Escribología

Adiós Sepsiempre

El protocolo es el mismo: toma sus audífonos, los conecta a su computador y se desconecta de su derredor… coloca sus manos sobre el teclado, guiado por su corazón, atormentado por su cavilación… tomado de la mano de las notas musicales, la temperatura, la respiración, la vista, la sensación, la percepción, el tiempo, las memorias en milésimas de segundos… todo un escenario fuera de esas cuatro paredes, fuera de la época y la pasividad profunda.

Perseguido por un reto, un requerimiento: buscar en su mente el momento más memorable, digno de ser expresado en letras. Atrapado en el proceso, preso de la manipulación de su propio yo. En querer sacar del baúl solo lo bueno. En escarbar donde recuerda haber escondido los tesoros. En desdoblar las prendas que siempre le gustaron… que la vida y el tiempo gastaron.

Recurrió a la investigación… gran equivocación. Queriendo invocar el argumento de la memoria selectiva… vaya salida.

Las milésimas se repiten. Esta vez hay quietud, hay silencio mientras las agujas se hablan entre sí, marcando el compás con el que baila el tiempo, pasos perfectos, llenos de éxtasis, con el ritmo de grandeza porque nadie le ha podido detener.

Se enfrentó entonces, con las joyas de la memoria, recordando el trabajo que implica lo bueno y memorable, por ello: se sufre, se sobrevive, se levanta y continúa, el ciclo, hoy.

Sepsiempre no te vayas, en un segundo el nacer de un pequeño ser. En un santiamén el abrir los ojos bajo un techo desconocido. La explosión del encuentro de los mundos y las galaxias. En treinta días lo inesperado esperado, lo desconocido experimentado, lo asombroso finalmente conocido, en años el repetir, del encuentro, de la memoria, de lo inolvidable e inalterable, de lo majestuoso y sencillo, de lo extravagante y humilde, de lo simple a lo conmovido, de la memoria a sepsiempre.

Memorable: el instante de la risa, de fotografía mental, de la nota musical, del ritmo al caminar, de las gotas de la lluvia al caer, del sabor del café, del vino en la penumbra, del arrebato, del lloro, el dolor del corazón, del aprender a soltarse, del caer, del levantarse, de la broma, del enojo, del intento de baile, del secreto, de la verdad, de la libertad, del momento sin salida, del frío, del viento, de las hojas volar… de permitirse sentir.

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Letras instantáneas

Los protocolos mataron las letras. Las contraseñas se robaron el ímpetu y la época ahogó los signos con su tecnología.

Las letras siempre están. Son sentimiento, son raciocinio, son locura, son desahogo, son revolución, son evolución, son son… Al ritmo de la canción.

Entre tanto pequeño detalle me perdí… Entre trivialidad, inalcanzabilidad e insignificancia… Allí, en el centro, al borde de la nada y todo. En donde las letras son tan hermosas para abrazarlas y juntos formar algo…

Con esa espontaneidad que existe de vez en siempre, que nosotros mismos retenemos entre el “mejor mañana” o “lo hago en la noche”, sin terminar de aceptar que las letras son de instante, son de fracción de tiempo, de emoción e inspiración.

Entre tanto y poco, acá se quedan unas cuantas letras. Que no dicen nada, o tal vez todo…

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Otra vez tú

Llegaste y no me pude evitar dejar todo en pausa, detener el tiempo porque quiero y puedo.

Los Panchos suena, el viento medio frío entra por la ventana, viento ahogado por la malla contra los mosquitos y una diminuta brisa… conjunto de chiquillas que se escurren tomadas de la mano de esas pequeñas ráfagas de viento que acarician lentamente y refrescan la recorrida y casi ya arrugada piel de mi rostro, que de poco en poco también alcanza el cabello blanqueado a lo lejos, que ya muestra el camino recorrido entre saltos, charcos y dolores de eso que le llaman vida, pero yo como todo un rebelde le nombre viaje.

El olor a tortillas saliditas del comal, el frijol que se ausenta cada vez más, el mantel de manta de cuadritos, algunos de rojo y blanco y otros de blanco azul. Entre la brisa se siente la calidez de los recuerdos, de aquellas escenas imaginadas jamás vividas. De aquella casa de esquina de la zona central de la ciudad, con puertas de madera adornadas de pequeños agujeros que muestran el pasar de la vida. Con olor a carne asada, el churrascon que le llaman, con el infaltable chiltepe y el chirmol y por supuesto no podía olvidar el guacamol.

Y entonces regreso a ti, la que me motivó a escribir, a pensar, a recordar, a imaginar, a sentir… Tú con manera tan repentina de aparecer, que cuando lo haces a unos enojas, a otros emocionas, a otros entristeces, a otros enfermas, a otros provocas a tomar una taza de café, a un chocolate, a un abrazo y a otros a empañar los vidrios. Tú, que ahora me hiciste tener una pequeña tregua entre tanto que te describo.

Bella porque te he disfrutado de todas la maneras antes descritas… Contigo se aprende a bailar sobre los charcos y a reír a carcajadas con un balón en los pies, a gemir con tu torrencial descender, a correr de tu amenaza y a abrir la boca bajo el cielo y sentirte caer… tú, hermosa lluvia.

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Ecuación

Ese segundo indeciso, entre mover los dedos, como el despertar de un largo sueño, como el primer movimiento después de un largo estado en coma (de esos que vemos en las películas). Ese pequeño instante entre dar el primer golpe a la tecla o dejar que la emoción se disipe, dejar que poco a poco el sentimiento se difumine como lo hace el tiempo y la vida misma.

Poco a poco, cada segundo ya pasó, esta vez no me permití dejar las letras esfumarse, y es que soy extranjero en este intervalo, en donde el tiempo y la distancia son las variables de esta ecuación. Variables que a veces construimos sin necesidad de cruzar una frontera o cambiar de bandera.

Porque la distancia la construimos y el tiempo lo perdemos teniéndonos frente a frente. Queriendo estar en diferentes lugares y cuando estamos ya no queremos. Esa inconformidad y afán de no disfrutar el tiempo presente y siempre pesando en el pretérito imperfecto soñando que todo sea perfecto. 

Pero esta vez, si me separa la geografía, los colores, el acento y otras diferencias… Visitante y espectador, aquí donde las lágrimas suelen ser derramadas, algunas son de felicidad, algunas son de tristeza, otras de temor… Las hay de todo tipo. Porque ellas no perdonan género, color de piel, nacionalidad, estatura, peso… Simplemente pesan y son libres de salir cuando se les antoja. 

Aquí se concentran las masas, los idiomas, los abrazos, los kilómetros, las historias, los sufrimientos, las memorias, las familias, la soledad, el cansancio, los suspiros y los quisiera. 

Los “bienvenido” y los “que te vaya bien” son la frase celebre acompañados de una sonrisa o un suspiro.

Entre tanto y poco, la ecuación sigue sin cambiar y sus variables irónicamente sin variar… Tiempo y distancia.

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Garabatos

Con los anteojos llenos de diciembre, con el rostro envuelto de navidad, con los oídos acariciados por recuerdos, con las notas de frío y chocolate, con el ponche en el quisiera. Entre garabatos mentales me encuentro o me pierdo, de aquello que ya no es pero que fue.

La mirada borrosa del calzado infantil sobre el pedal de una pequeña bicicleta que no existió, los abrazos que si hubieron, las sonrisas no fingidas, la alegría de siempre… fugaz. Las lluvias torrenciales. El agua de pobreza. El viento de barriletes fantasiosos. La lata envuelta en hilo. Las hojas secas de güisquil. El golpe del balón sobre la espalda. Los raspones de rodilla. El rostro ruborizado por su sonrisa. El dolor inesperado sobre el corazón. El daño causado. El crujir de dientes en la rabia del viaje. Los zapatos nuevos sobre el pino. El olor a ropa nueva. El detener del tiempo en un segundo y volverlo eterno.

Hecho de mayúsculas y puntos, signos y sonidos, construido entre pequeñas oraciones, entre preguntas sin respuestas, entre poco y tanto… entre garabatos.

Las canas, el cansancio, las lágrimas, las alegrías, el dolor, el estrés, el afán, la paz, la inmadurez, la madurez, la necedad, la espiritualidad, la terrenalidad, la distancia, el viento, la lluvia, el agua, el sol, la soledad, la multitud, el silencio, el bullicio, el tráfico, el dinero, la comida… la vida.

En la etapa diferente de siempre la misma.

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Lapso

El instante llega justo en ese fragmento de tiempo… en el instante. Inesperado, inmerso de notas, de sonidos, de emociones, salpicandome de irrealidad, salpicandome la vida con sus pausas, con ese detener del tiempo que no puedo dominar, me queda solo del instante disfrutar.

Llega sin tocar la puerta, algunas veces como la lluvia se ve venir en el cielo nublado, avisando sin querer, en ese ritual de siempre, entre tomar mis audífonos, poner el volumen a su nivel adecuado, las ventanas en su lugar, con la piel esperando con brazos abiertos a la sugerencia del sonido y de repente ser atropellado por el instante, el ritmo, la inexistencia de todo lo que me rodea y cobrando realidad todo aquello que a veces ignoro.

Choqué contra el tiempo, contra el viento, contra las voces, contras los entes frente a sus dispositivos, enajenados en su realidad, mientras yo detenido por la existencia, dando vueltas en el mismo sitio, viendo todo suceder como un espectador con toda la sala a mi disposición.

Inmortalidad se llama el ritmo que me acompaña en esta ocasión como dándole sentido coincidente a las cosas que simplemente suceden. Entre cambios de ritmo en cinco minutos y tres segundos que hoy se vuelven inmortales en letras, en signos, en figuras, en gritos mentales, en éxtasis auditivo, en ausencia terrenal y con los pies bien puestos sobre el suelo artificial.

Otra vez, me regalo estas letras, para verme en el futuro leyendo mi pasado que hoy es el lapso. Fluctuante como siempre no como hoja que lleva el viento sino como proceso del ser cambiante que no puedo detener, queriendo describir el rumbo del viento que no controlo y que me acaricia en instantes… y que la urgencia devastó la concentración para convertirse en esto… memoria de octubre.

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Acucia, te echaba de menos.

De un segundo a otro apareció el apresuro. Algunas veces fugaces, ustedes letras… las he echado de menos.

Bastan 6 cuerdas, cuatro minutos y treinta y ocho segundos, un compás bien marcado, una voz de fondo y una relación de mi subconsciente con aquello que escucho y provoca esa gana insaciable de escribir, sin saber qué decir… satisfacción tan solo de ver cada letra queriendo atrapar un sentimiento o muchos.

Porque incluso extraño verles como para juzgarlas, solo por querer saber si tienen sentido o no, no para señalar sino para motivar. Porque en las letras nos desnudamos, nos confesamos o nos atrapamos en un espacio de tiempo, memoria, tinta, signos, puntos, frases o sin sentidos.

Se me acabó la tonada y repetí. Esas canciones hay que repetirlas porque provocan, la gana de teclear, porque sí. Me veré en el futuro hacia el pasado como algunas veces lo hago, leyendo mis garabatos, algunas veces avergonzado, tal vez porque no entiendo mi propio yo del pasado, sin duda el tiempo habrá pasado y con ello la circunstancia.

Hoy no hay más gana o intención que solo escribir, porque sonaron las notas que no esperaba, porque la gana sobró y remontó sobre el tiempo y otros “quehaceres”. Porque me hizo recordar que no las puedo detener, letras sin sentido que irónicamente están llenas de ímpetu porque frenar no pude. Las dejé salir como otras veces, hoy sin dirección alguna, simplemente salieron a pasear y quisieron convertirse en un recuerdo de Julio.

Nos vemos pronto. Espero. Que me arrebaten las letras más a menudo.

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