Escribología

Carta de cuarentena #2

No me atrevo a afirmar que mi ausencia era un disgusto entre recordarte y las letras. Pasé estos meses sin voltearlas a ver, sin derramarme en ellas. 

¿Por qué?, sigo sin entenderlo, sigo sin responderme. Quizá no quiero confirmar que al hacerlo te encuentro.

En este tiempo huí, corrí sin freno de aquello que fue nuestro. No volví a repasar nada. Acepté y seguí. Entendí que dejé muchas pistas por si querías venir y creo que por fin, tuve que repetirme que no lo harías y me fui.

En las letras me encuentro conmigo y no quiero que también me quites esto. Te llevaste mi sonrisa, mis días más bonitos, mi amor sincero, sí te los llevaste y los quemaste. Los intercambiaste por mi dolor más agudo, mi confusión y mi culpa. Pero se te olvidaron mis textos, los dejaste con tu olor al que le obsequiaste una d para que siempre que regresará a ellas olieran a tu rencor.

He llorado con ellos, también he odiado. Me han dado fuerzas, han sido mi refugio en esta odisea de olvidar, y sin duda son esa rendija donde aún puedo espiar el pasado que tanto he querido enterrar, pero que aún no me atrevo porque tiene los momentos donde más viva me he sentido.

No escribo esto para ti, o quizá sí, pero no importa porque lo hago sin miedo. Sí, no puedo seguir mintiendo que ya te olvidé y que no me encuentro perdida en ese callejón de los recuerdos. No quiero fingir más y si las letras lo expresan que sea así, que digan que aún estás aquí, que ahora que regresé, lo que menos espere ver eras tú. 

No voy a esconderme en mi silencio, quiero dejarlo en ellas, que sean testigos fieles de cómo son los años que aún no asimilo, que les he cambiado los 365 por 36, que en ellos no existen los meses, ni el presente.

No estoy mal, no estoy llorando, no estoy queriendo volver, solo estoy extrañándote. No tengo cuidado al teclar, no me importa si está mal, solo quiero decirles que aunque tú siempre vayas a estar, las tomo para mí y solo para mí, sí, ya no son para ti.

Muchos “no” hay aquí, pero es que son los que nunca me había atrevido a decir.
No, no te he olvidado, pero no te quiero ver venir. 

No, no te odio, al contrario siempre te amaré, pero no quiero saber de ti. No, no estoy segura que eso sea verdad, pero tampoco estoy lista para decirlo. 

No, no sé qué es de tu vida, pero tampoco es que no me importe y por eso deseo que este domingo 4 de octubre del año más loco, solo y desesperante, en este mismo instante cuando el todos los relojes de este pequeño país que berrea por esperanza marcan las 7:30, puedas pensar en mí. No se vale que solo yo lo haga, por eso, pido perdón anticipadamente, porque sé que el tenernos en la mente, no solo duele también pesa y dan ganas de tirar el orgullo, el tiempo y los errores y escribir un tímido “hola”.

Ya sé que no pasará, pero sí, hoy lo quiero desear.
Te dejo un abrazo y reafirmo mis letras para encontrarme y encontrarte en ellas, quizá un día te aburras y decides ya no venir a querer recordarme lo que fui contigo, sino que vengas a saber qué fue de mí.

Hasta pronto, querido amigo, hasta pronto, que ya entendí que nuestro reencuentro solo habita en nuestros textos.

Biffy

4 de octubre 2020.

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