Escribología

En tu almohada

Hazme un espacio en tu almohada que quiero hablarte mientras nos perdemos viendo al techo.

Quiero caber en tu espacio y calmarnos con el acto de sentirnos respirar

Acostar nuestras mentes y dejarlas descansar.

Darle vuelta a la almohada cuando se canse de cargar con nuestros dilemas y que se embriague con nuestro olor.

Hazme un lugar a tu lado que quiero disfrutar del silencio de entendernos.

-Amarela-

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Fuiste luz

¿Qué hago si contigo, por primera vez, conocí lo que son los colores?

¿Cómo se supone que se enciendan mis días si tú no estás?

Antes de ti solo conocía la oscuridad, el negro profundo; por esa razón nunca me cansaba de decir que para mí, tu fuiste luz.

-Amarela-

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El único secreto

Extrañar era su mayor secreto. No pasaba un día sin que le abriera la ventana a ese recuerdo y lo dejaba volar por donde quisiera. A veces se posicionaba en los ojos, en las piernas, en los labios, o en las uñas. Otras en el estómago, pero su lugar favorito era la garganta; en donde revivía esa sensación de tragarse lo que nunca dijo.

 Al terminar su recorrido siempre lo tomaba para esconderlo; no quería que nadie supiera; es de ella y solo de ella.

Hace unas tardes atrás me invitó a tomar el té. La actividad que disfruta cuando los rayos del sol bajan e invaden toda su sala del color salmón que tanto ama. Me sirvió en una taza de color azul mar; ella bebía en una de cerámica amarilla. Después del primer sorbo de aquella infusión de frutos rojos, me reveló el porqué de la invitación. 

Dijo que pronto se iría a tomar los colores del cielo que la llenaban de paz y felicidad, pero antes de hacerlo quería confesarme el único secreto que conservaba.

De pronto, todo se pausó. No supe qué hacer, solo callé. Me señalaría un lugar para que cuando ya no estuviera, allí buscara su secreto. 

Se acercó a mi oído y con mucha cautela me dijo, “lo guardo en el único sitio donde sé que él lo buscaría: en mis calcetas porque ese fue el último regalo que me dio”.

Su mirada pronto se perdió en el vacío de la habitación, pero se encontró en los recuerdos. Sostuve su mano con fuerza, besé su frente y prometí que guardaría ese secreto que tanto cuidó, por si un día su amado volvía.

-Amarela-

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Confirmar tu felicidad

Me encontré aquel viejo sentimiento en el que el estomago, la boca y las piernas se llenaban de luciérnagas. Esas que nos robaban el aliento e iluminaban nuestras caras con solo vernos. 

Leí sobre aquella cita que nunca tuvimos. “Comemos un helado, buscamos tiendas de antigüedades y caminamos por las calles emprendidas viendo el atardecer sobre el volcán”. Te juro que volví a estremecerme y a lamentar que no lo hiciéramos.

Volvió el pesar de tu desaparición, de no saber si estás bien o qué fue de ti.

Volvió esa inquietud de querer recordarte que aunque no sé nada, siempre te pienso y recuerdo con tanto cariño.

Escuché el disco que me regalaste, aquel que le pediste al artistas que lo firmará para mí. Lo guardo porque es lo único físico que tengo de ti.

No creas que en mis cumpleaños no te pienso; no olvido cómo siempre nos regalábamos un postre para celebrarnos. Aunque no estés, en silencio sigo celebrando tu vida.

Te escribí con la ilusa idea de que recibirías lo que me pasó al repasar nuestros momentos juntos y que nos volveríamos a conectar, pero es como hablarle a alguien que no existe. 

Te he buscado,

He preguntado por ti, pero casi nadie sabe nada. 

Y duele no saber cómo estás, no saber si, lejos, estás feliz.

Pero me detengo, porque ese pensamiento pesa mucho y te imagino libre de tus demonios, dando todo ese amor que quedó pendiente, usando tu gigantesca creatividad e impactando a todos con tu forma de ver la vida.

Me gusta pensar que estás mucho mejor lejos de este país; que tienes a personas que te aman y te acompañan cuando no puedes más. Que tienes a tu familia y la comida que tanto extrañabas. Sí, quiero que sea verdad.

Aunque estemos a 2097 kilómetros de distancia me tienes pensándote, extrañándote y muriendo de ganas de que un día pueda confirmar tu felicidad.

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Lo desconocen

Nadie valora el otro lado. 

Nadie se fija en las miles de veces que no le diste importancia a todo ese desprecio y silencio que recibiste 

Nadie nota cómo lo hiciste, porque la persona era importante, tanto que no querías sacarla de tus días.

Aguantaste sus tiempos,

Aguantaste su ausencia,

Allí estuviste para escucharla, para abrazarla, para acompañarla y animarla, pero ahora que todo acabo nadie lo recuerda. Quizá nunca lo vieron de esa manera.

Solemos medir el amor con las acciones que nosotros consideramos que lo reflejan o peor aún, aquellas que deseamos que hagan por nosotros. Con cuantas partes del otro cuerpo tocamos o las veces que se besaron. Pero no siempre es así.

 ¿Qué pasa con todo ese esfuerzo que alguien hace para volver?

¿Qué pasa con la fuerza de seguir adelante a pesar del riesgo de dañarse? 

¿Qué pasa con querer compartir lo importante con alguien sobre todos los demás? 

¿Qué pasa con todas esas veces que te mordiste los labios y apretaste tus manos para contener las ganas de acercarte? 

¿Qué pasa con la sinceridad? 

¿Eso no es amor? ¿Eso es poco? ¿Eso no vale?

Quisiera que voltearán a ver, una última vez, aunque duela, todo lo que no vieron la primera vez. Que examinaran con cuidado eso que hiciste a solas, esas batallas internas en nombre del amor, pero un amor diferente, del cual no me queda duda, muchos desconocen. 

-Amarela-

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Bailemos

Ven, baila conmigo

porque una despedida no tiene que inmovilizarnos. 

No le demos gusto de querer tirarnos al suelo y vernos llorar.

Bailemos y sigámonos adiós sonriendo y al ritmo de esta canción que nos acerca más que nunca. 

Nuestros pies se coordinan con la mirada

Nuestras manos por fin encuentran el lugar al que siempre pertenecieron; ya no están perdidas

Bailemos con el tiempo haciéndole creer que entre nuestros pasos será eterno. 

Ven, acercarte

No necesitamos decir mucho pues nuestra conexión nos hablará de otras formas que ni una separación podrá descifrar.

Solo nosotros sabremos que intercambiaremos, talvez será un gracias, un perdón, un te amo, quizá un quédate o un ¿lo volvemos a intentar?

Ven, no tardes

hagamos de este último baile, el mejor.

-Amarela-

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De colores

Me cansé de pensarte triste, cabizbajo y azul.

Hoy quise imaginarte feliz, saltando, bailando de alegría y cubierto de colores vibrantes. Porque así te sentí, porque así te conocí.

Talvez no lo notaste pero tú me contagiabas las ganas de moverme, de reír y hasta de cantar.

Talvez no te diste cuenta pero dentro y fuera de ti estás lleno de amarillos, rojos, verdes, morados, naranjas y plateados.

Aunque hay tonos oscuros solo resaltan esos pedazos de color que motivan a los que te tienen cerca.

No importa si no te has fijado, solo quise recordarte feliz, porque algo en mí pide cada día porque eso esa una realidad en ti.

Pido porque los días te encuentren haciendo movimientos torpes, sonidos raros, y riendo muy alto, que te pasen a saludar y que envidien tu felicidad.

-Amarela-

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Con letras desgastadas

De nuevo vuelvo con estas letras gastadas de tanto expresar y nunca llegar a su destinatario. Pero vuelvo. Lo hago porque es la única forma en la que aún confío, puedo decirte que te pienso.

No tengo ni la menor idea de qué es de tus días en medio de este encierro físico y mental. En el que nos enfrentamos a nosotros mismos, a nuestro silencio y esos gritos que por años callamos. No sé si estás cuidando tu salud y aprovechando el tiempo. Quizá estás cuidando de los demás o luchando cada hora por no desvanecerte.

Los meses se han hecho nada. Se escurren por los dedos. Se parecen a aquellos cuando recién te perdí. Cuando los minutos dejaron de existir y el tiempo se quedó suspendido en la nada. Así se sienten.

Por ratos pienso que sigo en marzo cuando la verdad es que estoy despidiendo a junio. Talvez cada que se trata de decir adiós te das el permiso de cruzar corriendo por las calmadas banquetas de mi interior. Te veo pasar. Escucho tu respirar y trato de entender qué es lo que dices con cada suspiro y me entran ganas de preguntarte:

¿Cómo pasan las tardes por tus ojos?

¿Qué colores llegan por las noches a tu mente?

¿Cuál es la melodía que resuena en su cuarto?

¿Quién es la persona a la que quisieras abrazar?

¿Te arde la soledad o la evitas con compañías virtuales?

Y sigo, sigo preguntándote al vacío sin esperanza pero con necesidad de platicarte. No lo hago con dolor, rencor o tristeza lo hago porque en el silencio llega tu voz y se sienta a contarme lo que fuimos, lo que vivimos, lo que tanto quise borrar.

La escucho atenta, porque ya no le temo a recordar.

Ya no duele. Ahora es esa caricia suave en el rostro que agradece ser aceptada. Me toca y me ve directo a los ojos y planta miles de preguntas para hacerte y aunque nunca las pronunciaré en voz alta las escribo con estas letras gastadas que no se cansan de volver, esperando ese instante en que el destinatario por fin las reciba.

“Hoy, igual que ayer, te echo de menos, pero ha pasado ya el huracán.
Tu mundo se me escurre entre los dedos pero nos quedan fuerzas para rodar”. – Colectivo Panamera- 
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Otra mirada

Pude ver una tristeza distinta en su mirada. No era la misma que desde hace un tiempo la acompañaba.

Noté que algo en ella se apagaba. Mezclaba el dolor; le ardía.

Era como si algo dentro se estuviese desvaneciendo, pues ya no tenía ese brillo sus ojos, ahora todo era opacidad.

Por ratos fruncía el ceño pero un suspiro le vencía.

No me atreví a preguntar qué pasaba porque cuando la volteé a ver, tan triste y resignada, algo dentro de mí también se partió.

Sentí la rabia de un adiós que ya ni pronunciaba porque las fuerzas eran escasas.

Recibí el golpe de todos esos momentos en los que anheló un perdón que nunca llegó.

Se me quebraron las piernas al tratar de soportar el peso de aquella ausencia que cargaba a cuestas.

Y sin más, desde ese día ya no fue la misma. Algo cambió.

La vi alejarse de lo que alguna vez llenó su corazón para entregárselo a esa tristeza que arrancó todo lo que era.

Perdóname, perdóname por favor.

Juro que quise sosternela pero ella ya no habitaba en sus ojos. Lo supe cuando al cruzar miradas vi cómo por dentro se quebraba.

-Amarela-

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Antes del atardecer

Ni las lágrimas me salen, mucho menos las palabras para mostrar lo que llevo dentro.

Es duro pensar en todo lo que pudo cambiar si tan solo hubiéramos sido valientes y saber que esa era nuestro única oportunidad de estar juntos. Pero éramos jóvenes y pensamos que la vida nos permitiría conectar con más personas en el futuro. ¡Qué tontos e ingenuos fuimos! pues han pasados los años y aún sigo imaginándote cuando doy un beso. Cuando abrazo por unos segundos de más a alguien.

Te sigo imaginando en sueños y a veces me estremezco al ver a alguien con tu altura o cuando en otra persona se dibuja la forma en la que tus ojos se hacía más pequeños al sonreír.

Hay momentos, justo antes del atardecer, cuando entre las nubes se cruza tu recuerdo o esos pequeños detalles que dejaste grabados y escondidos en lo más oculto de mi ser: la forma en cómo, suavemente tocabas mi rodilla, o aquel beso en el hombro izquierdo.

Es en esos instantes donde resuena aquella vez que susurraste que me querías. Llegan sin previo aviso esas cosas insignificantes que en ocasiones quisiera que se borraran pero siempre vuelven.

Va cayendo la noche y cada vez que salgo al patio nos veo abrazados, sin ganas de soltarnos porque la conexión que sentíamos era algo que daba vida incluso en la oscuridad.

Odio pensar que sigo guardando la esperanza de volver a hablar contigo de esto; que podremos platicar y ponernos al día sin rencores, quitándonos toda la piel que le hemos puesto a las cicatrices de lo que sentimos.

Vernos la sangre pasar por las venas y arterias, los pulmones sostener los suspiros que acumulamos todo este tiempo y por fin exhalarlos. Vaya idea loca la que sigue latiendo, y en cierto punto hoy me enoja verla de pie.

Quisiera poder ver cómo sería todo si hubiese pasado de diferente manera. Juro que te habría dicho que te amaba las millones de veces que las callé, te tomaría de la mano y te abrazaría por un año entero, te besaría cada lunar y peca de tu rostro y aunque ambos sabemos que los ojos no dicen nada, los vería fijamente para que los míos les confesaran que en ellos se pierden.

Pero de nuevo, ya llegó la noche, y este es otro texto que se queda con las ganas de hacerse realidad.

Amarela

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