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Capullo

Cabello recogido, sutil y delicadamente.  Al lado derecho de su recogido, un toque especial… una pequeña peineta de aljófar.

Crepúsculo, reflejo que adorna el centro de sus pupilas dentro de sus ojos brillantes.

Ojos alargados, por la sonrisa que sus labios regalan, al pasar de los segundos…

Labios que se visten de color arcadia, tan sencillos y sinceros a la vez que provocan el murmullo de los te quiero con poco aire…

Cuello alargado, despedido por un lunar a su lado derecho, no tan pronunciado pero que no puede dejar de ocultar.

Hombros ligeramente adormecidos, inestables, por la intensidad de los latidos de su corazón.

Brazos que son cielo, con nueve estrellas, desnudos con aroma a frescura del campo… Manos frágiles y temblorosas, arraigadas a muñecas que por su espalda muestran sus venas verdes.

Dedos que sujetan tan fuerte y a la vez tan suave el ramo de verbena color lavanda

Piernas débiles y ansiosas, que obligan a sus confidentes los pies a llevar una altura de nueve centímetros de alto en sus calcañares y punta fina en sus dedos.  Pies bañados en hielo blanco y brillante…

Su cuerpo, ah, su cuerpo, abrazado por una nube de siete de abril, que la envuelve con escote por sus hombros… prisión y libertad por sus pies… Ah su delicado cuerpo, abrazado por el vestido blanco

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Entre lo sencillo, lo importante

Entre candor y dulzura, fui entretejida.  La fe llegó a abrazar mi corazón.  El amor me motivó con sus sonrisas.   La esperanza me llena de sueños.  Confío en mis convicciones.

Soy amada, entonces soy bendecida.  Hay familia, “con la familia todo es más fácil” – Verdad.  Me sonríen, me abrazan. Hay almuerzos de día domingo, mis favoritos, donde cada vez que los veo sonreír, suspirando el corazón me dice: “Estamos en casa”.

El corazón sigue latiendo, a veces a mil por hora, a veces contados, pero continúa haciéndolo.  Entre lágrimas y sonrisas aprendo a ser fuerte.  Entre estrofas y lecturas me sigo encontrando, me sigo construyendo.

Hay voz, hay arte, hay nuevas oportunidades, el sol vuelve a brillar, el crepúsculo vuelve a ser hermoso.

Hay amor.  Pueda que no lo tenga todo, pero lo que ahora tengo, me hace feliz y eso me es suficiente. ¿Qué más puedo pedir?

 

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Chico

El corazón sanó; y al final de su sanación… te vio.

¡Dios! Tus ojos; el color de tus pupilas: un negro tan intenso, profundo, tan mate y tan brillante a la misma vez.

El sol te bendijo tanto al dejar el color de su crepúsculo en tus cabellos… Y su forma, como las olas del mar.

El color de tu piel,
el sonido de tu voz,
el movimiento de tus dedos,
esa mirada tuya
tan
intensa
y a la misma vez;
tan
bella.

Chico, aquí estoy, aquí está mi sonrisa, mi voz, volemos mientras los corazones cantan juntos…

 

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Pompa de jabón

Y si un día llegan a preguntarme de qué está hecha la nostalgia y la ausencia, responderé que de ti.

Por primera vez en mi vida, la debilidad tenía rostro y nombre.  Tenía tu rostro y sobre el tu nombre.  Cuando llegabas a mí, quiero decir, cuando la debilidad llegaba a mí, pensaba en tus palabras, desgastaba las conversaciones que habíamos tenido, recordaba tu risa y se me venía a la puerta del corazón tu silueta.
Todo me hablaba de ti, incluso por las noches, cuando admiraba la luna, me recordaba a ti, a tu sonrisa, de menguante a creciente.  Mi favorita, tu sonrisa llena.

Quiero que sepas que hubo días en los que me quedé con el ojalá en la mano, porque tu cuerpo quiso enseñarme tus calcañares y espalda, a metros de mi frente, rodillas y dedos de los pies.  No ha sido fácil tener que tragarme tu sombra.  No ha sido fácil sosegar el pecho con tus recuerdos.  No es lo mismo.

No es lo mismo ver tus ojos frente a los míos, aunque sea por diez segundos a tener que aceptar verlos a través de una fotografía.

He tenido que aceptar que al final del corazón, te quería.  Que la vida me enseñó mucho, y que, dentro de eso, me enseñó a quererte, pero no a olvidarte.  Que he tenido que ver por mi propia cuenta cómo sacarte de mí, porque has sido como ancla entre aguas cenagosas.  Esto de olvidarte me ha sido todo un acertijo.

Oye, tal vez esto quería el destino.  Tenerte por un parpadeo.  Tenerte como agua entre mis manos.  Tenerte por los últimos cinco segundos de mis siete horas de sueño.  No lo sé, tal vez tenerte fue como el segundo que olvido todos los días cuando abro los ojos al despertar.

Si por cada vez que te pensaba, una flor hubiese nacido, la primavera hubiese muerto de la envidia.  Pero hoy, que decido quedarme no con un pedacito de ti, sino sin ti, el invierno muere de egoísta al ver la lluvia del corazón.

Quiero confesarte que me he atrevido a cortar una margarita de la casa de mi vecina, para ver si su último pétalo dice “me quiere”, pero aun cortando por pedacitos su tallo, ¿qué crees que me dijo la margarita?
Sé que con los días tu recuerdo vendrá a ser como la especie de animal en peligro de extinción, que, con el poco tiempo, ya no existirá.  Ya no me aflijo, porque ya lo hice antes.

Mi conclusión a todo esto es que fuiste como la pompa de jabón que quise tener por todo un día lluvioso.

 

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Te quie… ¿será que lo digo?

La vida es tanto, que, dentro de su naturaleza, es noble. Porque cada ser humano encuentra bajo este cielo sus motivos para saborearla a su gusto.

Hay algo en lo que estoy segura de que coincidimos, y es que…  LA VIDA ES CORTA

No hay algo o alguien que nos asegure que mañana estaremos vivos.  No sabemos cuándo vamos a morir.  No sabemos si mañana estaremos haciendo lo que hacemos todos los días por costumbre o rutina.  No sabemos si mañana tendremos las oportunidades que tenemos HOY.

Por lo que desde hace algunos días comencé a decir algo más seguido, y quiero invitarte para que lo digas también.  Esta no es una invitación cualquiera, te lo aseguro.

¿A cuántos les has dicho “te quiero”?

Tal vez pensaras que ellos ya lo saben, o supones que deberían de saberlo por tus acciones.  Totalmente de acuerdo, pero, y decirlo ¿cuántas veces?

He comprendido que esta vida es muy corta para dejar de decir “te quiero” cuando lo siento y necesito decirlo.

Dentro de algunas otras cosas, también he aprendido que esta vida es muy corta para dejar de creer que regalar una flor es un gesto hermoso. ¿Por qué nos arriesgamos a llevarlas cuando la persona ya está muerta? ¿Por qué no darlas en vida? Y no hablo de que solo las mujeres podemos recibirlas, ¡NO! los hombres también, volvamos a lo mismo, en un velorio jamás faltan las flores, ni hacen acepción de persona.

He comenzado a decir “te quiero” más a menudo, a veces las personas se asombran, pero ¿por qué? Porque esta humanidad está tan lejos de sentirse querida, se han olvidado de que los te quiero existen todos los días y a cualquier hora, no solo en los 14 de febrero, 10 de mayo, 17 de junio o X fecha.

Pienso que decir “te quiero” es de toda persona, pero que solo los que son valientes no lo callan y aparte se oye tan bonito, te quiero :3 que te envuelve el corazón en dulcito. ❤

¡Anímate! ¡Dilo! ¡Exprésalo! No te quedes con ello, porque te aseguro que te arrepentirás de no haberlo dicho.  Explotá y saca tus agallas de donde las tengas.  Acercate a esa persona o personas y decilo.

Te quiero, dos palabras, cuatro silabas, tres segundos para decirlo, pero que expresan tanto, tantísimo, y te aseguro, como que me llamo Keila, que esa persona sonreirá.  ¡Que bonito es ver sonreír a esa o aquellas personas que queremos, que amamos…

Te invito, anímate, porque la vida es corta para callarlo.

*Promoción: por cada “te quiero” agregas un abrazo gratis. 🙂

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Conjuguemos :)

Soy valiente, eres valiente, es valiente… somos valientes.
Peleo por la vida, peleas por la vida, pelea por la vida… peleamos por la vida, porque vale la pena.
Amo, amas, ama… amamos, porque es el mejor verbo hecho práctica.

Cuantos motivos hay para estar triste, cuantas razones hay para tirar todo por la borda, cuantas personas existen que decepcionan, cuantas cosas hay que desmotivan, cuanto hay por…

Existen motivos más que suficientes para sonreír, para agradecer, para amar y para no querer dejar de vivir.

Quién no se ha despertado por la mañana creyendo en sí mismo y en que es capaz de tocar con la punta de sus dedos el cielo, que con lo que tiene en ese preciso momento, es más que suficiente para estar agradecido y vivir feliz.  Quien no tiene sueños, que si los contara a todo el mundo le llamarían loco o desubicado.  Quien no ha visto hacia el cielo suspirando y creyendo que la meta que tiene por delante la puede alcanzar.  Por estos momentos en la vida es por lo que digo que vale la pena vivir.

La vida es eso, coraje, valentía, fuerza… esfuerzo.  La vida son ganas de no querer tirar la toalla.  De que, si no hay salida, me la invento y salgo adelante.
El cielo me ha dado vida para disfrutar, para abrazar, para que me llamen loco porque lo que quiero es “imposible”, para sonreír, para compartir, para acompañar, para dar lo mejor de mí.

Continúo, sigo parada en la brecha, sigo luchando… sigo viviendo.  Lo confieso, no es fácil, ustedes lo saben más que yo.  He sido cobarde, he fracasado, he llorado, me he lamentado.  Todo ha sido necesario en su debido momento, y lo agradezco, agradezco por lo que tengo y por lo que he perdido también.  La vida no es solo de quejas, es de buscar salidas, soluciones, cambios, nuevas fronteras.

La vida es creer que más allá de un cielo gris sigue existiendo un cielo espléndido, que espera por nosotros.

Soy feliz.  Aunque tengo motivos para no serlo, lo soy.  Porque me he dado cuenta que mi felicidad no depende del fulano ni del mengano, sino de mí.  Soy responsable de mí.  Eso es algo grande.  Sé responsable de ti mismo.  Sé feliz.

He aprendido, aprendo y lo seguiré haciendo.
He avanzado, avanzo y lo seguiré haciendo.

Continúo, continúas, continúa… continuamos porque la vida es eso.

Y, por último, quiero decir desde lo más profundo de mi corazón que creo en vos, en ti y en usted.

¡Creamos en nosotros mismos!

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108, 1.54

Acaricio el aire con el cuerpo dispuesto a la libertad.
Desnudo el alma para que la fragancia de la vida me inunde.
Sonrío con labios abiertos.
Descalzo los pies para sentir la fertilidad de la tierra.
Me despojo del suéter en invierno para sentir la llovizna, mi nana.
Abro los brazos para recibir la felicidad y aferrarme a la seguridad.
Hoy suelto al corazón para que vaya a donde el crea conveniente, para que ame sin restricción y egoísmo.
Piernas corran, caminen, gateen, arrástrense… avancemos.

Chau miedo, pasarás de propietario a visitante, de esos que casi no se aparecen.
El cuerpo ha exigido lo que es suyo.

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¡Regalitos nada mas!

Te regalo un pedacito de mi esperanza y de mi amor.  No te preocupes, ¡es gratis! Te regalo los chistes que a mí me han hecho reír.  Te regalo una copia de la llave que abre el cajón de los abrazos que siempre reservo para días grises.  Te regalo un par de signos de admiración, seis letras y una tilde, ¡ánimo!  Te regalo un par de alas para que cuando ya no puedas seguir caminando, vueles.  Te regalo un pase a mis sueños de domingo, suelen ser los mejores.  Te regalo un boleto para el mundo de las sonrisas para que tomes las más hermosas y las hagas tuyas gratuitamente.  Te regalo una tilde para que cuando las cosas no tengan sentido, se la pongas y todo cambie.  Te regalo un boleto de primera clase para que veas tus sueños y los sientas tan tuyos a modo que los conquistes.  Te regalo un paracaídas para que cuando quieras sentir morirte te lo pongas y sientas la adrenalina de la muerte, sin morir.  Te regalo palabras bonitas.  Te regalo mi ocho acostado.  Te regalo la suerte que aún me queda.  Te regalo mis mejores letras.  Te regalo mis mejores ritmos.  Te regalo mis mejores oraciones.  Te regalo un crepúsculo.  Te regalo mis dos últimos deseos.  Y cuando las cosas tal vez no vayan tan bien, aunque yo no esté, te regalo mis ojos para que veas las cosas feas, bonitas.  Te regalo un sobrecito de brillantina de a quetzal para que brilles por doquier.  Te regalo un pedacito de mi corazón para que por siempre te acompañe, en tus días solos, malos y hermosos también.

Te regalo 285 palabras.

¡Te regalo un beso en el cachete! 🙂

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Lluvia

Lluvia, lluvia que decides acariciar con tus suaves pero persistentes gotas la piel de la tierra.  Saborearte me trae a la memoria una década atrás.  Me sabe a mi infancia.  Me sabe a mis seis años… Aún los recuerdo.

Escucharte lluvia es recordar aquella casa donde mamá me tuvo en sus brazos para amamantarme y velar por mi crecimiento.  Verte lluvia es recordar a mis hermanos de patojos y chorreados, pero chispudos.  Olerte lluvia es recordar aquellas tardes de sábado donde mamá sacaba su venta de atol y tostadas en la banqueta de la casa.  Una década atrás y tal vez un poquito más, donde crecí, me recuerdo de la primera vez que le dije a mamá que no quería ir a estudiar porque un niño me molestaba.  Aquella casa aún guarda mi primer y único amor canino, ese amor canino que supo de una u otra forma transformar la ausencia de aquel ser amado en presencia confortadora.

Lluvia, tu que me traes a la memoria aquellas subidas al cerro trasero de mi casa, colgar un lazo del árbol más cercano al borde para poder escalar más fácil cuando yo quisiera subir a él.  Lluvia que haces que el cuerpo se divague por un segundo hecho horas recordando aquellos sábados, donde muy ansiosa esperaba a las ocho de la mañana mis dos franceses con picado de verdura y carne, me encantaba que mamá le echara queso seco.  Esos sábados donde mis hermanos y yo al final de la venta esperábamos que le sobrará algo a ella para poder comer surtido para la cena y ver a mis hermanos correr hacia la tienda para compartir aquellas tostadas con una coca cola.  Sábados que después de una buena cena corríamos para ver los partidos de fútbol del parque que estaba a dos cuadras de mi casa.

El sonar de aquellas gotas acariciando la tierra hacen que el corazón de niña me vuelva a nacer.  Me hace más frágil.  Me hace más humana.

Tal vez en algún momento la lluvia no fue mi estación favorita del año, pero hoy se ha convertido en el diario de mi inocencia.  Recordar que los domingos siempre escogía mis mejores vestidos para ir a la iglesia.  Recuerdo el que tenía dos rodajas de sandía en las dos bolsitas inferiores, bañado mi vestidito de color azul marino con blanco.  Como aquel vestido con el que me creía una princesa, solo por tener como ocho capas (siempre las contaba).  Recordarme de aquel vestido que tenía girasoles y me hacía sentir un sol.  Y así unos cuantos más.

Hoy lluvia te vuelves en mi confidente, en esa memoria que hoy agradezco guardar y conservar en el corazón.  A veces y solo a veces quisiera volver allá, donde por algún motivo quisiera que “cosas” estuvieran aún presentes.  Como quisiera regresar aquella casa y abrazar fuerte aquellos dos amigos fieles que cuando llorábamos con mis hermanos, ellos hacían que dentro del llanto hubiera una sonrisa por lamernos las lágrimas.  Aún no los supero.  Cómo superar aquel tipo de amor que a veces los humanos no entienden.  Un amor canino.

Hoy, tengo 19 años y la lluvia sigue sabiendo “casi igual”.  Sigue sabiendo a dulzura mezclada con nostalgia.  Pero así te quiero lluvia, lluvia que amaba cuando por las tardes prefería jugar bajo de ella a hacer mis tareas.  Siempre terminaba algo resfriada, pero siempre valía la pena.

Hoy lluvia me sabes a recuerdos, me sabes a familia, me sabes a infancia, me sabes a amor, me sabes a libertad y tal vez en alguna ocasión me supiste a tristeza.  Todo se vale, todo es moderado. Lluvia de mi corazón, lluvia que me haces sentir de nuevo, que haces que no quiera dejar de escribir.  Gracias por caer con toda majestuosidad.  Gracias por recordarme de nuevo, mi corazón de niña.

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Tú, yo

Tú eres la prueba de que se puede querer
en estado de ausencia.
Tú eres mi estrella favorita
de las  tres dilatas y pintadas en tu cielo,
tu cielo decorado con tus recuerdos,
recuerdos que se han vuelto mi tesoro.
El tesoro de mi caja fuerte
sepultada y jamás encontrada en mi corazón.

¿Casualidad de conocerte? Mmm… no lo creo.
Propósito.
Mi encuentro contigo fue como la frase:
“No andaba buscando a nadie y entonces te vi”
Escuchar tu nombre y no saber que era el tuyo,
para luego luchar contra mi propia mente
para recordarlo.  ¿Daniel? ¿Gabriel? No.
¿Cuál era? JAJA. ¡Ah, ya! Miguel.
Estaba cerca.  Pero de tus dos nombres,
me quedo con el segundo o con ambos o contigo.

Saber que tu corazón estaba
navegando solo por las aguas de la vida,
me daba consuelo, alegría y sonrisas.
Hablar contigo era como mi premio
al final de todos los días.
Porque al final terminamos descubriéndonos
el corazón, miedos, pasiones, pero sobre todo fortalezas.
Tus chistes, aunque no los mejores,
ni los que daban risa, para mí, los más graciosos.

Tú y tus niveles de confianza.
Tú y tus frases tan cortantes.
Tú y tu signo de exclamación.
Tú y tu guerras de stickers.
Tú y tus secretos tan misteriosos pero tiernos.

Yo y mi apodo por tu personalidad.
Tú y tu apodo por mis acciones.
Yo y mis ganas de molestarte todas las noches.
Tú y tu “no te preocupes, tengo tiempo”.
Yo y mi sonrisa no fingida por saber que existías.

Yo, la fan de tus fotografías,
de tu paciencia y amor al enseñarle a los niñxs,
eso llegó justo aquí, a mi corazón;
compartir la misma pasión, nos unió más.
Yo, tu fan;
por ser valiente en los caminos de la vida.

La vida nos unió con un propósito;
de ver la vida con ojos de candor
de aprender a querer en ausencia
y apreciar sobre todo, la esencia.

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