Escribología

Insípido

Durante horas pasaba sentada en la orilla de la cama imaginando el color de las rosas de mi jardín, pensando en cómo lucían las margaritas en el comedor de mi vecina y tratando de averiguar cómo eran los famosos campos de tulipanes en Holanda. Según Mateo, mi hermano, él solo los había visto en internet, y no eran tan lindos como todos decían; sin embargo, yo había logrado identificar que su voz vibraba diferente cuando me mentía.

Me vestía a oscuras aunque el día fuera soleado y radiante. No sabía si en realidad el amarillo combinaba con el verde, pero los dos nombres me agradaban, uno sonaba a cariño y el otro a naturaleza. Tampoco podía terminar de identificar qué forma tenían los tacones, pero en definitiva adoraba el sonido que producían cuando caminaba por las calles.

Mis ojos no funcionaban como el del resto de mi familia, y Coco, mi perro, lo sabia perfectamente; sin embargo, los olores me bastaban y con eso ambos éramos felices. Teníamos muchos aromas favoritos en común y la pizza de cinco carnes era uno de ellos.

Al parecer mi vida era un sueño. Un sueño porque no estaba segura de la realidad en la que estaba viviendo. Escuchaba las noticias cuando trataba de cocinar la cena, pero no podía concretar qué estaba pasando a mi alrededor ni entender de un todo cómo el vehículo gris había impactado con el anuncio de Coca Cola y, claro, no hay periódicos con braile.

A lo lejos escuché la cita bíblica de siempre: “Te encantará”, y fue cuando recordé que no estaba en casa, sino en la clínica de Jonh, mi doctor.

-Te quitaré las vendas de los ojos en unos minutos, sólo no estés muy tensa- Me recordó con mucha fe y entusiasmo. Podía sentir la calidez de su voz. De repente repitió que la vista de su consultorio era la indicada para ver por primera vez.

Creo que mis manos estaban temblando, en realidad no solo lo creo porque estoy segura que temblaban y además, sudaban frío. Tenía miedo de todo, miedo de que lo común me pareciera extravagante, de que me agradara aquello no bien visto, o que el celeste del cielo no fuera del tono de celeste con que mi imaginación creció.

Hubiera deseado que Coco estuviera aquí en este momento. Él me hubiera entendido a la perfección… es que a Coco le gustan las cosas que Mateo dicen que no son normales.

De repente solté una sonrisa, de las pequeñas y tímidas. De las que salen entre dientes porque son solo para disfrute de uno y no de la sociedad. Era de esas sonrisas perfectas, porque sabía que solo yo la entendía a oscuras.

Sentí las manos de Jhon sobre mi rostro. Estaban templadas y olían a medicina. -Estás un poco inflamada del rostro, pero sigues viéndote hermosa-, me dijo mientras retiraba con delicadeza los harapos quirúrgicos de mis ojos.

Creo que notó mi incomodidad, pues a la larga ninguno de los dos estaba seguro si después de todo, ver era lo que quería.

Me sentí como cuando de niña los médicos colocaban una lámpara de luz fuerte frente a mí para medir la sensibilidad de mi vista. Supongo que se debía a que había pasado con las vendas puestas poco más de 48 horas.

John me preparó.

-Frente a ti hay un espejo, y al lado artículos con distintos colores tenues, para que no sientas tan brusco el color-, me alertó.

Por fin había retirado todo aquello de mi cara y escuché con atención cuando me dijo que probablemente vería borroso. Reí porque en realidad esa palabra no forma parte de mi vocabulario, pero asenté con la cabeza.

Abrí los ojos atendiendo celosamente las instrucciones de John. Pero no, no divisé los colores de nuevo, una vez más no sabré porqué la gente dice que el negro me hace ver pálida y me volveré a quedar con la duda sobre lo atractivo que todas dicen que es John…

No solté una sola lágrima, pero mi doctor sabía que estaba por estallar. Sentí su mirada penetrante, escuché como bacilaba al tratar de formar oraciones de ánimo y le pedí que callara.

Tomé un taxi, no sé si era amarillo, verde, blanco o café. Solo lo tomé. El conductor me hizo un comentario sobre lo oscuro que estaba el día y sorbe cómo el noticiero de las ocho había cambiado de set.

Dulce. Amargo. Ácido, Insípido. Sí, insípido sentía que todo se había vuelto y el sabor insípido era perfecto para describir el color de mi día.

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