Escribología

Luna

Casi todas las tardes veía a ese anciano sentarse en la terraza del edificio y observar el cielo, me resultaba intrigante su comportamiento, mientras el resto de internos se la pasaban fingiendo ser artistas, divagando, temerosos y queriendo ser atendidos, esta persona subía a la azotea y miraba el cielo como si de eso dependiera su vida.
Uno de esos tantos días en los que quería conocer su historia decidí seguirlo y preguntarle.

-¿Acaso ve usted algo allí que el resto no pueda?- pregunté con ironía.

El paciente viéndome sonrió y dirigió de nuevo la mirada al cielo.

-Así es- respondió – si usted viajara a otro continente y regresara a este, vería al horizonte con la certeza de que hay algo más allá del agua, ¿no es cierto?- preguntó.

-Si claro- respondí sin entender muy bien.

-Cada quien puede ver lo que uno ya conoce, dándole un significado distinto, aunque por cierto tiempo se pierda el recuerdo y el sentimiento por tal cosa-

-¿Qué es lo que ve?- pregunté, el cielo se había cubierto de nubes, esta vez el anciano me miraba.

-Hace unos años mis compañeros y yo fuimos los primeros en pisar la luna, en mis momentos de lucidez vengo aquí a recordarlos, porque ellos se han marchado ya- contestó.

Aquellas palabras de cierto modo me habían conmovido, alcé la vista al cielo, poco a poco las nubes iban descubriendo la parte a la que el anciano veía, algo brillante ya se lograba ver, la nube se alejó completamente, allí algo hizo clic en mi mente, varios recuerdos comenzaron a venir a mí, en ellos habían dos personas más, una mujer y una pequeña niña, en el último recuerdo estábamos los tres viendo la luna, se veía tan hermosa como la veía en ese instante.

-Algún día nos iremos a vivir los tres a la luna- fue lo último que le había dicho a mi hija.
Baje corriendo a alistar mis cosas, me dirigí con la enfermera y le dije que estaba listo para irme, hace dos años me interné a este lugar, luego de un accidente había olvidado todo, había olvidado a mi familia, la promesa que le había hecho a mi hija y aquella hermosa luna fue lo que me devolvio cada recuerdo.

Regrese a Guatemala donde había vivido hasta hace dos años, volví con mi familia, cada vez que puedo regreso junto con ellas a visitar al señor que viajó a la luna.

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