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Nuestra celebración

Carta de cuarentena #9

(Esta carta de la dedico a vos, cumpleañero no cumpleañero).

No recuerdo cuando empecé con esta tradición de felicitarte un mes antes de tu cumpleaños. Tengo presente que el primer año fue por error. Talvez estaba muy nerviosa de hacerlo que perdí la noción del tiempo. Quería ser la primera en saludarte, desearte todo lo lindo y que pasarás un día lleno de abrazos. Lo hice, pero con 31 días de antelación. 

Me respondiste muy amable, dijiste que me agradecías pero que era en diciembre. Solo pude llorar de la risa y ver cómo nacía una fecha especial entre los dos. 

Desde ese momento, todos los años te escribo el 11 de noviembre, asegurándome de ser la primera persona que celebra tu vida. Parece tonto, pero realmente lo disfruto. 

Hace tres años lo olvidé y me escribiste sorprendido del por qué no llegué puntual a nuestro encuentro. Lo enmendé tres días después, pero se quedó un vacío en el calendario del 2017. 

Las distracciones de ese tiempo ya se fueron y no van a volver, así que hoy sumamos otro año más en celebrarte un mes antes, y es que quizá, eso hace que el atardecer de cada 11 de noviembre se llene de colores más vivos. 

Aquí te dejo mis felicitaciones y gracias por seguir viniendo puntual a este falso cumpleaños que significa tanto. Que los momentos duros que has pasado este año no apaguen tus ganas de salir a comerte el mundo, que las personas que no están a tu lado fisicamente las sientas en cada paso que das y que no olvides que siempre estaré esperando pacientemente a que vengas a contarme tus aventuras. 

-Amarela-

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Preguntaron por ti

Sí, preguntaron por ti, directo y sin rodeos, preguntaron por ti.

Después de tres años tuve que retroceder el reloj y contar el triste desenlace de lo que fuimos. Y es que una de mis mejores amigas se quedó sin saber qué fue de aquella duda que ardía en mi corazón, cuando en medio del aeropuerto me pidió saber la historia detrás de mi mirada perdida.

Las preguntas siempre me ponen a dar tambalear sobre un limbo que no sé nombrar.

Preguntas, preguntas y más preguntas.

Preguntan por ti

pregunto por ti

¿preguntas por mí?

-Amarela-

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Carta de cuarentena #1

Hola.

Empezar a escribir siempre es difícil, pero como diría uno de mis maestros “la página en blanco la mata escribir algo”. Así que aquí me tienes calentando las manos para que te cuenten lo que ha pasado.

Es un viernes particular. No sabe a viernes, pero eso no le quita que lo sea. Amaneció más tarde de lo normal. Me di el permiso de quedarme más horas en la cama. Quizá sabía que llegarías a ocupar mis minutos y necesitaba fuerza.

Así empecé el día, pensándote. Tratando de recordar la última vez que leí algo de ti y para mi sorpresa no lo pude nombrar. Supe que tu hermana estaba luchando y a veces no puede más. Me pregunté, cómo estarías tú; qué será de ti en esta cuarentena. Me creí fuerte y quise leerte.

Primero confirmé que hace meses no estás en redes sociales; algo tan tú. Sin más preámbulo y sin pensarlo tanto empecé a leer tus últimas entradas. Las dudas saltaron. ¿será que este texto es para mí?, ¿habrás leído algo de mí?. En fin, las ignoré y seguí entrando en tus letras.

Terminé y creí que dentro no se había estrujado nada, pero solo era el efecto tardío, pues el corazón y el recuerdo quedaron destrozados y me suplicaron que te escribiera.

El enojo de seguir viendo los días pasar y que sigan sumando más kilómetros a la distancia, me invadía el cuerpo. Me ardía, porque cada 24 horas nos transformamos en dos extraños que pronto no se reconocerán ni en recuerdos.

Pasé un rato evadiendo el sentimiento de extrañarte, pero sabía que me iba a consumir si no lo sacaba. Y decidí escribir la primera carta de cuarentena. Sí la primera es para ti.

Es irónico lo sé, porque siempre vienes de visita a mi mente, pero nunca me dejas verte.

Bueno, déjame contar que en este tiempo dentro de casa he repasado aquellas sendas que caminamos juntos. Volví a ver las pocas fotos que me quedaron del pasado. Escribo mucho y vuelvo a leer lo que te he dicho con letras.

He de confesar que tu ausencia le ha robado el color a nuestras voces, le succionó las notas a aquellas canciones que era nuestras. He de decirte también que he soñado con volver a contarte cómo estoy.

Sabes, lo que más extraño es nuestra amistad. Hablar de cualquier cosa, sin pena y aprenderte algo o explicarte lo poco que sé y que realmente te interesara.

Quisiera saber del hospital, tu tesis, tu familia, tus amigos, tus planes, tu novia, tus miedos y lo que extrañas. Me gustaría contarte que ya no soy la misma de hace tres años. Ahora ya no soy esa amiga que fui contigo. Esa que te pareció rara, pero que estaba pendiente de ti. Esa ya no está.

Ya no regalo mi cariño y amistad a cualquiera, pues si algo me ha enseñado tu partida, es que debo cuidar mis emociones porque no sé cuando me abandonarán. También lo hago por cuidar el corazón de los demás porque me prometí, no volver a lastimar a alguien como lo hice contigo. Así que ahora solo soy así de cariñosa, preocupada y detallista con los que sabe cómo soy.

Creo que contigo se fue una gran parte de mi esencia y te digo, me encantaría tenerla de vuelta, pero no se puede, así que por favor cuídala y de vez en cuando abrazala, sé que también me extraña.

Tampoco sonrío igual, ni tanto como lo hacía antes, pero cuando lo hago lo disfruto. Tengo pocos amigos y creo que no con todos me puedo abrir y decir lo que pasa por dentro. No importa, he aprendido a estar sola y platicarle a mis miedos y a mi alegría.

Debo contarte que me encontré. Recuerdas que me  marche en mi búsqueda, pues valió la pena. Comprendí que no soy débil y que no necesito de nadie para seguir. Te agradezco por no esperarme y avanzar, por no estar cuando gateaba en busca de una mano para pararme. Gracias por no estar porque me quedé sin nadie más que yo misma y levanté la mirada, caminé y llegué. Llegué a lugares que nunca imaginé llegar.

Comprendí que sí te amé y dejé de lamentarme por lo que sentí. Acepté que cometí errores sin retorno y dejé de culparme, culparte. Me di otras oportunidades, quise olvidarte, pero estoy bien sabiendo que nunca te irás del todo, pues marcaste mi vida y fuiste en ella alguien demasiado importante.

Me vestí de profesional, sola. Me fui al otro lado del mundo, sola. Taiwán fue el lugar donde confirmé que soy fuerte y que peleo por lo que quiero; siempre y cuando no lastime a nadie.

Además volví a amar y entendí que este amor nunca será igual al que te di porque no se ama igual dos veces. Cada amor es distinto y real.

Sigo de pie; no quiero decirte que no hay noches que me tiro a llorar pero cuando sale el sol sigo, porque yo siempre sigo.

Amigo no quiero dejar de decirte que aunque sé que no habría aprendido todo esto sin tu ausencia, te juro que daría todo por tener más tiempo contigo. Si para ello tuviera que borrar esos momentos en los que me faltaba el aire al estar cerca de ti o sentir estrellas en cada terminación nerviosa cuando nos abrazábamos, te juro que lo entregaría. Lo haría con tal de que aún pudiera pasar a saludar sin miedo a tu rechazo.

Lo haría, lo haría cien veces, pero me aferro a que todo pasa cómo debe pasar. Así que agradezco, te agradezco por todo lo que me diste estando y sin estar. No digo que es solo por ti este avance, pues lo hice sola, pero sin duda tu presencia y ausencia me dieron fuerzas para continuar.

Ya me dolió la mano de escribir. Ojalá supiera algo de tu parte, de tu voz, de tus mensajes, de tus días. Espero que estés aprovechando esta pausa obligatoria para todos y te estés cuidando y si te faltan fuerzas vení, en este texto te dejo todas mis sonrisas y abrazos para que sigas intendándolo, porque tú también sabes seguir; siempre sigues.

Con todo el amor que guardo

Biffy.

(24 de abril 2020)

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Carta de cuarentena #2

No me atrevo a afirmar que mi ausencia era un disgusto entre recordarte y las letras. Pasé estos meses sin voltearlas a ver, sin derramarme en ellas. 

¿Por qué?, sigo sin entenderlo, sigo sin responderme. Quizá no quiero confirmar que al hacerlo te encuentro.

En este tiempo huí, corrí sin freno de aquello que fue nuestro. No volví a repasar nada. Acepté y seguí. Entendí que dejé muchas pistas por si querías venir y creo que por fin, tuve que repetirme que no lo harías y me fui.

En las letras me encuentro conmigo y no quiero que también me quites esto. Te llevaste mi sonrisa, mis días más bonitos, mi amor sincero, sí te los llevaste y los quemaste. Los intercambiaste por mi dolor más agudo, mi confusión y mi culpa. Pero se te olvidaron mis textos, los dejaste con tu olor al que le obsequiaste una d para que siempre que regresará a ellas olieran a tu rencor.

He llorado con ellos, también he odiado. Me han dado fuerzas, han sido mi refugio en esta odisea de olvidar, y sin duda son esa rendija donde aún puedo espiar el pasado que tanto he querido enterrar, pero que aún no me atrevo porque tiene los momentos donde más viva me he sentido.

No escribo esto para ti, o quizá sí, pero no importa porque lo hago sin miedo. Sí, no puedo seguir mintiendo que ya te olvidé y que no me encuentro perdida en ese callejón de los recuerdos. No quiero fingir más y si las letras lo expresan que sea así, que digan que aún estás aquí, que ahora que regresé, lo que menos espere ver eras tú. 

No voy a esconderme en mi silencio, quiero dejarlo en ellas, que sean testigos fieles de cómo son los años que aún no asimilo, que les he cambiado los 365 por 36, que en ellos no existen los meses, ni el presente.

No estoy mal, no estoy llorando, no estoy queriendo volver, solo estoy extrañándote. No tengo cuidado al teclar, no me importa si está mal, solo quiero decirles que aunque tú siempre vayas a estar, las tomo para mí y solo para mí, sí, ya no son para ti.

Muchos “no” hay aquí, pero es que son los que nunca me había atrevido a decir.
No, no te he olvidado, pero no te quiero ver venir. 

No, no te odio, al contrario siempre te amaré, pero no quiero saber de ti. No, no estoy segura que eso sea verdad, pero tampoco estoy lista para decirlo. 

No, no sé qué es de tu vida, pero tampoco es que no me importe y por eso deseo que este domingo 4 de octubre del año más loco, solo y desesperante, en este mismo instante cuando el todos los relojes de este pequeño país que berrea por esperanza marcan las 7:30, puedas pensar en mí. No se vale que solo yo lo haga, por eso, pido perdón anticipadamente, porque sé que el tenernos en la mente, no solo duele también pesa y dan ganas de tirar el orgullo, el tiempo y los errores y escribir un tímido “hola”.

Ya sé que no pasará, pero sí, hoy lo quiero desear.
Te dejo un abrazo y reafirmo mis letras para encontrarme y encontrarte en ellas, quizá un día te aburras y decides ya no venir a querer recordarme lo que fui contigo, sino que vengas a saber qué fue de mí.

Hasta pronto, querido amigo, hasta pronto, que ya entendí que nuestro reencuentro solo habita en nuestros textos.

Biffy

4 de octubre 2020.

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Carta de cuarentena #3

Para mí, para ti.

El suéter ha sido mi mejor amigo hoy. Me ha abrazado desde temprano y ha hecho que este viento que trae recuerdos no se cuele por mi cuerpo. Hoy todo sabe más a final, a ese último trimestre del año donde todo puede pasar o acabar, porque sí, todo pasa pero también acaba. 

Ayer volví a escribir y aquí estoy de nuevo, dejando que mis dedos se vuelvan uno con mis pensamientos y las letras. Aún no he decidido si esta carta de cuarentena será a para ti o para mí.

Hace unas horas recibí una llamada de mi mamá. Hablamos por un rato y abrimos el corazón. Es impresionante cómo con ella no pongo barreras y lo que no he dicho en voz alta, con ella hago una conferencia de experiencia. 

Conversamos de cómo desde el 2017 dejé de sentir los años. Enfrenté mi viaje a Chicago, mis últimos días en la universidad, el inicio de aquella historia que no sobreviviría al nuevo año. También repasé ese doloroso 2018 en el que me vi sola, el año en que lloré todas las lágrimas que tres personas tienen a lo largo de su vida. 

También me hizo recordar la angustia del proceso de mi gemelo, la lucha por seguir con mi tesis y la injusticia de querer hacer el bien. Llegamos al 2019, y volví a sentir el último beso y abrazo que me dio, mis primeras notas en artes, y claro, el regreso de mi felicidad, ahora puesta en mí y no en nadie más. Sí ese año fue genial, me fui al otro lado del mundo sintiéndome más fuerte que nunca y sin nadie a mi lado. 

Y por fin llegó el 2020, que no ayuda con esta pelea que tengo con los años, a los que les asesino los días y me quedo solo con momentos. Este que ya solo le quedan unos meses, no me ayuda a sentir que es real, porque el encierro, la desconexión física y la lejanía se devoró esas horas que hacen que recuerde que sí lo viví, que el año valió la pena. 

Me dijo con esa sabiduría que abraza pero también golpea que pude que el olvido me arropó para alejarme del dolor de estos años extraños. Y me pregunté ¿por qué a ti no te olvidé si ha sido una de las experiencias más dolorosas?

Contestó que es porque bajé a ese agujero y lo vi sin miedo, y aunque la nostalgia se encargue de recalcar que allí sigue el vacío, ya no duele. Fue agradable saber que fui valiente a pesar de que la oscuridad que allí encontré aún me estremece.

Más tarde mi amiga de Costa Rica me escribió, me preguntó cómo he estado y compartimos lo difícil que es el encierro, cuando uno es el único, de las personas con las que vivimos, que lo cumple. No es porque sean imprudentes, es porque ellos deben salir a laborar, mientras nosotras lo hacemos desde casa. Confirmamos esos arranques de desesperación que llegan de la nada y nos dominan y cómo siempre es necesario hablar con alguien más. Fue bonito reconectar con ella.

Estoy cansada, son las 3:58 y aún tengo notas por redactar pero quise escribirte, escribirme. No sé a quién va dirigida esta carta pero no importa, ahora ya existe. 

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Carta de cuarentena #4

He evadido muchos pensamientos hoy. A otros les he dado permiso de crecer tan alto que tocaron el cielo. Pero quiero contarte de los que sigo sin poder sostenerles la mirada; veo a la izquierda, a la derecha, me volteo o simplemente cierro los ojos para no verlos, para no saberlos.

¿Por qué? ¿Por qué no los enfrento?, la verdad me duelen. Desgarran cada capa de tejido de mi cuerpo, rompen mis neuronas y se mudan a mi mente. No se van. Se roban la poca esperanza que tengo de vernos mejorar. 

Veo sus rostros en todas partes, sé sus nombres, sus edades y las siento en mi ser. Me siento ellas y si sigo leyendo empiezo a sangrar, a gritar, a rogar por mi vida, como seguro ellas lo hicieron. Pero me detengo. No puedo, te prometo que no puedo, me duele, me arde, me quema.

Se me traba la rabia en la garganta y lo único que hago es voltear, porque estoy harta de que nos maten, de no saber si regresaré, si mi hermana lo hará, si mis sobrinas estarán seguras al salir a la calle, porque aquí nadie te puede asegurar que podremos caminar en paz.

Así que cambio mi mirada por mis palabras y las nombro Laura Hernández y Litzy Cordón, porque las arrebataron sin piedad, pero aquí perdurará su mirada, su sonrisa, sus sueños y su justicia. Como me hubiera gustado saber de ustedes por otra cosa y no por tu muerte, pero hoy quiero imaginarlas cumpliendo eso que hacía que cada día se levantara. Quiero pensarlas como científicas, doctoras, periodistas o quizá policías que atraparían a esos malditos que le borran la poquita dosis de bondad a este país. Así las grabo hoy en mi corazón y las esconderé en donde nadie pueda volver a quitarles sus metas, porque aquí siempre las cumplirán. 

Mi rostro se desvía de nuevo. El peso de la montaña se siente en mi corazón, lo plasta así con lo hizo con los hogares de San Marcos La Laguna. Me empiezo a ahogar con la tierra y las rocas que me presionan el pecho, que se meten en mi boca, que me quitan el aire. Así como lo hicieron con Catarina Mendoza Puzul, Narciso Puzul, Mariela Puzul y un pequeño que vio el sol brillar solo 8 meses. Pero de ellos quiero tomar todo ese dolor, esa agonía y la hago mía.

Les regalo, con estas palabras, los más bellos amaneceres, las noches estrelladas, un abrazo de la última persona en la que pensaron. Sí les regalo 100 años más de vida, o quizá más, porque aquí también vivirán por la eternidad. Los acojo y los presento con Laura y Litzy. Estoy segura que todos se llevarán bien. Por favor, sonrían mucho, yo me quedo en su lugar.

Perdón por no vernos de frente antes, les juro que me duele, que siento en cada célula de este cuerpo cansado lo que ustedes pasaron y no puedo. Por eso les dejo este texto, con las lagrimas de sus familiares, amigos y personas que no los conocieron pero que ya no aguantan más desgracias que exigen justicia, respeto y una pausa a todo este caos. Les aseguro que quiero ser más fuerte, pero me duele. 

Buen viaje, mis queridos, porque para mí ustedes no tienen fin.

-Amarela-

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La nostalgia de octubre

Carta de cuarentena #5.

El cielo despejado, el frio del viento y el sol acariciando mi piel, me da nostalgia. 

Octubre me de nostalgia.

Me hace recorrer el camino a la universidad y mis tardes contemplando el atardecer en mi balcón favorito.

Me hace revivirme pensándote, pensándome, amándome, amándote, pero también extrañándote, extrañándome. 

Octubre es ese mes en el que empiezan las primeras ondeadas de la bandera de recuerdos que cada fin de año alza por los aires. 

Hace unas horas salí a tomar el sol porque necesitaba su abrazo para sentir que el pasado ya fue, aunque estos días parecieran volver. 

Mi mirada empezó a caerse porque aún siento el gélido paso del recuerdo por el cuello. 

Octubre trae esos minutos de contemplación en los que pareciera que tú y yo nos cruzamos viendo al cielo. 

Octubre me da nostalgia, mucha nostalgia. 

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En tu almohada

Hazme un espacio en tu almohada que quiero hablarte mientras nos perdemos viendo al techo.

Quiero caber en tu espacio y calmarnos con el acto de sentirnos respirar

Acostar nuestras mentes y dejarlas descansar.

Darle vuelta a la almohada cuando se canse de cargar con nuestros dilemas y que se embriague con nuestro olor.

Hazme un lugar a tu lado que quiero disfrutar del silencio de entendernos.

-Amarela-

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Fuiste luz

¿Qué hago si contigo, por primera vez, conocí lo que son los colores?

¿Cómo se supone que se enciendan mis días si tú no estás?

Antes de ti solo conocía la oscuridad, el negro profundo; por esa razón nunca me cansaba de decir que para mí, tu fuiste luz.

-Amarela-

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El único secreto

Extrañar era su mayor secreto. No pasaba un día sin que le abriera la ventana a ese recuerdo y lo dejaba volar por donde quisiera. A veces se posicionaba en los ojos, en las piernas, en los labios, o en las uñas. Otras en el estómago, pero su lugar favorito era la garganta; en donde revivía esa sensación de tragarse lo que nunca dijo.

 Al terminar su recorrido siempre lo tomaba para esconderlo; no quería que nadie supiera; es de ella y solo de ella.

Hace unas tardes atrás me invitó a tomar el té. La actividad que disfruta cuando los rayos del sol bajan e invaden toda su sala del color salmón que tanto ama. Me sirvió en una taza de color azul mar; ella bebía en una de cerámica amarilla. Después del primer sorbo de aquella infusión de frutos rojos, me reveló el porqué de la invitación. 

Dijo que pronto se iría a tomar los colores del cielo que la llenaban de paz y felicidad, pero antes de hacerlo quería confesarme el único secreto que conservaba.

De pronto, todo se pausó. No supe qué hacer, solo callé. Me señalaría un lugar para que cuando ya no estuviera, allí buscara su secreto. 

Se acercó a mi oído y con mucha cautela me dijo, “lo guardo en el único sitio donde sé que él lo buscaría: en mis calcetas porque ese fue el último regalo que me dio”.

Su mirada pronto se perdió en el vacío de la habitación, pero se encontró en los recuerdos. Sostuve su mano con fuerza, besé su frente y prometí que guardaría ese secreto que tanto cuidó, por si un día su amado volvía.

-Amarela-

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