Escribología

La estación

La estación

Se encontraba allí sentado, sin nadie a su lado. La estación estaba vacía, era el único que viajaría ese día. Había llegado mucho antes de su hora de salida. Al parecer la ansiedad del viaje y el apresuro de dejar aquel lugar le jugaron mal. Y es que la soledad sumada con la espera son una muy mala combinación. La duda se insinuaba, sutilmente, buscando convencerle de renunciar al plan de viajar y seguir en aquella ciudad.

“Nunca vuelvas” era el nombre del destino que se lograba ver en el boleto, que no tenía retorno. Este era un viaje con un solo destino. Lugar al que todos llegamos, pero nunca convergemos. Ante aquella duda que le invadía, veía sus maletas, una al lado de cada pierna. Con algunos stickers como souvenirs, recuerditos que la vida misma le había regalado. Algunos que sin querer estaban allí, pero que con el tiempo adecuado (de la espera) a uno le basta para darse cuenta de que lleva cachivaches de más.

Dada la espera, era un buen momento para deshacerse de algunos elementos que solo pesaban, que ya no eran importantes, que solo fueron lo que ahora fácilmente llamaba “un instante”. Mientras apreciaba cada objeto, le bastó para recordar una última vez y ceder al olvido. El exceso de equipaje cada vez era menor. Y es que a veces llevamos tanto encima que nos acostumbramos a llevar cargas que ya no son necesarias para uno ni para quien quiera que nos encontremos en el destino.

Porque no hay forma de hacer que alguien sienta la misma emoción y éxtasis de aquellas cosas vistas y vividas, eso es un regalo solo de la experiencia misma. Contar las faenas y los desaciertos solo son pláticas del pasado que aburren incluso al narrador, como un monólogo repetido frente al espejo todos los días. Ya era hora de dejar las cosas atrás.

Así terminó, con los bolsillos de fuera, dejando las pulseras sobre la banca y las maletas junto a ellas. Con menos peso, menos ansiedad, listo para subir el primer escalón del tren, sin nadie que le diga “adiós”, sin nadie que lo espere en la siguiente estación, pero seguro de sí mismo, que esta vez no regresaba. Fue libre.

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