Buzón E, Escribología

Lo mejor que tengo

El día que decidimos pintar la línea que hoy nos separa solo sentí un profundo vacío que me devoraba desde adentro… desde lo más profundo, casi sentí como se formaban las lágrimas una a una dentro de mí;  como un torrente querían brotar con fuerza por los ojos, levanté la mirada y tome aliento, las detuve por dignidad, sentía como poco a poco me devastaba, pero no dije nada.

Como que un extraño nos observara me sentía yo, fuera del cuerpo viendo como tratábamos de luchar contra nuestro orgullo, te quería decir mi amor, baja la guardia, yo ya saque la bandera blanca, pero la pared que habías levantado entre nosotros ya  no me dejaba verte, no sé si estabas detrás de ella escuchándome o estaba hablando sola, no supe interpretar aquel silencio, no entendía si era porque querías callar o ya ni siquiera estabas allí.

Finalmente no pude más, mi cuerpo colapsó, el espíritu lo sostenía pero no pudo más con el peso de los recuerdos  y las heridas, la lluvia que tenía varios días cayendo sin parar carcomió las bases fuertes que me mantenían en pie y me desplome.

Por fin sentí un poco de paz, los músculos se relajaron y la tensión desapareció, cuánta tranquilidad sentí en aquel momento, casi sentí una sonrisa asomarse, ¿que estoy haciendo? ¡Finalmente me estoy dando por vencida!

No conocía aquella sensación, le tuve tanto miedo que hui de ella; salude a la derrota,

– corría de ti! le susurre al oído, ¿Por qué tardaste tanto en llegar?

-No me dejabas acercarme, me contestó.

La derrota venía acompañada, traía una amiga: La soledad…la vi con el rostro sereno y me entregue a su abrazo, sentí por fin en su regazo que tu partida era  lo mejor para los dos.

Desde aquel día sombrío me dejaste, pero la soledad me arropo de tal manera que ya no sentí tu ausencia, ella me enseñó a llenar todo el espacio conmigo misma, unió con amor uno a uno los pedazos en los que mi corazón se había partido, por fin volví  a estar entera, cuanto tiempo desperdicie acompañada, hoy que vuelves a cruzarte por mi camino… déjame entregarte lo mejor que puedo ofrecerte: mi soledad.

    Luna.

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Regina Mater

una pieza que se mueve

cabizbaja en el tablero

no sabe que conmueve

ahi, a la par del florero

decoración afelpada

oculta entre azulejos

no busca escapada

no haya hogar lejos

a la tortura llama vida

mientras aprieta cintura

siempre con tela raída

no hay para su costura

se deshila mientras teje

un manto pesado abrigante

ella siente le proteje

se luce también asfixiante

mientras las piezas se mueven

a su antojo por doquier

a veces sin querer la remueven

a ellos se aferra con poder

si, la fuente del poder

en la pieza cabizbaja yace

no teme nada verse roer

aunque su costura se aplace

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En el hueco de sus manos

ancha esa cama

espera entibiarme

contarme historias

de curanderas habilidosas

de caballeros que mueren bajo la lluvia

de niñas que pierden su vestido azul

es ancha esa cama

que se niega a moverse

mientras la casa se mueve

todos se mueven hacia todos lados

y la cama permanece postrada

en el mismo espacio

con las patas frías

llegas a la cama ancha

blanda y arrugada

que viaja a través de tí

hazle el favor y cállate

no es hora de tí

pero sin tí no es hora de ella nunca

luego podrá moverse pero no la verás nunca más

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