Escribología

Reescribir (nos)

Qué sabios fueron los años en discernir que hoy era el día que juntaría el valor para plantarme frente al televisor y proyectar una de nuestras cintas pendientes.

No sabía que acabaría llorando por el sentimiento que los protagonistas viven y me devolverían las ganas de escribirte e imaginar que te mentía para decirte la verdad.

Entre confesiones te diría que te quise, te quise tanto, que me habría encantado decirlo tomada de tu mano. Te diría que agradezco lo que me hiciste vivir y soñar, que esta noche de octubre levanto mi copa y brindo por esos amantes que no fuimos.

Te invitaría, amigo, a reordenar las letras para regalarnos un nuevo capítulo

con mayúsculas y minúsculas,

con puntos y comas,

con tildes y metáforas,

con oraciones y párrafos y así, reescribir nuestro adiós.

-Amarela-

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Distraída

Tus ojos me seguían y en mí se perdían; yo, distraída trazaba un horizonte paralelo e ignoraba tu mirada.

Sin saberlo compartimos aliento. Tú me abrazabas en silencio, sin tocarme por el temor a que me alejará.

Yo disfrutaba hablarte, compartirme contigo. Me gustaba saber que en el asiento de atrás estaba aquel tierno gigante que me hacía reír a cada instante.

Oh, cuánto quisiera volver el tiempo y voltear, voltear para fundirme en el turquesa de tus pupilas y por fin llegar a dónde, con tanto amor me esperaban.

Nuestras estaturas eran dos opuestos que se nivelaban con el peso de nuestros sentimientos; tan puros, tan sinceros, tan nuestros.

Inclinabas tu cabeza hacia abajo, me buscabas; por esas ganas de ver mis rulos danzar al compás de esta voz que te hacía sonrojar. Mientras yo, elevaba mis ojos y allí, en lo alto, te encontraba; tú siempre estabas.

La distancia que nos separaba la borrábamos son una inocente sonrisa que se dibujaba en los dos al momento de intersección. Sin fijarme, mi corazón saltaba al verte pasar, y se estremecía al escucharte hablar.

Oh, cómo quisiera regresar a esa época en donde en ti había un cálido hogar. Cada tarde salías a ver el sol pasar, a la espera que esta pequeña llamará a la puerta.

Lo hice, llamé, pero fue tarde, tú ya veías hacia a otra parte y yo me quedé sola, despidiendo la tarde.

-Amarela-

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Juntos

Cuando estamos juntos, repentinamente llega la primavera.

Sin darnos cuenta, del espacio entre nosotros, brotan hermosos lirios, tulipanes y gerberas. El ambiente huele fresco y las risas llenan el silencio.

Cuando estamos juntos, nuestros abrazos son esa fotosíntesis que nos reactiva, la que anhelamos cada día. Y, perdón si me gusta quedarme entre ellos pero, es allí, en la calidez de su amor, donde empiezo germinar.

Cuando estamos juntos, de mi sonrisa se rebalsa la felicidad, se esparce por mis ojos y hace que a todo lo que vea le nazcan nuevas hojas.

Cuando estamos juntos, el tiempo se detiene; hace trampa y siembra más minutos, los cuales, más tarde, forman el jugoso fruto de los momentos inolvidables.

Ahora, la distancia pierde su efecto cuando cierro los ojos y revivo nuestros encuentros; y es que al pensarnos juntos, también florecemos.

-Amarela-

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Intentos

Cierro los ojos para fingir que duermo porque llevo días sin hacerlo.
Cierro los ojos pretendiendo que al abrirlos todo habrá sido un sueño pero, no lo es.
Cierro los ojos, no sé si con querer o porque ya están cansados de llorar.
Quiero volver a empezar pero cierro los ojos y las lágrimas no me dejan pensar.
Cierro los ojos y al abrirlos todo sigue igual pero ruego a Dios por ver el sol brillar y por fin abandonar la oscuridad que dejaste en tu lugar.

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La ecuación

Hace 30 días que no sé nada de ti.

La misma cantidad de madrugadas que me he abrazado a tu recuerdo, pensando que me dará las fuerzas para seguir; vaya mentira.

Hace 30 medios días que me engaño con la idea de que pronto volveremos a sostener nuestros cuerpos.

Los mismos atardeceres que me he arranco las uñas de la desesperación de no verte llegar, llamar, escribir o hablar.

Hace 30 silencios que desconecté mi corazón para neutralizar el dolor de tu partida.

Las mismas noches que he dormido con las lágrimas, esas que cada mañana avisan que un nuevo número se avecina.

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Medidas de precaución

Ahora duermo boca abajo para no despertar con la ilusión de que estarás a mi lado.

Evito abrir los ojos muy rápido para no llorar al no encontrarte.

Ya no extiendo mis brazos para no sentir el vacío que tanto huele a ti.

Respiro profundo, tres veces, para que mi ritmo cardíaco vuelva a la normalidad después haber batallado con tu recuerdo.

Estiro mis piernas para asegurarme que no estés sentado en la orilla de la cama viéndome dormir.

Aprieto mis dientes para no pronunciar tu nombre y que mis oídos no se queden esperando que digas el pseudónimo con el que solo tu me nombrabas.

Aún no acepto que te fuiste, 
Aún cuesta pensar que en esto de extrañar, solo existo yo.

-Amarela-

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Febrero

A mí febrero me pesa. Me pone toda su carga en recuerdos. Vence las piernas y el corazón.

A mí febrero me duele. Sin piedad abre las viejas heridas por donde sale todo el dolor, las lágrimas y las palabras que callé.

A mí febrero me da miedo. Pensar en aquel oscuro lugar donde viví hace 12 meses y donde solo tu nombre podía pronunciar, me pone a temblar.

A mí febrero me arranca las ganas de continuar con esta distancia entre tú y yo, pero sé que esa es la mentira que trae este mes pero que hoy se lleva.

A mí febrero me mantenía con vida a costa de mentiras y una estúpida esperanza de verte regresar.

A mí febrero me sigue escupiendo sin consuelo y es que febrero sin ti, me sabe a cualquier insípido día.

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