Escribología

Un día cualquiera.

El silencio de la noche era interrumpido por el cantar de los grillos, el motor de los carros decoraban el ambiente de una forma fugaz y muy poco frecuente.
Un ladrido por aquí y otro por allá parecían responder el soliloquio que ocurría en una casa, la más sola, la más alejada.

Un buen café acompañaba a aquel ermitaño, que de vez en cuando se le escapaba un bostezo, que simplemente interrumpía el pensamiento en curso.

Siempre se decía, “pienso tanto que lo debo saber todo”, pero la verdad es que él sabía menos que nada.

Trataba de comprender todo, así se le escapaban los días, los años, la misma vida; pero a él no le interesaba.

La locura vivía en su cabeza, pero una sonrisa pintaba su rostro, se decía:
“todos viven en un mundo sin vida, pintan un cuadro sin pintura, yo vivo una vida en otro mundo y hago arte con mis manos y mente, quien está más loco yo o ellos”…
Así pensaba asta que con una sonrisa empezaba un día que terminaría en otro día, que terminaría en otro día, que terminaría en otro día…

PL

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