Escribología

Sus palabras…

Estaba justo a mi lado, yo estaba sentado escribiendo en mi cuaderno,
hablaba y hablaba, mientras yo finjía ponerle atención,
aunque en realidad solo pensaba en las ganas que tenía de lanzarme a sus brazos,
en las ganas que tenía de probar de nuevo sus labios,
en que quería sentir su tanco una vez más y allí congelar el tiempo,
pero eso no pasaría y sin querer las lágrimas comenzaron
a salir de mis ojos como cántaros desbordándose de agua,
me puse de pie, nuestras miradas quedaron a la misma altura,
calló al instante, me vió, mis ojos ardían, mi respiración estaba agitada,
decidí salir de la clase, antes de dar un paso, me tomó del brazo.

-No llores por mi – Voltié.

Respiré profundo -No lloro por ti – Dije -Lloro porque soy incapaz de olvidarte, lloro porque no puedo, lo he intentado, juro que lo he hecho, pero no puedo no verte con amor, no puedo desenamorarme de ti.

-Por favor, no llores- Noté lástima en su voz.

-¿Qué no llore?- Dije fingiendo una sonrisa y secando mis mejillas con la
manga de mi camisa -¿Eso te haría sentir mejor? – Pregunte -Porque si es así-
Jalé el brazo para liberarme de su agarre – lo haré – me detuve un momento
– Lo haré porque soy tan idiota, soy el completo idiota que aún te ama y que
hará lo que pidas para que estés bien, aunque yo este mutilando mi
corazón, aunque cada día se me dificulte ver la realidad, lo haré porque por
el momento no puedo no amarte.

Me giré y comencé a caminar, sabiendo que mi alma aún se quedaba a su
lado sostenida por su mano, sabiendo que no podía dejar de amarle, aún
no me resignaba a saber que no me amaba con la misma intensidad con la
que yo le amaba.

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Esa canción

En estos los últimos días te has convertido en esa canción, que aunque sabes que no es tu gusto y no deberías saberla, da vueltas en tu cabeza recordándote que allí está.

Le huyes de todas partes, tratas de ignorarla en el local del centro comercial, en la playlist que tus amigos te comparten y de la radio cuando vas en el carro, pero es inevitable.

Después de tantos intentos de tratar de sacarla de tu cabeza sedes y aceptas que te la sabes; sin embargo, no la cantas porque sigue sin gustarte.

Al final de cuentas no hay nada más qué hacer, porque sin notarlo ya la estás cantando mientras vas camino al trabajo y también la bailas como sino hubiera mañana.

Así eres tú ahora, necio y terco, testarudo y soberbio, obstinado y odioso, pero también persistente, firme y constante. 

Te conozco al derecho y al revés, y por eso no sales de mi cabeza, sé cuántas veces te quitaron la melodía y cuantas otras tuviste que escribirte de nuevo, tenía el registro de las notas altas y también de las bajas.

Quería olvidarte, claro que quería, pero a pesar de ser todo y nada te has metido en mi cabeza como esa canción.

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Poemas y canciones

Tu solo te diste la vuelta
No pensaste en los poemas
No pensaste en las canciones.

¿Por qué no te llevaste las letras?
¿Por qué no te llevaste las melodías?

Me dejaste con todo esto acá
Cariño, esto te pertenecía.

Me cansé de ver como no volvías por lo que olvidaste.
Y me di cuenta que la única forma de tenerte sin perderme
era quedándome con cada verso y cada nota.

*Para la última persona que me eligió*

-Carol-

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Saber volver

Desde la terraza del edificio más alto del Centro Histórico, le susurras al vacío tu deseo que yo vuelva; lo haces de esa manera para que el viento lo lleve hasta donde estoy y haga que mis pies empiecen a caminar hacia ti. Aseguras que sabré cómo hacerlo pero, te digo que desde hace mucho olvidé el camino de regreso y tampoco lo quiero recordar.

Espero que el celaje de este noviembre no te recuerde a mí y si lo hace tápate los ojos y los oídos. No dejes que el aire que trae este mes, te lleve esas palabras que le confesé cuando aún te extrañaba, esas que se quedaron trabadas en mi garganta cuando te fuiste sin decir adiós.

No volveré, no sé cómo hacerlo y no quiero saberlo.

Por favor, deja de hablar de mí con el frío, porque se cuela en mis huesos, me pone a temblar y me hace extrañar el calor que encontraba al estar entre tus brazos.

Dices, que sabré volver, pero aunque supiera hacerlo no lo haré y por favor tú tampoco lo hagas. Por más que te sepas el camino de memoria, por más que te hayas encontrado el mapa que escondí en la botella que tiré al mar esperando que un día la encontraras, no vuelvas.

Aquí, la vida siguió, aunque por muchas noches rogué que no lo hiciera, en silencio y sin saberlo avanzó llevándome al lugar donde encontré mi hogar y sí, es muy lejos de donde por última vez te vi.

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La caja de cristal

Dicen que existe una caja mágica que susurra al oído tus verdaderos deseos, los descubres para cuando te ha atrapado, te abriga mientras descubres la salida, hasta que agota cada parte, cada ser.

Se advierte transparencia voluminosa

Con esquinas punzantes y brillosas

Dentro oculta una carga ominosa:

ojos cansados muertos y manos callosas

 

La caja de cristal muestra tus deseos

Mas la calidez del sol no puede tocar

Se refleja toda evitando a los reos

Acarician las paredes, quieren escapar

 

En sus paredes rebotan cientos de lamentos

Mientras Estrellas de Belén tratan de ascender

Mas se enredan entre eternos aplazamientos

Pretenciosas, humildes…todas vuelven a caer

 

Sudor y lágrimas atraviesan distancias

En caminos de cobre y chispas inquietas

Se filtra la desesperación y las fuertes ansias

Se filtran las peores cóleras y rabietas

Golpea, golpea, a la hermética y tétrica caja de cristal, rasguña a la dura y fría, trata de escapar. No puedes acariciar el silencio, no puedes besar La Paz, la roe la máquina diabólica, se alimenta para siempre y tú caes en el limbo, entre serpientes sin Gracia, entre cuadros con cuadros y entre sonrisas borrosas.

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Hablemos del frío

A mí siempre me hablaron de vientos gélidos

De amaneceres arropados y noches de hielo

Me dijeron que un chocolate caliente era la solución a todo

Me dijeron que en alguna cama podría hallarse algún consuelo

Me aconsejaron tener siempre a la mano una buena película, un buen libro o un buen amante, solo por si hacía frío 

Pero nadie me hablo de adioses y despedidas

No me advirtieron del frío que a veces aprisiona el alma

Nadie me habló de ausencias y soledades, ni de amores eternos que duraban unas horas

Nadie me dijo que algunos besos dolían más que otros y que algunos brazos pueden llegar a extrañarse demasiado

No, nadie me advirtió de miradas ardientes que dejaban de ser tuyas

Ni de palabras sembradas en el corazón

Ni de indirectas que nadie entiende, ni verdades que nadie pronuncia

Nadie dijo que a veces los atardeceres en compañia se acaban y que luego ya los arboles no se ven igual

Que algunos lugares reclaman momentos y sonrisas

No me dijeron que hay ausencias  que también llenan de frío el corazón 

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