Escribología

Miradas cruzadas

La mirada era puntual, a las 10:00 de la mañana, cuando después de ir por unas copias los jóvenes ojos de Sara se topaban con los experimentados de Martín. Sara pasaba a su lado y hacía como si no notara su presencia; sin embargo, era evidente que él esperaba la de ella.

Estaban a tan sólo siete lugares de distancia, y aun así no había un buenos días, ni un buenas tardes. Pasaban las ocho horas sin siquiera un “qué tal”, pero ambos eran felices de tenerse cerca.

Los diez años que Martín le llevaba a Sara no pasaban desapercibidos y en realidad a ninguno de los dos les importaba. El único impedimento era que él estaba casado y ella comprometida.

Su forma de vestir, de hablar y demostrar cuánto sabía en la lejanía, era la forma de coquetearse. Los besos que se daban estaban tácitamente escritos en prensa y las dulces palabras se ahogaban en el mal café de cada mañana.

El sonido de los zapatos altos de Sara se escuchaban por toda la redacción, su sonrisa cálida, esa que no le negaba a nadie, era lo que mantenía vivo a Martín.

Sara por su parte, escuchaba la ronca voz de Martín cuando intercambiaba ideas con el resto de compañeros. Se deleitaba viendo como tomaba los libros y sonreía con ellos.

Ambos se veían delicada y cuidadosamente, pero ninguno decía nada.

Las miradas pícaras llegaron al tiempo, la atracción era inevitable, pero los dos sabían que debían terminar con ellas sin importar qué sintieran, pues de seguir con el juego, habrían daños a terceros…

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Un comentario en “Miradas cruzadas

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