Escribología

El día que deje la pluma y el papel.

No fue el día que rompieron mi corazón dejándome de lado,
ni el día en que llorando pedí ayuda y me la negaron.

No fue la noche en que las estrellas dejaron de brillar,
ni cuando la luna una noche se fue y jamás volvió.

No fue en el ultimo suspiro de aquella criatura,
ni en el nacimiento de la bestia inmunda.

No fue en la caída de la ultima hoja de aquel álamo,
ni cuando al sembrar mi sauce la tierra se negó a cuidarla.

No fue cuando la oscuridad llego a mi paramo,
ni cuando los ángeles hicieron un festín en mi mesa.

No fue en la caída del muro que protegía a mi niño,
ni cuando el niño decidió ser quimera.

No fue en la fiesta de despedida de la vida que alguna vez quise tener,
ni en la larga caminata en busca del ocaso.

Ni siquiera fue cuando el color blanco tomo un significado doloroso,
ni la resignación de tener que mostrarme o desaparecer.

No fue ni en las almohadas inundadas de peces que buscaban salir de la red,
tampoco por los peces que aun esperan el momento de conocer la libertad.

Dejé la pluma y el papel, porque el tiempo es incalculable,
porque el tiempo es dolor,
el tiempo es agonía,
y quiero tomar las manecillas para retroceder la vida
o quitarle las pilas al reloj.

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