Escribología

Silencios

Vi tus ojos,
Supe quien eras,
Supe quien fuiste,
Supe que tu lugar era a mi lado,
Supe que mi lugar era a tu lado.

Viste mis ojos,
Me desnude ante ti,
Te di todo de mí,
Mi historia te pertenecía.

Fuimos fuego,
Porque tu corazón y el mío,
Latían a tal grado
Que nos fundimos
Uno con el otro.

Fuimos aire,
Porque la brisa que
Brotaba de nuestros cuerpos,
Acariciaba nuestros rostros.

Fuimos ángeles,
Porque tocamos el cielo,
Y él mismo fue testigo,
Que volamos por las nubes,
Amándonos en silencio.

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Me encontré

Por si algún día te enterás,
Estuve esperándote como desesperado,
Al principio como en todo, tuve paciencia,
Pasaron los días, las semanas, los meses y hasta los años,
No llegaste.

Por si algún día mirás esto,
Te odie por mucho tiempo,
Casi el mismo tiempo que te esperé,
Y aun así no te apareciste.

Por si algún día me lo preguntás,
Hubo un tiempo en el que me rendí,
Deje que la vida pasara,
Mientras yo solo la observaba,
De lejos, como niño regañado.

En ese tiempo…

Me encontré, llegué yo, aparecí.

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12

No he sido seguidor de tradiciones,
pero aquí estoy,
tratando de creer en algo,
tratando de usar la poca esperanza que me queda.

La primera en mi boca- Que la alegría de esa mujer vuelva a ella.

La segunda, mastico- Que aquel hombre siga progresando, que no se detenga.

La tercera – Que aquella pareja no pierda la ternura de su amor.

La cuarta – Que esas personas encuentren de nuevo el amor.

Quinta, ¡Maldita sea! odio las semillas – Que esos pequeños logren hallar el rumbo.

La sexta – Que ese joven recupere la ilusión, la cordura y la razón.

Septima – Que esas niñas triunfen en la vida, que no pasen penas, que no sientan tanto dolor.

Ocho, ¡No puedo más! – Que esas mujeres encuentren la paz.

Novena – Que ellos aprendan a soltar el pasado.

Decima – Que ellos sigan comprendiendo el significado de la amistad y la lealtad.

Onceava – Que él aparezca antes de que sea tarde.

Doceava – Que nunca sea demasiado tarde para ninguno de nosotros.

Las campanas de las 12 ya suenan, estoy depositando mi ultima gota de fe en esto, solo espero que este año sea mejor que el que paso pero no tan bueno como el que le sigue.

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Sus palabras…

Estaba justo a mi lado, yo estaba sentado escribiendo en mi cuaderno,
hablaba y hablaba, mientras yo finjía ponerle atención,
aunque en realidad solo pensaba en las ganas que tenía de lanzarme a sus brazos,
en las ganas que tenía de probar de nuevo sus labios,
en que quería sentir su tanco una vez más y allí congelar el tiempo,
pero eso no pasaría y sin querer las lágrimas comenzaron
a salir de mis ojos como cántaros desbordándose de agua,
me puse de pie, nuestras miradas quedaron a la misma altura,
calló al instante, me vió, mis ojos ardían, mi respiración estaba agitada,
decidí salir de la clase, antes de dar un paso, me tomó del brazo.

-No llores por mi – Voltié.

Respiré profundo -No lloro por ti – Dije -Lloro porque soy incapaz de olvidarte, lloro porque no puedo, lo he intentado, juro que lo he hecho, pero no puedo no verte con amor, no puedo desenamorarme de ti.

-Por favor, no llores- Noté lástima en su voz.

-¿Qué no llore?- Dije fingiendo una sonrisa y secando mis mejillas con la
manga de mi camisa -¿Eso te haría sentir mejor? – Pregunte -Porque si es así-
Jalé el brazo para liberarme de su agarre – lo haré – me detuve un momento
– Lo haré porque soy tan idiota, soy el completo idiota que aún te ama y que
hará lo que pidas para que estés bien, aunque yo este mutilando mi
corazón, aunque cada día se me dificulte ver la realidad, lo haré porque por
el momento no puedo no amarte.

Me giré y comencé a caminar, sabiendo que mi alma aún se quedaba a su
lado sostenida por su mano, sabiendo que no podía dejar de amarle, aún
no me resignaba a saber que no me amaba con la misma intensidad con la
que yo le amaba.

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Libérate

Tu consciencia habla,
déjame libre…
brindarme la paz
tu conciencia pide.

Tu conciencia grita,
acude a su llamado,
limpiala del pecado,
y déjame descansar.

Tu conciencia añora,
seguir su camino,
y dejarme en el pasado.

Reconciliate con ella,
ábrele la puerta,
déjame atrás,
déjala descansar.

Tu conciencia anhela
volver a amar…

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Mi parte favorita de ti.

-Parece que conoces mejor mi mano que yo mismo.

+Fue lo primero que vi de ti y la primera impresión siempre queda marcada, la primera vez que te vi, una capa de dolor cubría mis ojos, frente a mi apareció una mano con un pañuelo, eras tú, estaba tan agradecido con la vida, porque en medio de ese dolor, tu acto, me devolvió la fe por la humanidad.
Desde entonces tu mano es mi parte favorita de tu cuerpo, porque de ella me sostengo cuando estoy apunto de caer.

Dedicado a Sindy.

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Luna

Casi todas las tardes veía a ese anciano sentarse en la terraza del edificio y observar el cielo, me resultaba intrigante su comportamiento, mientras el resto de internos se la pasaban fingiendo ser artistas, divagando, temerosos y queriendo ser atendidos, esta persona subía a la azotea y miraba el cielo como si de eso dependiera su vida.
Uno de esos tantos días en los que quería conocer su historia decidí seguirlo y preguntarle.

-¿Acaso ve usted algo allí que el resto no pueda?- pregunté con ironía.

El paciente viéndome sonrió y dirigió de nuevo la mirada al cielo.

-Así es- respondió – si usted viajara a otro continente y regresara a este, vería al horizonte con la certeza de que hay algo más allá del agua, ¿no es cierto?- preguntó.

-Si claro- respondí sin entender muy bien.

-Cada quien puede ver lo que uno ya conoce, dándole un significado distinto, aunque por cierto tiempo se pierda el recuerdo y el sentimiento por tal cosa-

-¿Qué es lo que ve?- pregunté, el cielo se había cubierto de nubes, esta vez el anciano me miraba.

-Hace unos años mis compañeros y yo fuimos los primeros en pisar la luna, en mis momentos de lucidez vengo aquí a recordarlos, porque ellos se han marchado ya- contestó.

Aquellas palabras de cierto modo me habían conmovido, alcé la vista al cielo, poco a poco las nubes iban descubriendo la parte a la que el anciano veía, algo brillante ya se lograba ver, la nube se alejó completamente, allí algo hizo clic en mi mente, varios recuerdos comenzaron a venir a mí, en ellos habían dos personas más, una mujer y una pequeña niña, en el último recuerdo estábamos los tres viendo la luna, se veía tan hermosa como la veía en ese instante.

-Algún día nos iremos a vivir los tres a la luna- fue lo último que le había dicho a mi hija.
Baje corriendo a alistar mis cosas, me dirigí con la enfermera y le dije que estaba listo para irme, hace dos años me interné a este lugar, luego de un accidente había olvidado todo, había olvidado a mi familia, la promesa que le había hecho a mi hija y aquella hermosa luna fue lo que me devolvio cada recuerdo.

Regrese a Guatemala donde había vivido hasta hace dos años, volví con mi familia, cada vez que puedo regreso junto con ellas a visitar al señor que viajó a la luna.

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