Escribología

Con letras desgastadas

De nuevo vuelvo con estas letras gastadas de tanto expresar y nunca llegar a su destinatario. Pero vuelvo. Lo hago porque es la única forma en la que aún confío, puedo decirte que te pienso.

No tengo ni la menor idea de qué es de tus días en medio de este encierro físico y mental. En el que nos enfrentamos a nosotros mismos, a nuestro silencio y esos gritos que por años callamos. No sé si estás cuidando tu salud y aprovechando el tiempo. Quizá estás cuidando de los demás o luchando cada hora por no desvanecerte.

Los meses se han hecho nada. Se escurren por los dedos. Se parecen a aquellos cuando recién te perdí. Cuando los minutos dejaron de existir y el tiempo se quedó suspendido en la nada. Así se sienten.

Por ratos pienso que sigo en marzo cuando la verdad es que estoy despidiendo a junio. Talvez cada que se trata de decir adiós te das el permiso de cruzar corriendo por las calmadas banquetas de mi interior. Te veo pasar. Escucho tu respirar y trato de entender qué es lo que dices con cada suspiro y me entran ganas de preguntarte:

¿Cómo pasan las tardes por tus ojos?

¿Qué colores llegan por las noches a tu mente?

¿Cuál es la melodía que resuena en su cuarto?

¿Quién es la persona a la que quisieras abrazar?

¿Te arde la soledad o la evitas con compañías virtuales?

Y sigo, sigo preguntándote al vacío sin esperanza pero con necesidad de platicarte. No lo hago con dolor, rencor o tristeza lo hago porque en el silencio llega tu voz y se sienta a contarme lo que fuimos, lo que vivimos, lo que tanto quise borrar.

La escucho atenta, porque ya no le temo a recordar.

Ya no duele. Ahora es esa caricia suave en el rostro que agradece ser aceptada. Me toca y me ve directo a los ojos y planta miles de preguntas para hacerte y aunque nunca las pronunciaré en voz alta las escribo con estas letras gastadas que no se cansan de volver, esperando ese instante en que el destinatario por fin las reciba.

“Hoy, igual que ayer, te echo de menos, pero ha pasado ya el huracán.
Tu mundo se me escurre entre los dedos pero nos quedan fuerzas para rodar”. – Colectivo Panamera- 
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