Escribología

Ruidos de la noche

Si preguntan ¿quién soy?, di que soy las sombras de la noche. Si preguntan ¿qué hago?, di que escucho atento los secretos que esconde tan majestuosa oscuridad,

Porque siendo insignificante para unos, y sin el afán de alardear soy la más bella, poderosa y tempestuosa criatura, la noche. Poderosa porque hago lo que nadie logra hacer, he conseguido que las criaturas muestren su verdadero ser.

Oculto por allí en una ocasión me encontré una ventana abierta, era invierno, lo recuerdo pues aquellos cuerpos añoraban calor, una dama y un caballero, él la tomaba por la cintura, ella aferrada a su cuello y como si de un vals se tratara sus labios seguían el compás de los de él, poco pasó para que ambos con agilidad se despojaran de sus prendas, lo siguiente no lo mencionaré pues sé que hay criaturas inocentes amantes de la lectura, algunos pueden imaginar de que se trata.

Debo decir que el invierno al igual que todo tiene distintas connotaciones, ese invierno no solo era físico, pues luego de unas semanas volví a pasar por aquel lugar, el hombre y la mujer volvieron a brindarse calidez pero en esta ocasión un tercero apuntaba a ambos a la orilla de la cama con un revolver, lo último que escuche de la boca de aquella dama fueron las típicas palabras de los amantes atrapados infraganti, “NO ES LO QUE PARECE”, PUMM la primera bala, PUMM la segunda disparada, PUMM la tercera, dos esposos, dos amantes, tres balas, tres cuerpos, una perfecta ecuación.

La ironía de lo siguiente cae en lo podrido de las sociedades, esta vez fueron tres ventanas distintas, en una escuchaba a una pareja religiosa hablar de tres cosas, el primer año que los visite ella rezaba con llanto en sus ojos porque en su vientre era imposible concebir vida, el segundo año, rezaba porque todo fuera bien y pudieran adoptar una criatura, el tercero, los rezos cesaron, ahora eran críticas porque en aquel país las parejas del mismo sexo ahora ya podían adoptar.

No sé cual fuera el motivo de aquello pero en la segunda ventana que visite se encontraban dos hombres rezando, uno lo hacía por aquellos niños y niñas sin hogares y el otro lo hacía por aquellos que en multitud marchaban porque aquel derecho por el que pelearon se les fuera revocado. La tercera era una ventana de un enorme cuarto con 20 niños, rezando en silencio la misma plegaria, “PERMINEME TENER PADRES”.

Lo nefasto de esto es que unos no pudieron adoptar por lo que decidieron evitar que otros lo lograran y aquellos niños aún seguían sin recibir el amor que cada criatura merece.

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