Escribología

La constante

Te robaron tu hogar, tu visión, tu raíz, pero seguiste.

Te pusieron trapos encima y quisieron arrancarte la melodía de tus palabras, solo porque no la entendían, pero seguiste.

La dictadura llegó, te encerró y calló, pero seguiste.

Explotó la guerra, tú sangre corrió como ríos por los suelos, pero seguiste.

La peste vestida de democracia apagó la única luz de igualdad que tuviste y su hedor se instaló, pero tú, querida, seguiste.

Esta llamó a las ratas que pronto empezaron a subir de escalones; crearon su imperio con cuellos blancos y sacos largos que ocultaron sus colas mientras carcomían tu dignidad pero sí, tú seguiste.

Caras desconocidas vinieron con las mismas promesas vacías que todos te han hecho. Cansada y con un poco de esperanza quisiste que esta vez fueran ciertas.

Sin querer bajaste la mirada y viste los zapatos de payaso que traían, volteaste rápidamente y viste sus narices rojas, sabías que su truco barato te había engañado, pero tú, amada, seguiste.

Ahora que viene el desprecio de tu pueblo, la misoginia, la mentira, y la misma porquería sé que tienes miedo, que estás agotada de tantos años de dolor y sufrimiento, pero también sé que aunque te caigas a pedazos tú sabrás cómo defenderte y seguirás.

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Islandia

Tus ojos no volvieron a ser los mismos desde que las viste, desde que con tus manos las quisiste tocar para comprobar que eran reales.Tratas de describir sus colores, pero los destellos de las auroras boreales son indescriptibles; trazan el camino por donde debes andar y te pintan las paredes de los recuerdos de sus tonos para que nunca te olvides de avanzar hacia ellas.

Aquellas montañas, que ni siquiera las pudieron imaginar los que escribieron las historias que nos cuentan antes de dormir, cautivaron tus pasos. Al recorrerlas te detuviste y como un niño te sacaste los calcetines y en medio del frío abrazador dejaste que tus pies desnudos sintieran su tierra, sus piedras, su vegetación. En ese mismo instante el cielo celeste con su velo de nubes musicalizó el momento. Allí te viste con el suelo y fueron uno solo; el silencio armonioso te acompañó y juntos se contemplaron como dos enamorados.

La quebrada de agua rodeada de piedras negras, lisas y puestas de una manera casi perfecta se colocó en tu corazón mucho antes de conocerla. Al estar frente a ella, tus lágrimas cayeron sincronizadas a su ritmo, juntos se alegraban de su encuentro y tu corazón, sin duda, se paró unos segundos de sentir su brisa en tu rostro.

Las palabras continuan su maratón por alcanzar lo que viviste y poder vestirlo con letras pero, parece que todavía son muy lentas y a veces las piernas no les dan. Sin embargo, para mí es más fácil, lo puedo leer en tu mirada, lo puedo sentir en tu sonrisa y lo puedo escuchar en tu silencio de asombro. Lo vivo a través de ti.

Cada parte de tu cuerpo trajo los sonidos, los paisajes, los colores y las emociones que el otro lado del mundo te obsequió. Mírame, mírame fijamente, quiero seguir caminando por donde pasaste y conocerte sin hablar.

-Amarela-

(13 de octubre 2019)

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El caos que soy

Perdón si me pongo seria o callada. Si mis palabras son toscas, pero estoy concentrando todas mis fuerzas para que los pedazos de mi corazón no se desmoronen.

Callo para no lanzar todas las flechas envenenadas del dolor que me he tragado. Esas que quieren salir cada que abro la boca y no ven quien está enfrente; solo quieren asesinar.

Ya no tengo fuerzas para levantar la sonrisa que esta soledad ha arqueado hacia abajo. Quizá soy la culpable de ignorarla y tratar de ahogarla con el llanto que no saco. Quizá es lo que merezco por no querer crecer y entender de una vez por todas que soy yo la única que puede enfrentarse a ella, abrazarla, aceptarla y talvez así avanzar.

Mis dedos dejan en estas letras lo que no me atrevo a decir, lo que mis cuerdas vocales no amplifican. Son ellos con los que agradezco la paciencia y compañía y con los que pido que no trates de comprenderme, pues ni yo lo hago del todo.

En pocas palabras, este es el caos que soy hoy.

-Amarela-

(12 de agosto de 2019)

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Un salto

Aquel que ves por los aires es un hombre que desde hace siete años saltó al abismo de la fe y pasión. Aunque ese día pensó que tocaría el suelo en doce segundos, los años han pasado y en lugar de caer ha alzado el vuelo más alto que muchos profesionales que le doblan o triplican la edad.

Es cierto, hay algunos otros con más proyectos, copiándole su estilo, pero eso NUNCA lo ha detenido. Al contrario, lo motivan a mover más sus alas y seguir subiendo.

Incluso en esos atardeceres donde la luz es casi nula y siente caer, no lo sabe, pero está más arriba de lo que estaba hace dos segundos.

En su aventura ha inmortalizado a estrellas fugaces, las constelaciones y las nubes de algodón más esponjadas. Ha retratado a las aves que pasan a la par y que en ocasiones se han convertido en amistades.También a grabado a unos cuantos ángeles cuando han bajado a ayudar a los demás y le han sonreído a la cámara. Ha hecho fotos de larga duración de los amaneceres que ni él sabía que vería y se ha encontrado con las voces que le cantan sus canciones favoritas.

Aunque conoce el temor, la frustración, el dolor, la tristeza, escoge las risas, el amor, la paz, la fe y la PASIÓN para avanzar al lugar que, desde aquel salto, deseo llegar.

-Amarela-

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Borrarnos

Aún recuerdo que fue un 26 de diciembre cuando te fuiste con una maleta llena de ropa y de nuestras ganas de estar juntos.

Por siete días me mostraste cada rincón de aquel pequeño paraíso en el que te refugias con tus amigos. Me llevaste contigo. En el agua contemplabas mi rostro. Estaba allí, a tu lado.

Al dormir me hacías un espacio para acurrucarnos y encajar, como dos piezas de rompecabezas, en la misma cama. A puros abrazos nos quitábamos el frío invernal que hizo aquel último mes del 2017.

Luego de hacer el desayuno me tomabas de la mano y caminábamos por el muelle. Nos perdíamos en el horizonte de aquella inmensidad que encontrábamos en nuestras miradas y en nuestro silencio decía más que todas las palabras alguna vez pronunciadas.

Fuimos eternos

Fuimos honestos

Fuimos dos y uno, al mismo tiempo.

Ahora volviste, pero sin mí.

Llegaste a borrar nuestro olor de cada espacio que juntos recorrimos,

los besos que nos dimos

el papilar que sentimos

Ese temblor que nos estremeció cada que nos acercábamos

Volviste para olvidarnos

Volviste para ahogarnos en la profundidad de aquel lago que cura hasta la peor de las heridas.

Volviste para borrarnos.

-Amarela-

(26 de diciembre del 2018)

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Reescribir (nos)

Qué sabios fueron los años en discernir que hoy era el día que juntaría el valor para plantarme frente al televisor y proyectar una de nuestras cintas pendientes.

No sabía que acabaría llorando por el sentimiento que los protagonistas viven y me devolverían las ganas de escribirte e imaginar que te mentía para decirte la verdad.

Entre confesiones te diría que te quise, te quise tanto, que me habría encantado decirlo tomada de tu mano. Te diría que agradezco lo que me hiciste vivir y soñar, que esta noche de octubre levanto mi copa y brindo por esos amantes que no fuimos.

Te invitaría, amigo, a reordenar las letras para regalarnos un nuevo capítulo

con mayúsculas y minúsculas,

con puntos y comas,

con tildes y metáforas,

con oraciones y párrafos y así, reescribir nuestro adiós.

-Amarela-

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Distraída

Tus ojos me seguían y en mí se perdían; yo, distraída trazaba un horizonte paralelo e ignoraba tu mirada.

Sin saberlo compartimos aliento. Tú me abrazabas en silencio, sin tocarme por el temor a que me alejará.

Yo disfrutaba hablarte, compartirme contigo. Me gustaba saber que en el asiento de atrás estaba aquel tierno gigante que me hacía reír a cada instante.

Oh, cuánto quisiera volver el tiempo y voltear, voltear para fundirme en el turquesa de tus pupilas y por fin llegar a dónde, con tanto amor me esperaban.

Nuestras estaturas eran dos opuestos que se nivelaban con el peso de nuestros sentimientos; tan puros, tan sinceros, tan nuestros.

Inclinabas tu cabeza hacia abajo, me buscabas; por esas ganas de ver mis rulos danzar al compás de esta voz que te hacía sonrojar. Mientras yo, elevaba mis ojos y allí, en lo alto, te encontraba; tú siempre estabas.

La distancia que nos separaba la borrábamos son una inocente sonrisa que se dibujaba en los dos al momento de intersección. Sin fijarme, mi corazón saltaba al verte pasar, y se estremecía al escucharte hablar.

Oh, cómo quisiera regresar a esa época en donde en ti había un cálido hogar. Cada tarde salías a ver el sol pasar, a la espera que esta pequeña llamará a la puerta.

Lo hice, llamé, pero fue tarde, tú ya veías hacia a otra parte y yo me quedé sola, despidiendo la tarde.

-Amarela-

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