Escribología

Carta de cuarentena #3

Para mí, para ti.

El suéter ha sido mi mejor amigo hoy. Me ha abrazado desde temprano y ha hecho que este viento que trae recuerdos no se cuele por mi cuerpo. Hoy todo sabe más a final, a ese último trimestre del año donde todo puede pasar o acabar, porque sí, todo pasa pero también acaba. 

Ayer volví a escribir y aquí estoy de nuevo, dejando que mis dedos se vuelvan uno con mis pensamientos y las letras. Aún no he decidido si esta carta de cuarentena será a para ti o para mí.

Hace unas horas recibí una llamada de mi mamá. Hablamos por un rato y abrimos el corazón. Es impresionante cómo con ella no pongo barreras y lo que no he dicho en voz alta, con ella hago una conferencia de experiencia. 

Conversamos de cómo desde el 2017 dejé de sentir los años. Enfrenté mi viaje a Chicago, mis últimos días en la universidad, el inicio de aquella historia que no sobreviviría al nuevo año. También repasé ese doloroso 2018 en el que me vi sola, el año en que lloré todas las lágrimas que tres personas tienen a lo largo de su vida. 

También me hizo recordar la angustia del proceso de mi gemelo, la lucha por seguir con mi tesis y la injusticia de querer hacer el bien. Llegamos al 2019, y volví a sentir el último beso y abrazo que me dio, mis primeras notas en artes, y claro, el regreso de mi felicidad, ahora puesta en mí y no en nadie más. Sí ese año fue genial, me fui al otro lado del mundo sintiéndome más fuerte que nunca y sin nadie a mi lado. 

Y por fin llegó el 2020, que no ayuda con esta pelea que tengo con los años, a los que les asesino los días y me quedo solo con momentos. Este que ya solo le quedan unos meses, no me ayuda a sentir que es real, porque el encierro, la desconexión física y la lejanía se devoró esas horas que hacen que recuerde que sí lo viví, que el año valió la pena. 

Me dijo con esa sabiduría que abraza pero también golpea que pude que el olvido me arropó para alejarme del dolor de estos años extraños. Y me pregunté ¿por qué a ti no te olvidé si ha sido una de las experiencias más dolorosas?

Contestó que es porque bajé a ese agujero y lo vi sin miedo, y aunque la nostalgia se encargue de recalcar que allí sigue el vacío, ya no duele. Fue agradable saber que fui valiente a pesar de que la oscuridad que allí encontré aún me estremece.

Más tarde mi amiga de Costa Rica me escribió, me preguntó cómo he estado y compartimos lo difícil que es el encierro, cuando uno es el único, de las personas con las que vivimos, que lo cumple. No es porque sean imprudentes, es porque ellos deben salir a laborar, mientras nosotras lo hacemos desde casa. Confirmamos esos arranques de desesperación que llegan de la nada y nos dominan y cómo siempre es necesario hablar con alguien más. Fue bonito reconectar con ella.

Estoy cansada, son las 3:58 y aún tengo notas por redactar pero quise escribirte, escribirme. No sé a quién va dirigida esta carta pero no importa, ahora ya existe. 

Estándar

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s