estaba preparando para lo que venía. Recuerdo perfectamente, eran blancos, de algodón y tenían un dibujo animado (nada sexy, pero era patoja) pero se sentía bonito llevar algo más sofisticado bajo la blusa.

A decir verdad usé tallas de brasier para niñas, desconocía a qué le decían ballena y que esa cosa te las levantaba. A partir de eso me fui de cara cuando me enteré que habían brasieres para pechos del tamaño de mi cara, con encaje, con esponja, elásticos, straple, cruzados, de santas, putas, para la noche, la cita y para la suegra. Recuerdo que un domingo en el mercado decidí comprar un brasier, quien lo vendía era un hombre, se me quedo viendo extraño “lleve este, está a la moda” me dijo, y trate de convencerme de llevarlo, lo probé sobre mi ropa para ver si me quedaba, fue gracioso, no me quedaba, el color no me gustaba, las pitas eran demasiado pequeñas, la esponja era demasiada, el encaje estaba mal cosido, los broches eran angostos, en fin, terminé sin brasier. Es un dolor de cabeza. A todo esto: ¿por qué las mujeres usamos brasier?, yo aún los uso, algunos días son necesarios, otros son incómodos. Por lo general en las noches duermo sin brasier y se siente riquísimo.

Tengo varias amigas que he visto y no usan brasier bajo sus blusas o ropa, se ven increíbles y no me refiero a sus pechos, me refiero a su existencia. Los pezones se les marcan, no se les marcan por la espalda las varillas o les quedan rojos los hombros por las cintas. Una de ellas me dijo una vez, que decidió no usar brasieres y comprar camisetas o tops (tipo sport) que son más amplios y más cuidadosos con el cuerpo.

Para este tema aún me cuestiono y me cuesta llegar a conclusiones. ¿Usar o no usar brasier?…

Pechos y resistencia

Hay muchas cosas que hablar y escribir sobre los pechos, sentí unas ganas de que ellas hablaran. Ahora escribo feliz, recuperar mis pechos sobre el tamaño, recuperar mis pechos sobre digamos “el uso” que les doy, recuperar mis pechos sobre la opinión y construcción de la sociedad, recuperar mis pechos y lo que uso en ellas, recuperar mis pechos sobre el cuerpo, que claro no solo por ser mujer me relego a pechos; sin embargo si por ser mujer mis pechos han sido condicionados.

Recuerdo que aún siendo pequeña a veces miraba los pechos de mi mamá descubiertos mientras se iba a bañar, no le dio pena hasta que fuimos creciendo. En casa junto a dos hermanas aprendí que cada una vive y atraviesa historias de pechos diferentes. Mi forma de resistir en cuanto a los pechos ha sido y es cuestionar su propia existencia, renunciar a concepciones impuestas desde lo moral, lo religioso y lo social. Lo cierto es que vivimos en una sociedad rodeada de pechos, tenemos sexualidad, somos seres integrales.

Me atreví a tocar mis pechos, a verme al espejo, a nombrarles, a compartirlos con otras personas porque así lo decidí, me atreví a tomar fotografía desafiando a la web para que no me censure, me permití rascarme los pechos en la calle sin miedo a que me digan sucia, me atreví a ver otros pechos con la voluntad de la otra persona. Dejé que los pechos ya no solo fueran pechos, las eleve a lo político y a vida pública, en espacios de diálogo y debate, ahora las presento como poesía y ritmo.

Quizá no toda mi vida me pase hablando de pechos o sí, lo importante es darle otra perspectiva a la sociedad, mientras algunas personas hablen de amor, vino y dinero, mi propuesta es hablar de mi emancipación.

Yo le invito a hablar con sus pechos, cuestione su existencia, dude de su caminar, y si no vea qué hace.

¡Mientras hayan pechos, habrá revolución!

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