Escribología

Un suspiro tuyo

Y dejé de sentirme mía. No había contrato, las firmas desaparecieron y no existían palabras que me dijeran que yo me seguía perteneciendo. Simplemente había dejado de ser mía.

La dulce mirada ya no me pertenecía y la malvada tampoco. Comencé a verme las manos y confirmé que tampoco me correspondían. Mis pies tenían tu nombre escrito y mi mente había comenzado a divagar en ti.

La blusa blanco hueso seguía en mi armario, pero ni él me concernía. Estaba segura que los sabores se esparcían en mi boca, que los aromas pasaban por mi nariz y que el tacto de mis manos era sensible al aire; sin embargo, nada de ello era mío.

Yo estaba cada vez más pálida, débil y melancólica; estaba sin estar y pensaba sin saber que realmente lo hacia.

Tú, por otra parte, estabas igual o quizás mejor que cuando te conocí. Te veía lúcido, radiante y, como siempre, atractivo. Parecía que los años no habían pasado por ti, que por el contrario te habían asentado muy bien.

Te vi a los ojos, vi tus manos, tus pies, tu camisa, boca, nariz y piel… te observé y descubrí que cuando te fuiste te llevaste aquello que me pertenecía.

No tenía cara ni voz para pedirlos de vuelta; sin embargo, un solo suspiro tuyo me hizo volver a la vida.

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