Escribología

La cura

Tengo un hueco entre la cabeza y el hombro, un espacio entre mis brazos y otros más entre las manos, y confieso que aún te guardo un lugar al lado izquierdo de la cama.

Que aunque el miedo te haya dejado sordo y ciego; y el olvido entre el ayer y el mañana, yo le sigo confiando mi corazón a tus manos y a la distancia tu voz recién despierta.

Me acostumbraste a tantas cosas y enseñaste a no ponerle tanta atención a otras. Fuiste mi cura.

La cura al silencio de mis cuatro paredes, al de la manía de verme las manos y contarme los dedos, a la desesperación de mañana y al frío entre mis piernas en verano.

La cura al dolor, al dolor físico, mental y externo. Al dolor del ruido que mi boca no sabe callar, al de mis pies que se cansan de buscar y al de mis ojos desvalidos por la mentira.

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