Escribología

La conexión

La conexión sigue latente. Parece que no sabe que hace dos años no nos vemos ni la espalda. A ella el tiempo no la visitó, y no nos puso en pasado cómo lo hicimos tú y yo.

La conexión llega con la dosis exacta de recuerdos para que nos pensemos. No respeta fechas ni horarios. Pica por todo el cuerpo y desespera. Nos pone en la mente del otro cuando cerramos los ojos, cuando vemos el atardecer, cuando entre libros nos queremos perder o en otros labios queremos renacer.

Se roba las horas de sueño y pregunta qué fue de nosotros. Sin recibir una respuesta concreta derrama todos esos momentos que escribimos en silencio, con abrazos, con sonrisas y muchas melodías. Nos hace recordar y extrañar.

Nos sincroniza sin que sepamos. Nos regala el querer saber del otro, algo que ambos escondimos en lo profundo del olvido.

Ahora entiendo que no soy solo yo, es ese lazo que no hemos roto porque no encontramos las tijeras para cortarlo, para soltarnos.

La conexión se ha encargado de ocultarlas en ese cajón donde decidimos olvidarnos; al que juramos nunca regresar. Pero sabe que tarde o temprano llegaremos al lugar, con temor abriremos y tomaremos todas las cartas sin remitente, sabiendo que son para ti, que son para mí y leeremos lo que en el corazón no pudimos retener, eso que se desborda cada vez que nos pensamos.

Y entre letras nos hará encontrarnos; reconocernos sin vernos; abrazarnos sin sentirnos, extrañarnos sin decirlo.

La conexión sigue latiendo dentro, en este suspiro que aún llevo en el pecho.

-Amarela-

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Fragmentos

Los recuerdos se van desintegrando. Cada vez sin menos. Solo vienen fragmentos. Quisiera que llegaron completos. Detener esta distancia que los rompe a cada segundo, pero creo que no puedo hacer nada al respecto.

Ya no recuerdo mucho tu voz, de mi mente desvanece tu rostro y tu sonrisa escondida. Solo quedan pedazos de lo que compartimos.

Supongo que debo aceptar que lo nuestro ya pasó y no volverá, pues ya es una emoción extinta que trato de revivir hasta con las uñas.

Aún quedan algunas bromas, algunas conversaciones ordinarias de las cuales no me explico porqué las recuerdo a la perfección.

Todavía están nuestros helados en el balcón, viendo caer la noche, nuestras discusiones y los silencios, que tan frecuentemente, me dabas.

Duele, pero sé que los días continuarán llevándonos, de a pocos, al lugar en el que nadie recuerda y allí, amor, seremos eternos, pero no lo sabremos.

(18 de julio 2018)

-Amarela-

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Colapso

Podrán decir que exagero al decir que el descontrol de mi ritmo cardíaco es porque ya no estás cerca, pero es que mi corazón no supo qué hacer sin tu presencia.

Late con más fuerza luchando para que no te vayas de adentro, pero ante esa batalla que ya está perdida, pierde el control y se desvanece.

Podrán decir que exagero cuando digo que tiemblo con solo pensarte; que mis ojos tienen alergia de tanto llorarte; que mis suspiros me roba el aliento y siento morir al ya no saber de ti.

Pero no lo hago, no exagero.

Desde que ya no estás una parte de mi cuerpo se rinde y deja de funcionar como lo hacía antes, cuando con verte se triplicaban las ganas de vivir.

No sé cuanto tiempo me queda, no tengo idea de cuántos órganos más desfallecerán, por eso escribo esto, porque pronto ni mis manos servirán.

Decidí ya no pensarte,

no sentirte,

no pronunciarte,

no llorarte,

no suspirarte

Pero mi cuerpo se empeña en gritar que te quedes; sin saber que tú, tapándote los oídos, desde hace veinticuatro meses, huiste a la dirección contraria.

-Amarela-

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Enero

Aquella tarde, del último sábado de enero, tus labios guardaban un sabor a café y a cigarrillo el cual aún no puedo olvidar. Vine a mi mente cómo luchábamos por encontrar el lugar correcto para colocar nuestras manos.

Temblábamos.

Nuestras bocas, por fin se presentaban; con timidez, pero poco les bastó para crear su propio idioma.

Los volcanes nos miraban, el vecino saludaba, mientras, tu cuerpo y el mío confirmaban que sí encajaban.

Aún no puedo olvidar la banca donde nos sentamos y sin decir una palabra nos abrazamos. Fue en esa hora, minuto y segundo exacto en el que fuimos libres. Éramos solo tú y yo, brillando.

De fondo se escuchaba la voz de Diego Cantero danzando con la de Bebe. Parecía como que ellos le hubiese escrito una canción al temblar que causaba reconocernos la piel. El lamento en sus voces sabían muy bien que en unas horas nos despedirían.

Recosté mi cabeza en tu pecho. Escuché como se sincronizaba tu ritmo con el mío. Solté unas lágrimas, porque fui muy feliz, pero al mismo tiempo supe que no volveríamos a estar así.

En mi lengua aún saboreo aquel beso que solo en sueños había probado. Mi espalda todavía posterga la memoria de cuando nombraste cada uno de mis lunares. Se rehusa a difuminar tus manos y las mías entendiendo que juntas, despertaban todos los anhelos en suspiros.

Mi mente te revive, estando de rodillas, a un costado de la cama, explicando porque se aceleraba tu pulso cada que estábamos juntos. Liberando lo que por meses llevabas dentro. Confesaste que lo supiste desde aquella mañana en la que con nuestra conversación paramos el reloj.

Enumeraste las cosas que te gustaban de mí, tomaste mi mano y con la mirada más sincera declaraste que nunca te habías sentido así. Me abrazaste, te abracé y deseé mudarme para siempre a ese espacio que sobraba entre los dos. Pero nuestras sonrisas se rebalsaban de nuestros rostros y salimos a presumirlas por aquellas calles empedradas.

Me invitaste a un atol de elote y frente a Dios te enseñé el daño que dejaba el tsunami de mi dolor. Le puse voz al amor que hacía repetír tu nombre. Te mostré mis heridas porque no era perfecta y la confusión me había arrastrado. Despacio te susurré que te amaba y entre llantos te invite a quedarte.

El silencio se instaló….

El tintineo de nuestros corazones interrumpió.

Nos vimos destrozados por un amor que se ahogó en tanto dolor, pero que sin avisar se impregnó en cada célula de lo que somos. Aquí sigue, pues a dos años de nuestro adiós aún sigo sintiéndote por todo el cuerpo.

No te imaginas cuántas veces he deseado que nunca hubieras dicho que me esperarías así no tendría la puta idea de que volverías. Qué suerte la tuya que supiste olvidar.

-Amarela-

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Borrarnos

Aún recuerdo que fue un 26 de diciembre cuando te fuiste con una maleta llena de ropa y de nuestras ganas de estar juntos.

Por siete días me mostraste cada rincón de aquel pequeño paraíso en el que te refugias con tus amigos. Me llevaste contigo. En el agua contemplabas mi rostro. Estaba allí, a tu lado.

Al dormir me hacías un espacio para acurrucarnos y encajar, como dos piezas de rompecabezas, en la misma cama. A puros abrazos nos quitábamos el frío invernal que hizo aquel último mes del 2017.

Luego de hacer el desayuno me tomabas de la mano y caminábamos por el muelle. Nos perdíamos en el horizonte de aquella inmensidad que encontrábamos en nuestras miradas y en nuestro silencio decía más que todas las palabras alguna vez pronunciadas.

Fuimos eternos

Fuimos honestos

Fuimos dos y uno, al mismo tiempo.

Ahora volviste, pero sin mí.

Llegaste a borrar nuestro olor de cada espacio que juntos recorrimos,

los besos que nos dimos

el papilar que sentimos

Ese temblor que nos estremeció cada que nos acercábamos

Volviste para olvidarnos

Volviste para ahogarnos en la profundidad de aquel lago que cura hasta la peor de las heridas.

Volviste para borrarnos.

-Amarela-

(26 de diciembre del 2018)

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La constante

Te robaron tu hogar, tu visión, tu raíz, pero seguiste.

Te pusieron trapos encima y quisieron arrancarte la melodía de tus palabras, solo porque no la entendían, pero seguiste.

La dictadura llegó, te encerró y calló, pero seguiste.

Explotó la guerra, tú sangre corrió como ríos por los suelos, pero seguiste.

La peste vestida de democracia apagó la única luz de igualdad que tuviste y su hedor se instaló, pero tú, querida, seguiste.

Esta llamó a las ratas que pronto empezaron a subir de escalones; crearon su imperio con cuellos blancos y sacos largos que ocultaron sus colas mientras carcomían tu dignidad pero sí, tú seguiste.

Caras desconocidas vinieron con las mismas promesas vacías que todos te han hecho. Cansada y con un poco de esperanza quisiste que esta vez fueran ciertas.

Sin querer bajaste la mirada y viste los zapatos de payaso que traían, volteaste rápidamente y viste sus narices rojas, sabías que su truco barato te había engañado, pero tú, amada, seguiste.

Ahora que viene el desprecio de tu pueblo, la misoginia, la mentira, y la misma porquería sé que tienes miedo, que estás agotada de tantos años de dolor y sufrimiento, pero también sé que aunque te caigas a pedazos tú sabrás cómo defenderte y seguirás.

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Islandia

Tus ojos no volvieron a ser los mismos desde que las viste, desde que con tus manos las quisiste tocar para comprobar que eran reales.Tratas de describir sus colores, pero los destellos de las auroras boreales son indescriptibles; trazan el camino por donde debes andar y te pintan las paredes de los recuerdos de sus tonos para que nunca te olvides de avanzar hacia ellas.

Aquellas montañas, que ni siquiera las pudieron imaginar los que escribieron las historias que nos cuentan antes de dormir, cautivaron tus pasos. Al recorrerlas te detuviste y como un niño te sacaste los calcetines y en medio del frío abrazador dejaste que tus pies desnudos sintieran su tierra, sus piedras, su vegetación. En ese mismo instante el cielo celeste con su velo de nubes musicalizó el momento. Allí te viste con el suelo y fueron uno solo; el silencio armonioso te acompañó y juntos se contemplaron como dos enamorados.

La quebrada de agua rodeada de piedras negras, lisas y puestas de una manera casi perfecta se colocó en tu corazón mucho antes de conocerla. Al estar frente a ella, tus lágrimas cayeron sincronizadas a su ritmo, juntos se alegraban de su encuentro y tu corazón, sin duda, se paró unos segundos de sentir su brisa en tu rostro.

Las palabras continuan su maratón por alcanzar lo que viviste y poder vestirlo con letras pero, parece que todavía son muy lentas y a veces las piernas no les dan. Sin embargo, para mí es más fácil, lo puedo leer en tu mirada, lo puedo sentir en tu sonrisa y lo puedo escuchar en tu silencio de asombro. Lo vivo a través de ti.

Cada parte de tu cuerpo trajo los sonidos, los paisajes, los colores y las emociones que el otro lado del mundo te obsequió. Mírame, mírame fijamente, quiero seguir caminando por donde pasaste y conocerte sin hablar.

-Amarela-

(13 de octubre 2019)

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