Escribología

Te regalo un treinta de febrero

Para qué un gastado catorce…
Yo te regalo un treinta de febrero…
No un veintinueve, es un treinta…

Un día con veintidos horas…
Cada hora tiene cien minutos…
Un solito y dos noches…

Sabrá a sandía en el parque…
Y de fondo música de protesta y pobres…
Con olor a kilómetros y fluidos de pubertxs…

Puede ser martes o jueves…
…Estos días son menos complicados…
Y de preferencia un cuarto para las seis…

Como la canción…
Aquí no hay relojes y si moteles…
Le diremos nido…

Las manos se juntarán con los pies…
El músculo se despegará un poco de los huesos…
Y se tendrá conciencia de la cuerpa…

El clima será a tu elección…
Y, si puedo sugerir…
Que sea el frío de diciembre…

No aparece en el calendario…
Aunque lxs abuelxs si lo conocen…
Ellxs nos lo regalaron junto con los búhos…

No existirán semáforos…
Rojo será exclusivamente para la sangre…
La sangre menstrual de mis ciclos…

Diremos en el trabajo y universidad que nos empachamos…
De tanto reír y llorar…
No nos entenderán las mentes comunes…

Y porque está en nuestra naturaleza…
Para este día…
Abundará la mierda, el placer y las metáforas…

Y no lo olvidaré…
Daremos gracias…
Gracias por lo todo y por nada…

Los abrazos estarán de más…
El contacto será con los ojos…
Las tripas nos ahogarán en silencio…

Tendremos ciento treinta y dos mil segundos sin presidente…
Reinará la anarquía de tus ideas y emociones…
Le sumaremos la solapada razón de mi existencia…

Vamos a tener pausas prolongadas…
Cuando nuestras pestañas…
Coqueteen y se hagan el amor…

Lxs gatxs seguirán maullando…
Lxs vecinxs no gastarán agua…
Y el pasaje no superará la canasta básica…

Sí…
Es intenso…
Como vos y tus gemidos…

Y sí…
Estoy loca…
Es mi utopía…

Es mi treinta de febrero…

Es tu treinta de febrero…

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Intento de escritora

En mis casi 23 años le he huido bárbaramente a la poesía, al amor, las muestras de cariño y todo aquello que nos pintan “color rosa”; sin embargo, me es inevitable no respirarla, sentirla y hacerla mía.

Por eso, a partir de hoy les abro mi corazón, que a pesar de estar oscuro y un poco descuidado, está casi completo. La mayoría de mis escritos no reflejan situaciones de mi vida, sino de quienes se sientan a mi lado en el autobús, de quienes se toman de las manos a escondidas en los comerciales y de aquellos que temen ser descubiertos.

Por el momento formo parte de esos temerosos, pero tal vez más adelante decida cambiar el Libertad sin huellas, por el nombre que han escrito mis pequeños dedos en cada viejo cuaderno viajero.

No estoy hecha de dulzura y positivismo, estoy hecha de lo que la sociedad ha intentado hacer de todos nosotros, con la diferencia de un toque de libertad que me he adjudicado sin permiso del cielo.

Espero que para todo tengan una crítica, buena o mala, pero que la tengan. Y como diría el gran Cerati, a quienes me comenzarán a leer: ¡Gracias totales!

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Fueron siete…

Fueron siete… Y no fueron meses, no fueron semanas, no fueron días, no fueron horas, no fueron segundos…

Solo recuerdo que fueron siete.

Las conté y analicé durante siete días. Sí, siete fueron suficientes. La primera la descubrí cuando me mentiste a los ojos negando haberme llamado el jueves por la madrugada. La segunda llegó cuando viste como un niño abrazaba a su mamá en el aeropuerto.

Fueron siete… Y todas las anoté en mi viejo cuaderno, el mismo del que decidí alejarme cuanto tú te fuiste de aquí.

La tercera ocurrió cuando hablaste por teléfono con tu hermana, a quien creíste habías perdido por una falsa noticia en el noticiero de las ocho. La cuarta era más superficial, pero siempre honesta, vestías la camisa de tu equipo favorito y gritabas en celebración mientras me besabas los labios.

Fueron siete… Y cada una era distinta, cada una llenaba un espacio vacío dentro de mí, por eso sé que fueron siete.

La quinta fue sorprendida, pues a pesar de tu gran estatura y tu aspecto serio, la quinta iba acompañada de una lágrima que vi caer mientras leías uno de mis libros favoritos y hacías anotaciones para tener de qué charlar luego conmigo. La sexta no era tuya, pero evidentemente te pertenecía. Esa era de tu sobrina al descubrir que dentro de su cereal había salido el último juguete de la colección. Recuerdo que tardaste semanas en encontrarlo.

Fueron siete… Y aunque no tenga razón para apropiármelas, las siete eran mías, porque yo era tuya.

La última llegó inesperadamente. Ibamos en el metro y aunque ninguno de los dos sabía el paradero, reíamos de habernos colado en la fila. La séptima sonrisa, esa que englobó todo, esa que me curó e hirió al mismo tiempo, ocurrió antes de que la vida decidiera por nosotros separarnos.

Eran siete los fallecidos, tú eras el séptimo. Siete fueron los días en los que comencé a contar el tipo de sonrisas que te pertenecían, siete fueron los motivos que encontré para volverme loca por ti y siete fueron los minutos que pasaron desde que nos subimos al metro.

No fueron siete vidas, pero si pudiera vivirlas todas contigo, serían siete las vidas que hubiera vuelto a contar tus sonrisas.

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Lo IN-conceptualizado

Es un lastre temporal…
pensar en el amor como propiedad…
como rey y señor de un cuerpo…
como peona y esclava de un terrateniente…

Las vulvas y los penes…
nacieron en libertad…
“tanta” como la de los seres planetarios…
en tierras de latifundio…

Mentes podridas…
con sed de poder…
coaccionando individuxs
apelando a la miseria….

Necesidades insistentes…
tan básicas como terrenales…
pensamientos confundidos…
con estómagos vacíos…

La fraternidad fraccionada…
la sororidad dividida…
conceptos aún incomprendidos…
lucha de generaciones venideras…

Raíces en el pasado….
conflictos en el presente…
pistilos en el futuro…

Sexo e iglesia…
juventud y sexualidad…
placeres humanos…
maldecidos por razas “superiores”…

dioses inactivos…
vencidos por creadores extranjeros…
tan humanos y omnipresentes…
como la carne de color…

Luchas extranjeras…
exterminio misógino…
de brujas y rebeldes…
de cerebros diferentes…

Discursos vacíos…
sin entes combativos…
puntos suspensivos…
de sociedades suspendidas…

Conocimientos ordinarios…
educaciones críticas…
incidencias políticas
derechos inherentes…

Cambios sustanciales…

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Y si, de repente te olvido…

Y qué tal si, un dia cualquiera
ya no recuerdo cómo nombrarte
Y olvido tu forma de reír
Y se me olvidan también los malos ratos
Qué tal si ya no te escribo poemas
Y ya no faltas en mis horas
Y mis pensamientos se liberan de ti
Y si un día cualquiera respiro libertad
Y ya no recuerdo el brillo de tus ojos
Y tu voz se me hace desconocida
Y qué tal si un día de estos, olvido recordarte…

 

 

 

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