Escribología

Briss

Llegaba aquel día desolado en ambiente, pero abundante en recuerdos. La fría noche le provocaba hasta las más tenebrosas lágrimas a Briss, esa chica que sonreía para evitar que alguien se atreviera a preguntarle si estaba bien.

Nadie la conocía, ni su propia madre descifraba las tristezas que su hija ocultaba; aunque muchas veces Briss, solo quería encontrar a alguien que realmente entendiera su dolor. Muchas personas le daban consejos, pero no lograba sentir esa satisfacción.

Una noche como cualquier otro, llorando en su cuarto, el alma de su amado se posó a la par suya y en un breve suspiro ella lo podía sentir nuevamente, como en aquellos tiempos cuando esos brazos eran tan exactos a su cintura.

Y le habló: “¿Estás aquí?”, pero era la pregunta más absurda porque más que estar ahí, él vivía siempre en ella, ¿acaso el recuerdo la estaba haciendo olvidarle?.

Por más veces que lo recordara, su corazón se alejaba y él sabía que era tiempo de no volver. Justo en ese momento la sensación más irreal recorrió todo el cuerpo de Briss. Algo en ella estaba incompleto y más vacío que nunca, sus lágrimas fueron incesantes. Tanto que no dejó de llorar.

Amaneció y la madre de Briss corrió a la habitación de su pequeña, estaba atónita, no podía creer que en vez de lágrimas su niña tuviera dos ojos de sangre; la tomó entre sus brazos indicándole que todo marcharía bien. Briss sabía que no era así.

Pasaron los años y Briss no se recuperaba del abandono que el alma de su amado había hecho, y le preguntaba por qué se había ido, sin tan siquiera haberle dicho adiós. Nunca obtuvo respuesta.

Resignada que ese amor se había ido de su lado, decidió que quería quitarse la vida; pues esta le era ajena desde aquel momento que su amado se la llevó entre su maleta. Tomó un cuchillo, y sin mediar palabras, mucho menos pensamientos lo dirigió hasta su brazo, cuando de repente una fuerza la detuvo y ella podía sentir como esa fuerza se metía cada vez más dentro de ella.

Fue entonces que lo sintió y en vez de preguntar, sólo exclamó: ¡Has vuelto!, y su amado le contestó: “Nunca me fui, pero tú si me olvidaste”, ella casi sin palabras le explicó que sus argumentos eran falsos, ella lo extrañaba más que nunca. Sin más su amado le dijo que el abandono que ella había sentido era el del dolor y el resentimiento, sin embargo ella lo había confundido con él. Y era más que claro que ella quería olvidarse de él, pero temía que su amado retomara un mundo nuevo.

La explicación, dejó a Briss calmada y ella asintió como verdadera la teoría de su amado; solamente entre el viento ella lo liberó, se liberó ella. Sus almas ya no correspondían más al mundo, sino eran una sola, fusionadas entre el tiempo y el recuerdo.

Al parecer todo era un sueño, Briss despertó y cuando se levantó de sus aposentos se dio cuenta que el espejo no engañaba y su piel de porcelana no eran más que arrugadas carnes, caídas y flácidas. Su corazón se detuvo y lo encontró nuevamente, su amado la esperaba aún.


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