Escribología

Sabor a chai

Tal vez nunca había estado tan segura de lo que quería, no desde la última vez que decidí cambiar el café caliente sin azúcar por un chai latte descramado.

Esta decisión se parecía a la última. Había dejado por un lado algo pesado y amargo, por algo más liviano, fresco y dulce. Al igual que esa vez, sonreí cuando acepté que el sabor y aroma era mucho mejor.

Con el café todo era más sencillo. Podía elegirlo en las mañanas para acompañar cualquier aperitivo o lo podía probar en el helado de la tarde. En la noche también estaba presente cuando después de tomarme la pastilla de las seis comía un dulce de café.

En cambio el chai era distinto. Por el momento lo encontraba solo líquido y la mayoría del tiempo lo prefería dentro de una taza grande con unas hojas de menta.

Tú eras como el café. Tenías esa versatilidad para encontrarte a donde fuera, pero al mismo tiempo me opacabas…

Y claro, encontrarme fue como el chai, aunque al principio costaba, con el tiempo descubrí que algunos complementos, como la menta, eran buenos solo cuando sabía con exactitud quién lo merecía.

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