Escribología

Instante

Con el tiempo llega el invierno…
Los charcos y lana a los cuerpos.

Y… la mara se queja de lo terrible,
dichosos tienen techos.

Como los osos es necesario invernar.
Refugiarse en la respiración.

Sentir cerca el corazón y añorar el verano.
Mi estación favorita es otoño,
hojas bailando; esas me recuerdan a vos y tus letras.

En la mente aquel sábado saliendo de la u.
El sol pegaba en tu cara y yo tocaba tus testículo.

Luego… solo continuó la vida,
tranquila y en su caos hermoso.

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3 para las 3

No me deja y avanza sin mi
Se me pasa por encima y a través de las pupilas
Arrepentida y adelantada

Me regala bolsas púrpura
Se me hizo tarde otra vez…
Su olor es de antaño

De pequeña nunca me preocupó
Quería crecer
Ahora le tengo miedo, miedo segundero

Edad deseada: 15 años
Corporia alcanzada: 25 años
Verbo conjugado: casi 30 años
94 años de mi único abuelo vivo, al quien la gloria de Dios alcanza

Disparates en la mañana para salir de él
Añoro menguante
Metamorfosis día-noche

Espero las 3am
Centro de inspiración
¿Acaso no quiero soñar? Sumérgete, dejate llevar pequeña

Humor negro
Consciencia arcoiris
Culo morado

Amor a la ventana
Olor de pies y kilómetros recorridos, polvo somos
Una de cal y la otra de arena

Ancestral y místico
Un aquí y un haya en la verde Argentina
Me revuleco en el liquido amniótico

Solo me arrugo más
Ojos tecolote
Nahual: Kame de un trece de octubre

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En la 204

en la 204.jpeg

La última de Q2…
La última de Q2…

Córrase para atrás
en la fila de inmedio hay lugar

Por favor gente con educación

¡Qué va!

Para mi dicha vengo sentada y con las nalgas calientes desde mucho antes, ya no me molesta la bulla y el cobro excesivo.

Eso si, NO, NO me llegan las insinuaciones y miradas intrusas sobre mis montañas, pelados

Al pasar las 5 pm
Q5 le vale

Paradas con tiempo
Bajo en la “U”, le digo

Mientras mi cabeza golpea el vidrio, poco limpio y para variar se pasa llevando la grasa e ideas del/a anterior pasajerx, ideas que se dejan ver como sueño y cansancio

Volteo a recuperar oxígeno y lo que recibo son los ojos cansados, ojos apagados de la doña que apenas conozco. Parece que la jornada le ha pasado la factura y sus hombros son cada vez más caídos

Este es el espacio en donde no se trata de mi sino de las burbujas vecinas que a cada poco se les cansan los dedos de tanto apretar el tubo para no caerse

Mi queja constante es el ruido de fondo, no me refiero a la música, hago hincapie a la serenata de estómagos y apetito feroz que la gente refleja en las orillas de sus bocas, por lo menos algunas veces es la mía

Pero qué te pasa
Guarda tu celular

Volteo a la izquierda
Me cuido de la derecha

Tal parece que se le pasó el bus a los dueños de lo ajeno, he de estar con mucha suerte, aunque no caería mal encomendarse al colocho, digo, por aquello que mi nana siempre haya tenido razón

Aunque la verdad si tengo bendición, en esa caja de vidrios he tenido la dicha de no encontrar un asiento vacío, pero si un bote para dejar caer la lucha de casi noventa centímetros

Y pienso
Recuerdo

Tanto miedo tengo ahora a las rojas, si en mi adolescencia estas fueron cómplices de las escapadas y de algunas metidas de mano. Aunque si reconozco que fue mierda, no por los amoríos con los ayudantes, si no por las ilusiones que fueron en las calles marginadas

Mejor pongo cara de viva…

Con permiso
PARADA

PARADA

Toca esperar otro bus.

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Hace dos años

Entre hip hop y playeras de vómito

Con sombreros negros y carros prestados

Nubes y cielo

Barrio y kilómetros

Fue la excusa perfecta para soltar las ganas

Ya tenía meses de cortejar y nada que se me daba

Eva y su sabiduría

Adán comió la manzana

No se tenía claridad y no se quería tenerla

Quizá miedo y ansiedad si estaban presentes

Reglas: no besos y…

Yo me quito la ropa, gracias

La “tengo chiquita” (susurro)

(Era mentira)

Multiorgasmos, orgasmos, venidas, idas, orgasmos

Mierda

Pasó

Fue extraño, demasiado extraño

Muy extraño coger con los ojos cerrados

En ese momento le dije: Hola, soy fulana de tal

Soy no se qué y hago esta mierda

Creo en algunas babosadas y me da miedo esto otro

¿Y vos?

…Mucho gusto

Me perdí entre tus pliegues y la Mateo Flores

¡Pellizcame! No puedo creer que este pasando

Jajaja

Jajaja

Pisada

Ya estaban enculadxs

Luego vino la resaca al estilo Frida Kahlo

Esa combinación de dolor de culo y corazón con conciencia de lo ocurrido

Varias veces hablamos de aquel rato ameno

Y vi en tus ojos que lo volverías a disfrutar

Al verte caminar rememoraba tu espalda ancha

Me abstuve de lanzarme y desnudarte; ya sabes porque

Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja

Ups!

La pasamos bien por cien tukis

#1

Algunas cosas están borrosas

Tengo claro esa llamada

Para variar estaba en escuela de vacaciones

Y dijiste estuve con otra persona y te imaginé (Jajajajaja)

Y luego ya no se qué pasó

Estoy suspirando y tocando mis labios

Ojalá te vengas conmigo

Dos vueltas al sol…

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Ayer…

Luego de tócame la cucaracha
Mis ojos se iluminaron al verte
Olvidé las llaves

Aplicaste el check list
Casi nos haces regresar
Seguimos con la misión

El destino fue y es zona uno
Luces amarillas
Árboles y humo

Pedacitos de lo que fue la compañía
Chocolate
Leche descremada

La triste historia de la humanidad
El consejo de las canas
Casi fue el nido

Luna y noche
Parque y huidas
Letras y diálogos

Vos
Yo
Nosotrxs

Me temblaban las piernas
Fue estúpido enseñarte las uñas de mi pie
Tus dedos sobre mi placer

La zona roja
Balazos y policías
48-78 con besos

Incertidumbre de la existencia
Llegadas tarde
Nostalgia entre almohadas

Pero…
Esto no pasó
Es nuestro secreto

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Quiero:…

Un pedacito de nube para saciar la miopía

Hojas secas que caen del árbol para ser valiente

La risa de una niña en la tarde de abril

Dos cervezas para acelerar los minutos

Rap para improvisar improperios

Gatos en los tejados para mezclar los gemidos

Tres pulmones para más existencia

Yesos para perpetuar loqueras

Espejos para buscarme lunares

Cuatro tatuajes para mi rebeldía

Puntos suspensivos para la utopía

Espirales para ir al lago

Cinco tiempos de tortilla para los apolíticos

Hambre y sueños para los ricos

Vivos y muertos para los genocidas

Seis sábados al mes para verte lo pervertido

Excusas para ver los grafitis

Ensañamiento provocado a tus caderas

Siete infiernos para besarnos

Agua potable gratis

Voz para maldecir las injusticias

Ocho dos seis a las once once

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Te regalo un treinta de febrero

Para qué un gastado catorce…
Yo te regalo un treinta de febrero…
No un veintinueve, es un treinta…

Un día con veintidos horas…
Cada hora tiene cien minutos…
Un solito y dos noches…

Sabrá a sandía en el parque…
Y de fondo música de protesta y pobres…
Con olor a kilómetros y fluidos de pubertxs…

Puede ser martes o jueves…
…Estos días son menos complicados…
Y de preferencia un cuarto para las seis…

Como la canción…
Aquí no hay relojes y si moteles…
Le diremos nido…

Las manos se juntarán con los pies…
El músculo se despegará un poco de los huesos…
Y se tendrá conciencia de la cuerpa…

El clima será a tu elección…
Y, si puedo sugerir…
Que sea el frío de diciembre…

No aparece en el calendario…
Aunque lxs abuelxs si lo conocen…
Ellxs nos lo regalaron junto con los búhos…

No existirán semáforos…
Rojo será exclusivamente para la sangre…
La sangre menstrual de mis ciclos…

Diremos en el trabajo y universidad que nos empachamos…
De tanto reír y llorar…
No nos entenderán las mentes comunes…

Y porque está en nuestra naturaleza…
Para este día…
Abundará la mierda, el placer y las metáforas…

Y no lo olvidaré…
Daremos gracias…
Gracias por lo todo y por nada…

Los abrazos estarán de más…
El contacto será con los ojos…
Las tripas nos ahogarán en silencio…

Tendremos ciento treinta y dos mil segundos sin presidente…
Reinará la anarquía de tus ideas y emociones…
Le sumaremos la solapada razón de mi existencia…

Vamos a tener pausas prolongadas…
Cuando nuestras pestañas…
Coqueteen y se hagan el amor…

Lxs gatxs seguirán maullando…
Lxs vecinxs no gastarán agua…
Y el pasaje no superará la canasta básica…

Sí…
Es intenso…
Como vos y tus gemidos…

Y sí…
Estoy loca…
Es mi utopía…

Es mi treinta de febrero…

Es tu treinta de febrero…

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Capítulo 3: Ocho meses de gestación

Nací un martes trece de octubre de 1,992.

Joseline Esteffanía Velásquez Morales…

Me gusta fantasear pensando que nacer en este mes me hizo revolucionaria por defecto.

Mi mamá se dilataba y sudaba puro coche mientras esperaba el matadero. Imaginemos esas salas grises de espera del seguro social, frías y compasivas.

No quiero decir que es un animal, pero, sin duda parece que no existe compasión alguna al ver a las mujeres parir. Algunas mujeres tienen suerte, digo mujeres porque parir se ha vuelto tarea de este sexo, la figura del hombre queda limitada o fuera, para mi caso esa figura se encontraba a la espera.

Siguiendo con la suerte me refiero más bien a las mujeres que por su posición económica llevan ventaja sobre las otras, aquellas y aquellos que tienen la posibilidad de pagar anestesia, camillas y sábanas en buen estado y personal médico agraciado.

De pensar que el acceso a la salud pública puede ser sinónimo de violencia obstétrica me da un piquetazo en el ombligo, porque aún con cesárea me atravezaron tijeras quirúrgicas.

Rompí fuente precipitadamente como si no existiera una tarde o un noviembre.
Tan sólo eran las siete de la mañana con ocho minutos y ya estaba forzando mi existencia y pulmones.

No fue un parto normal, me refiero a que no hubo gritos, vaginas rasuradas a la fuerza, orificios en expansión y bisturí que llegaba al ano. Tampoco hubo enfermeras histéricas diciendo “aguante señora”, “para qué abré las piernas” de esas cosas que se escuchan de los hospitales públicos.

Nací, fue cesárea.

Como a una papaya, partieron a mi mamá por la panza,  cesárea que me salvaría la vida y la vida de las otras y otros. Una simple cesárea diría la tecnología.

Una simple cesárea a la cual se debería tener acceso sin restricciones porque es un derecho sexual y reproductivo, el acceso al avance científico.

Menos mal en el hospital tenían los recursos para practicarla, si, doctores, enfermeras, camillas, bisturí, y atención por si se complicaba. Puedo decir que fue un milagro, y es que a las mujeres las han regresado a sus casas o no atendido por no tener disponibilidad médica y humana.

Sin duda se que le dolí a mí mamá.

De cualquier forma mi existencia estaba encomendada por las diosas y dioses, abuelas y abuelos, tenía que nacer para incomodar.

Aunque pensándolo bien, sin alma dirían, si mi mamá hubiera tenido acceso a información, métodos anticonceptivos y su contexto hubiera sido menos patriarcal, ella, como muchas mujeres, tendrían la fuerza para decir no, no quiero otro hijo, usa condón para prevenir.

Pero que va, la realidad de mi mamá fue otra, la cual desconozco a totalidad, hablar de esto aún es incómodo. Y diré: amo a mi mamá y ella me ama con mi rebeldía, pero sin duda me duele asimilar que nací probablemente sin ser deseada, planificada y concebida en los cuarenta días de su primer embarazo.

En tal caso fui bendición para mi mamá, papá y hermana.

Y esta bendición debía pagar los pecados que otra mujer cometió por desobediente. (Excusa).

Algunas veces he escuchado que no es castigo sino regalo del todopoderoso, parir a los hijos con dolor.

(Nótese que escribí únicamente hijos; porque es lo que se desea, las mujeres sufren mucho, mejor no tenerlas, o mejor si para que tengan quien sirva la mesa).

Claro, antes de esto se escucha a todo pulmón que las mujeres deben ser madres, esposas, respetuosas y sumisas.

No, pero, No, esto no es un destino o instinto.

Más allá del regalo divino que se les dio a las mujeres y el cual parece que hay que agradecer y usar para no ser meramente inservibles, quiero, con todas mis costillas que entendamos, parir ahora es nuestro derecho y puede y debe darse en las condiciones más seguras, humanas y médicamente apropiadas.

Y, si, somos las mujeres, las que debemos decidir sobre nuestros vientres.

Claro, los hombres pueden decidir y se les debe garantizar que puedan reproducirse, pero no sobre la voluntad de otra persona.

Creo que puedo decir que mi mamá decidió vivir el embarazo, pudo interrumpirlo, y no es que eso quiera para todas las mujeres, pero, tampoco la idealizo porque no me abortó. 

La lógica premia la vida, esta se acompaña aún más de la moral, y esto para nada significa que las mujeres deben continuar o no con la gestación, si me aproxima a que ninguna persona debe continuar con una vida si no es su decisión o aún darle más valor al producto que a ella misma.

Al final un embarazo, parto, cesárea, hija o hijo son la muestra microscópica de la carga socialmente dada a las mujeres, que para mi vida se resumió en ocho meses de gestación, los cuales me permitieron reflexionar sobre los derechos, privilegios, realidades de las cuales venimos y vivimos.

Años después sigo rompiendo el cordón.

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Capítulo 2: Políticamente “Pechos”

Parada frente al espejo observé detenidamente mi cuerpo, llevé mis manos a mis pezones y los acaricié, ya lo hacía desde antes, solo que hasta ahora me surgió la necesidad de escribir, dejar que ellas, mis pechos hablaran.

Les cuento: son suaves y rudas, sonará absurdo, pero, son dos, dos bellas composiciones y herencias de mis ancestrxs, tengo un pezón más grande que otro y en ello he encontrado placer en la lengua e imaginación de quien he permitido acompañar. En mi recorrido a ellas me percaté que tienen vida, para esta sociedad son pequeñas y “destinadas a dar leche”; sin embargo, a través de los años he dado otro sentido a su existencia.

Resistir

Políticamente “pechos” 

Quiero iniciar abriendo el debate sobre el hecho de nombrarlas, para mí fue difícil. Les dije “chiches” que es la forma coloquial de nombrarlas; “hay me pica la chiche”, “me están creciendo las chiches”, “tengo las chiches caídas”. Luego pensé en decirles “bubis”, que digamos es menos vulgar y más sexy; “mírame las bubis” (me las agarró y aprieto), “mis bubis”, “qué ricas bubis”. Pase a decirles “mamas” por que como mujer estaría destinada a dar leche a lxs futurxs hijxs que tendré. Existe “tetas” que Rebeca Lane nombra en sus rolas, “Senos” palabra que fue y es popularizada y aceptada tras la novela colombiana “Sin senos si/no hay paraíso”. Termine por decir “pechos” la forma políticamente correcta para nombrarlos por la poca carga moral que conlleva.

Este ejercicio me hizo pensar: nombramos a partir del proceso de construcción de esta sociedad, entre chiches, bubis, mamas, tetas, senos, pechos y todas las que se les ocurre, existe una normalización a los pechos (para mi escrito usaré “pechos); cada una lleva implícita una carga ideológica, política y moral que hace referencia a los pechos de las mujeres, en este sentido los pechos de hombres pasarían a un segundo plano (si cree que estoy equivocada, comente) porque los cuerpos de las mujeres están sexualizados y se cosifican, esta sociedad que nos niega el derecho a una sexualidad plena y placentera.

Y usted, vos, tú ¿Cómo les nombras? …

Pechos en la pubertad

Luego de este pequeño debate, ejercite mi cerebro tratando de recordar en que época de mi vida los pechos recobraron tanta importancia. Quizá fue cuando iniciaron a doler y cada roce o contacto con el mundo exterior era agonizante.  Paralelo a la menstruación, los pechos iniciaron a florecer, esa etapa de cambios hormonales apareció entre duchas y olor a axilas sudadas. Es aquí en donde el reconocimiento del cuerpo es imprescindible; sin embargo, difícilmente nos tocamos o exploramos, se nos ha dicho “no se toca” anulando cualquier oportunidad de conocernos y descubrirnos. Este proceso se relega a un cambio netamente biológico, el cual sólo nos restringe, culpabiliza y anula el placer y erotismo.

No es lo mismo hablar de pechos de mujeres y pechos de hombres, es en la pubertad en donde la moral y los diferentes canales de aprendizaje juegan un papel importante. El ejemplo más claro que tengo es que Eva si debía cubrir sus pechos, Adán no ¿A qué se debe? Si existe una diferencia biológica, los pechos de las mujeres se desarrollan con glándulas mamarias; sin embargo, socialmente son otras las atribuciones a los cuerpos, sino recordemos el conflicto de pechos de hace meses en Argentina, esto se escapa de lo biológico, es un problema patriarcal que no se quiere reconocer.

Fue hasta años después que reconocí la existencia de mis pechos en mi cuerpo, fue hasta después que mis pechos reconocieron y reivindicaron su actuar político en esta sociedad.

Pechos y el rollo de papel

Deseaba que fueran grandes, las mujeres que veía como referencia (las mujeres de novelas, periódicos y anuncios publicitarios) las tenían grandes y yo las quería así. Para mi valentía, no fueron grandes, fueron y son perfectas, tan perfectas y con lunar. Esta idea ha ido madurando; ya que es complejo desligarse del estereotipo y construcción de la mujer desde el machismo y capitalismo.

A los quince años cuando me debatía en el “paso de ser niña a mujer” en la sociedad mierda en que habitamos, me sentí obligada a tenerlas grandes, lo que hice fue meter papel higiénico para aumentarla, parece gracioso, quizás la mayoría de mujeres lo han hecho. El problema de esto fue tener que ir a las piscinas y que el papel higiénico se desintegrara, no podía mentir sobre el tamaño de mis pechos. Y si me dejan decirles algo, si, ¡fue pisado!, recibir comentarios que te discriminan por no tener pechos grandes o no ser atractiva a la gente, que más de alguna persona te hiciera el comentario que ahorrarás dinero para operarte o lo peor, que mis hijxs serían pobres y morirían de hambre porque no tendría suficiente leche. ¡Qué estupidez!…, esto no me da risa. Sin embargo, si funciona para el sistema que oprime.

Díez años después a ese episodio, me abrazo y reconozco que es difícil aceptar el cuerpo. Insisto, crecí con la idea que los cuerpos en especial el de mujer debe ser de una sola forma, 90, 60, 90. Ahora en mi proceso de emancipación; recuperar el cuerpo y dar a conocer la diversidad de cuerpos en color, forma y tamaños es una tarea compleja, y también una tarea bonita y liberadora.

Puedo decir con libertad que mis pechos no tienen miedo a esta sociedad, poco a poco han tomado espacio y reconstruido esas miradas y bocas que quieren regir todo por antojo o interés. Si son grandes o pequeños (que esto es dicotómico) no es solo clavo mío, es de la sociedad y de todos esos sectores que han hablado sobre los pechos de mujer sin siquiera consultarles a ellas como se sienten.

Pechos y brasieres

Ya escribí que me cuestioné el cómo nombrarles, les comenté que de adolescente la construcción de la mujer desde el patriarcado me pasó factura. A raíz de esto he ido reconfigurando mi estancia en esta vida y ha sido y es una construcción que me permite liberarme, amarme y vivir una sexualidad integral plena.

Respecto a los pechos con brasieres tengo que decir: ¡qué dolor!.

Eso de sujetarse los pechos para que queden perfectos es complejo, digamos que existe una diversidad de sujetadores que a mi parecer solo oprimen y restringen la libertad del cuerpo. La primer vez que tuve un brasier fue regalo de mi mamá, fue como un tipo de ritual en donde me estaba preparando para lo que venía. Recuerdo perfectamente, eran blancos, de algodón y tenían un dibujo animado (nada sexy, pero era patoja) pero se sentía bonito llevar algo más sofisticado bajo la blusa.

A decir verdad usé tallas de brasier para niñas, desconocía a qué le decían ballena y que esa cosa te las levantaba. A partir de eso me fui de cara cuando me enteré que habían brasieres para pechos del tamaño de mi cara, con encaje, con esponja, elásticos, straple, cruzados, de santas, putas, para la noche, la cita y para la suegra. Recuerdo que un domingo en el mercado decidí comprar un brasier, quien lo vendía era un hombre, se me quedo viendo extraño “lleve este, está a la moda” me dijo, y trate de convencerme de llevarlo, lo probé sobre mi ropa para ver si me quedaba, fue gracioso, no me quedaba, el color no me gustaba, las pitas eran demasiado pequeñas, la esponja era demasiada, el encaje estaba mal cosido, los broches eran angostos, en fin, terminé sin brasier. Es un dolor de cabeza. A todo esto: ¿por qué las mujeres usamos brasier?, yo aún los uso, algunos días son necesarios, otros son incómodos. Por lo general en las noches duermo sin brasier y se siente riquísimo.

Tengo varias amigas que he visto y no usan brasier bajo sus blusas o ropa, se ven increíbles y no me refiero a sus pechos, me refiero a su existencia. Los pezones se les marcan, no se les marcan por la espalda las varillas o les quedan rojos los hombros por las cintas. Una de ellas me dijo una vez, que decidió no usar brasieres y comprar camisetas o tops (tipo sport) que son más amplios y más cuidadosos con el cuerpo.

Para este tema aún me cuestiono y me cuesta llegar a conclusiones. ¿Usar o no usar brasier?…

Pechos y resistencia

Hay muchas cosas que hablar y escribir sobre los pechos, sentí unas ganas de que ellas hablaran. Ahora escribo feliz, recuperar mis pechos sobre el tamaño, recuperar mis pechos sobre digamos “el uso” que les doy, recuperar mis pechos sobre la opinión y construcción de la sociedad, recuperar mis pechos y lo que uso en ellas, recuperar mis pechos sobre el cuerpo, que claro no solo por ser mujer me relego a pechos; sin embargo si por ser mujer mis pechos han sido condicionados.

Recuerdo que aún siendo pequeña a veces miraba los pechos de mi mamá descubiertos mientras se iba a bañar, no le dio pena hasta que fuimos creciendo. En casa junto a dos hermanas aprendí que cada una vive y atraviesa historias de pechos diferentes. Mi forma de resistir en cuanto a los pechos ha sido y es cuestionar su propia existencia, renunciar a concepciones impuestas desde lo moral, lo religioso y lo social. Lo cierto es que vivimos en una sociedad rodeada de pechos, tenemos sexualidad, somos seres integrales.

Me atreví a tocar mis pechos, a verme al espejo, a nombrarles, a compartirlos con otras personas porque así lo decidí, me atreví a tomar fotografía desafiando a la web para que no me censure, me permití rascarme los pechos en la calle sin miedo a que me digan sucia, me atreví a ver otros pechos con la voluntad de la otra persona. Dejé que los pechos ya no solo fueran pechos, las eleve a lo político y a vida pública, en espacios de diálogo y debate, ahora las presento como poesía y ritmo.

Quizá no toda mi vida me pase hablando de pechos o sí, lo importante es darle otra perspectiva a la sociedad, mientras algunas personas hablen de amor, vino y dinero, mi propuesta es hablar de mi emancipación.

Yo le invito a hablar con sus pechos, cuestione su existencia, dude de su caminar, y si no vea qué hace.

¡Mientras hayan pechos, habrá revolución!

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Capítulo 1. Doce/veinticuatro años «Menstruación»

Narrar con gracia e ironía las horas, suele ser más complejo que decidir de qué color pinto mi habitación, y más difícil aún, es terminar de dar vida a lo que inicie mientras la rabia me quita la energía. 

Me consideré la típica adolescente, con familia “perfecta”, más de dos pares de zapatos, promedio bastante bueno en la escuela, la voz escuchada por lxs 40 a mi alrededor, flaca por regalo de mis progenitorxs, escasa de maldad y chiches (esta es una realidad que no ha cambiado tanto; las chiches).

Y me detengo a parafrasear lo poco que recuerdo, he cambiado tan sólo lo necesario para alterar y provocar algo en mi pupila, la indignación llegó hasta el hueso, que me vi obligada a no ser la uniformada que repite una lista de deseos para considerarme alguien especial en este mundo. 

A mis 12 años, mientras las niñas de mi colonia jugaban muñecas, yo decidí hablar de sexo; y me vino la menstruación, no digo que odiaba las muñecas; sólo que no encontraba diversión en cuidar a alguien de plástico y dejar de pensar en mí. Obviamente no fue magia “sexo y menstruación” fue, le digo yo: “un golpe de la vida”.

Un golpe oportuno que determinó parte de mí existencia y mi quehacer por los siguientes años. 

A esa edad, si no mal recuerdo y si la cabeza y la memoria no me traicionan… Pasó. Pasó. Pasó…

Me corrió sangre por las piernas y labios, aún lo recuerdo entre turbulencia y olores a sudor, ocurrió entre regaños y teatro. 

La correlación entre sexo y menstruación, fue la cuerda floja para todas mis aventuras, ambas comprobaron que era “mujer” y este es sólo el inicio del oleaje de un inmenso mar. 

Pero, quiero contarles exactamente lo que pasó; ya lo he pronunciando en otros textos y momentos, ante varios capítulos de esta vida/historia, este definitivamente me marcó para toda la vida.

Ya sabía de su existencia, me refiero a la menstruación, ya la había escuchado meses atrás, soy la hermana del medio; por lo que no me pasó primero y esto de alguna forma ayudé a que el golpe no fuera tan drástico. 

Diré que fue un golpe, porque a está edad aún la menstruación tenía la carga social, política e ideológica que la sitúa al margen del patriarcado. 

Continuó… recuerdo que en el colegio se programó una visita al teatro y desde luego que asistiría; ya que era una de las organizadoras. A días de ir, ocurrió un evento ajeno en donde me vi involucrada, que me sucumbió y alteró la existencia.

Vi, sin exagerar, con estos ojos bizcos: un pene… 

Tranquilxs, ahora lo cuento y verán la relación que tiene con la menstruación, en mi historia.

¡Ufffffff! (estoy respirando pausado)…

Kevin, ese muchacho blanco y de voz aguda, le gustaba molestar a las niñas, esa vez nos dejó atrapadas en una bodega al fondo de la clase, la condición para salir era tocarle “su cosa” (sí, su pene), (claro que para ese entonces no le decía «pene» le decía su paloma/pájaro) 

¡Qué barbaridad!

¿Qué pensarán de mí?

Estás son cosas que suceden, según la gente, parecerán juegos de adolescentes, la calentura de la edad, para otros de seguro será un pecado, inclusive me pueden considerar una puta por escribirlo.

A esa edad pensaba que era lo que tenía que hacer, no me refiero a tocar su pene, me refiero a vivir esas cosas de adolescentes, pensaba que por ser mis amigxs no lo hacían por maldad. 

Diez años después, pienso en dos cosas.

La primera, pensar que lxs adolescentes no viven una sexualidad, es irreal, la viven y puede pasar en diversos escenarios, se vive como las sociedades van construyendo y atribuyendo roles, características, etiquetas.

La segunda, eso fue violencia, si usted que lee puede darse cuenta al igual que yo, que eso violentó mi integridad y mi espacio íntimo del cuerpo/mente/sentimientos, estamos en la misma línea, por lo que podemos reconocer que la violencia se ha naturalizado y se presenta en varias formas llegando a ser “invisibles”.

¿Qué tiene que ver esto con mi menstruación? ¡mucho!

Resulta, que me negué a tocarlo, a todo esto la maestra se enteró y la directora mandó a llamar a mi mamá para resumirle mi comportamiento. 

-¿Qué pasó?, Esteffanía-

-¡Quiero la verdad!, tu papá se va a enojar si ya no te dejan ir al teatro, ya no van a devolver el dinero.-

Esa mañana esperando a la directora, le dije a mi mamá…:

-No paso nada, estábamos jugando y la maestra entendió mal.-

Minutos después, antes de salir al teatro, la directora y mi mamá entablaron la conversación más larga y preocupada, la situación recaía en que debían como padres: ponerme más atención, aducía la directora que las niñas que hablamos de sexo son las más propensas a experimentar y hay que tenerlas más observadas para que no “jueguen la vuelta”.

En ese instante, cuando se debatía sobre mi realidad…

Pasó. Pasó. Pasó… 

No tuve tiempo de interrumpir a la directora y a mi mamá y decirle: ¡me vino la menstruación!, Todo se dio por su propio peso, tuve que callar, buscar entre mis amigas que “ya habían desarrollado”, una toalla sanitaria. Corrí a buscar a mi hermana grande.

¿Qué me esta pasando? ¡Ayuda! 

¿Será este un castigo por haber visto un pene?…

¡Si esto les pasa a las mujeres, no quiero ser una!…

Mil cosa pasaron por mi cabeza y músculo, apenas me dio tiempo de acomodar la toalla en mis calzones, debía apurarme porque me dejaba el bus para ir al teatro. No imagine que aunque me dejara el bus, en ese momento iniciaba una etapa en mi vida.

Esa mañana me sentí ajena a mi cuerpo, podía comprender lo que biologicamente me ocurría, no sabía responderme: ¿por qué esto solo le sucede a las mujeres?, no lograba sentarme en comodidad, sentía la vista de todo el colegio en la espalda y piernas, esperando a que me manchara la falda y burlarse. Añoraba regresar a casa y bañarme.

     ¿”Me bajó”? (pensé) porque ya me tocaba, porque me puse nerviosa, mi mamá va a pensar que alguien me toco muy duro, este es un castigo.

Doce años después, me encuentro en tensión. Me pregunto: ¿cómo vivimos la menstruación las mujeres?. Se me hace un nudo en la garganta y se me moja la vagina. ¡No!, de esto no nos hablan en la cena, en la escuela, menos en la iglesia (aquí se considera una maldición para la mujer por su desobediencia).

Crecí y menstrué pensando que esto era “solo algo que pasaba”…

Crecí y menstrué entre toallas gigantes, con alas y olor a manzanilla…

Crecí y menstrué evitando las manchas en la ropa y el aguacate…

Crecí y menstrué tomando pastillas para aliviar el dolor y olor…

Ahora, la lengua me fluye y el animo se me desenfrena para hablar de MENSTRUACIÓN, como ese acto místico ancestral que me llena de energía, desmiento con fuerza que esa sangre es sucia y dolorosa a nuestros huesos, es energía, es la porción que al concluir un ciclo se deposita en nuestro endometrio y llena de vida mis labios, mi vagina, recordándome la vida y sobre vida de las mujeres de mi vida.  

He ido afrontando lo despectivo y machista que socialmente se le atribuye a la menstruación y a las mujeres, la industria de toallas sanitarias envueltas en papel periódico para que no se enteren de lo que sucede, la riña entre toallas con alas y/o sin alas. 

El avance científico en la búsqueda de la eliminación del dolor «cólicos» para recuperar la vida, como si fuera una carrera para anularla, odiarla y marginarla. 

Y el aspecto patriarcal, la iniciación que cultural e históricamente pasamos, esa transición entre niña a mujer, la bandera que dicta que ya estamos preparadas para ser mamás, esposas, mujeres ganosas. La reducción y condición humana a la que se nos relega. ¡No es así!. 

Hay más cosas, esas son apenas unas cuantas de las que vivimos, ahora puedo decir que disfruto de mi ciclo, espero mi menstruación. Me he atrevido a hablar de ella, doy pasos para reconstruirme y emanciparme de esa figura occidental impuesta sobre el cuerpo y la sexualidad. 

De doce años a veinticuatro sin duda se aprende y desaprende, recobre mi derecho a menstruar, hice el amor/sexo con ella, llenando de sangre a mi amante, durante horas, me perdí en el aroma de mi ciclo, deje de decirle Andrés, marea roja y me atreví a nombrarla

La última reconexión, fue hace unas semanas entre mis dedos, papel, dando un sentido abstracto, artístico y liberador.

No tiene que estar de acuerdo con mis letras, hechos o locuras, sólo, si puedo pedir algo, anímese a ver otras perspectivas, lea de menstruación, vea este capítulo…

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